Huelga de técnicos sanitarios: el grupo B que les deben desde 2008
Una mamografía de cribado de cáncer de mama que no se hace. Un laboratorio parado. Un servicio de radioterapia con la agenda tachada. Entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre, los Técnicos Superiores Sanitarios (TSS) han secundado una huelga nacional con seguimientos del
80 % al 90 % en muchas áreas, según los convocantes, y el resultado es una sanidad que se atasca por la base: sin ellos, dicen, no hay diagnóstico ni tratamiento. La consigna que repiten en las concentraciones es corta: «Sin Técnicos Superiores Sanitarios, la Sanidad no funciona».
El conflicto no va de vocación. Va de nómina y de papel. Los TSS realizan resonancias, TAC, rayos X, análisis clínicos, microbiológicos, hematológicos, inmunológicos y genéticos, y durante la pandemia de COVID-19 procesaron miles de pruebas PCR. Su formación es de grado superior, equivalente a una categoría del
grupo funcionarial B, pero cobran por debajo de ese nivel. El Ministerio de Sanidad reconoció esas diferencias formativas frente a otros países europeos en tres informes públicos desde 1998. El cálculo que manejan los convocantes es que deberían cobrar como grupo B
desde 2008.
Qué reclaman exactamente los técnicos superiores sanitarios
No piden que les regalen un título, sostienen quienes defienden su posición: piden que se reconozca el que ya tienen. La reivindicación central es la equiparación de su titulación al
Nivel 2 del MECES, la creación de diplomas de acreditación avanzada, la transformación del FP superior en carrera universitaria y una función de coordinación entre los distintos técnicos. A eso suman el fin de la intrusión laboral y el reconocimiento salarial.
El argumento estrella es la comparación internacional. «Tenemos una titulación que no es compatible con ningún sitio del mundo. No se nos admite trabajar en otro sitio por la baja titulación que tenemos», resume el portavoz Francisco Javier Montero. En buena parte de Europa, profesiones como rayos o radioterapia son grados universitarios, no ciclos formativos de dos años. Ahí está el nudo: España mantuvo el concepto de FP superior, que no existe como tal en el resto del continente, y ahora ese desajuste se cobra la factura en movilidad y en salario.
La otra pata es la formación. Los convocantes denuncian que el Ministerio de Educación «no sabe ni conoce» lo que es un técnico superior sanitario, y critican la proliferación de escuelas con formación inadecuada permitida por Educación y las comunidades autónomas. «Si tú sales de España y le dices a cualquiera que estás estudiando radioterapia online, no se lo cree», añade Montero.
El choque entre FP superior y grado universitario
Aquí es donde el asunto se enreda. Hay quien sostiene que acumular dos ciclos formativos no equivale a una carrera, y que si el objetivo es el título universitario, el camino es pasar por la Universidad. En el caso de laboratorio, la propuesta que circula es convalidar dos FP —Laboratorio Clínico y Anatomía Patológica— por un grado europeo de cuatro años. Los de rayos, en cambio, tendrían que ampliar temario con un curso puente, porque el contenido de radiodiagnóstico ya no les cabe en dos años.
Del otro lado pesa un argumento difícil de rebatir: el precedente. Las antiguas ATS eran dos años más prácticas y acabaron equiparadas a las diplomadas universitarias en Enfermería. Si aquello se aceptó, ¿por qué no esto? La respuesta que dan los críticos es que la equiparación por abajo es justo lo que ha degradado el sistema: forzar la igualación de titulaciones distintas para evitar agravios comparativos termina abaratando el conjunto.
El detalle que descoloca es el salario real. Un técnico de rayos con turnos y complementos puede superar los
2.000 euros netos en un hospital grande, según los testimonios que circulan; otro perfil con 37 años de antigüedad y mil complementos se queda en
1.700. Y en la misma planta, un investigador postdoctoral o un ingeniero biomédico cobra alrededor de
28.000 euros brutos al año, mientras una enfermera se mueve entre
38.000 y 48.000. El feudo sanitario tiene dueños claros: facultativos y técnicos medios. Los demás miran desde fuera.
Qué está paralizando la huelga en los hospitales
El impacto es medible. La huelga está provocando la anulación y el retraso de miles de mamografías del programa de cribado de cáncer de mama, agravando una situación ya delicada en detección precoz. Se suspenden y retrasan pruebas diagnósticas y servicios de laboratorio, imagen, radioterapia y anatomía patológica. «Si paran los laboratorios, paran los servicios de radiología, en definitiva, se paran los hospitales», lamenta el portavoz Juan Carlos Rodríguez, que asegura que llevan meses intentando negociar sin éxito.
La protesta también tiene un coste de convivencia. En las concentraciones a las puertas de los hospitales se han usado sirenas, altavoces y pancartas, y hay quien se ha quejado de que el ruido llegaba a las habitaciones de pacientes graves. Es el reverso incómodo de cualquier huelga sanitaria: el derecho a protestar choca con el derecho a descansar de quien está ingresado.
El trasfondo: una sanidad que iguala por abajo
Más allá del caso concreto, el episodio retrata un vicio estructural del mercado laboral español. Cada colectivo negocia su estatus mirando al vecino, no al valor de su función. Los A2 quieren ser A1, algunos C quieren ser A2, y las subidas se encadenan sin que nadie revise el mapa completo. El resultado es un sistema donde la formación y el salario se desacoplan, y donde el ascensor social se atasca: si el técnico con dos años de FP y el investigador con doctorado acaban en horquillas parecidas, la señal que envía el mercado es que estudiar más no compensa.
No es un problema exclusivo de la sanidad. Es la misma lógica que empuja a los técnicos a mirar al grupo B mientras el grupo B ya casi no existe en la administración. La pregunta que queda en el aire no es si los TSS tienen razón en algo —la tienen en el desajuste europeo—, sino quién paga la factura de arreglarlo. Y esa factura, con la sanidad pública ya tensionada, no la firma nadie gratis.