PNV o Junts: quién tiene más que perder si cae Sánchez
Una semana de bloqueo y, al final, prórroga. El decreto antidesahucios salió adelante con el concurso del PNV y de Junts, y con él se enterraron, según las informaciones publicadas, las esperanzas de miles de propietarios con inquilinos que no pagan. Otro episodio más de una legislatura que avanza a golpe de acuerdo in extremis, y que deja flotando la pregunta de fondo: cuál de los dos socios suelta la cuerda primero.
A nadie le sale gratis. El PNV depende del PSOE para sostener su gobierno vasco, Junts ya ha demostrado que sus ultimátums caducan y el escenario de recambio —un Ejecutivo del PP con VOX— no entusiasma a ninguno de los dos. El resultado es un equilibrio incómodo: todos saben que pueden tumbar a Sánchez y nadie quiere pagar la factura.
El PNV tiene el gobierno vasco atado al Congreso
El argumento más repetido es de pura geometría parlamentaria. El Ejecutivo de Vitoria y el de La Moncloa comparten dependencia: los jeltzales necesitan los votos socialistas en el Congreso para que su gabinete autonómico no quede expuesto en cualquier votación, y el PSOE necesita a los nacionalistas vascos para sumar mayorías. Con EH Bildu apretando por la izquierda, la hipótesis de que los socialistas pacten con la coalición para dejar al PNV gobernando en minoría —un calvario diario, pero gobierno al fin y al cabo— ya se maneja sin sonrojo.
De ahí que una parte del análisis concluya que al PNV no le interesa un adelanto. Y de ahí también la sospecha inversa: que sea precisamente ese amarre lo que le obliga a tragar con escándalos que, en otro contexto, le habrían hecho recoger velas. El coste de romper se paga en Vitoria, no en Madrid.
Junts lanzó su amenaza y no la cumplió
Aquí el historial pesa más que cualquier discurso. Junts avisó de que dejaría caer al Gobierno si Carles Puigdemont no era investido presidente de la Generalitat en cuestión de horas tras conocerse los resultados catalanes. No ocurrió. Y desde entonces, sostiene esta lectura, cada advertencia del partido se recibe en Madrid con la misma credibilidad que un aviso de lluvia en agosto.
Quien amenaza y no cumple pierde la palanca. El PSOE lo sabe y actúa en consecuencia: negocia tarde, concede lo justo y deja que el socio se desgaste solo en los titulares. Junts, mientras tanto, acumula una reputación de firmeza que no ha traducido en ninguna ruptura.
Bildu sube y el PNV baja en las encuestas
El desgaste se mide en votos. La coalición abertzale gana terreno mientras el PNV cede, y cualquier dirigente sabe lo que eso significa si algún día hay
elecciones anticipadas: cada escaño perdido se convierte en argumento interno contra la cúpula. TALGO aparece en la conversación como posible premio de consolación, con el Estado facilitando una salida al fabricante ferroviario —operación que, según se especula, podría incluir dinero público—, aunque ninguna de esas concesiones impide que las urnas sigan apretando.
A esto se suma el ruido de los trenes. Las incidencias diarias, las estaciones llenas y los viajeros encerrados durante horas sin aire acondicionado en plena meseta son un recordatorio incómodo para los socios que sostienen al ministro responsable.
La corrupción como palanca y como lastre
Hay quien sostiene que el verdadero pegamento de esta legislatura es el barrizal. Las investigaciones que rodean al entorno socialista —el caso que orbita en torno a Koldo y Ábalos, las adjudicaciones a una UTE con Acciona que se atribuyen a la gestión de Santos Cerdán, la investigación sobre Antxon Alonso— funcionan como argumento de doble filo: los socios tienen munición para exigir, pero también motivos para no abrir la caja de los truenos. Todas esas imputaciones están en fase de instrucción y ninguna cuenta con sentencia firme.
Al PNV se le ha señalado en el mismo paquete, incluso con nombres propios de contratos y empresas. El apunte más incómodo llega de un empresario vasco que grabó a Leire Díaz y que, según se apunta, habría dejado caer que tirar de ese hilo alcanzaría a la propia sede del partido en el caso Hidrocarburos. Son sospechas difundidas sin resolución judicial alguna. Pero la duda, una vez plantada, ya no se desarraiga.
¿Y si el PP necesita a VOX?
El cálculo de fondo asusta a propios y ajenos. Dos legislaturas con un Gobierno del PP dependiente de VOX, sin el PNV en posición de meter el morro en los presupuestos, dejarían a los nacionalistas sin nada que rascar. Por eso hay quien defiende que el mejor negocio sigue siendo exprimir al inquilino actual, por mucho que huela.
Enfrente está el argumento contrario: quien se abraza al socio corrupto se contagia. Los socios catalanes ya descubrieron que la financiación singular prometida a bombo y platillo exige cambiar leyes orgánicas que nadie ha movido. Titulares sí, tramitación no.
El calendario no aprieta tanto como parece
La legislatura no acaba hasta verano de 2027, y esa simple fecha explica la calma aparente. Nadie tiene prisa y nadie ha registrado el movimiento que dinamitaría el tablero. Mientras tanto, la prórroga se aprueba, el tren no llega y el inquilino sigue sin irse. Y el dato que descoloca: hay quien lleva seis años leyendo el mismo titular.