Cinco días sin Irene Montero y la trinchera vuelve a abrirse
La fórmula es antigua y conocida: “llevamos X días sin…”. Sirve para medir abstinencias, recaídas y, en política, para medir el rencor. Aplicada a Irene Montero, la cuenta lleva cinco días abierta y ha dividido el termómetro: unos la reclaman como “una política de verdad”, y otros la entierran con la etiqueta de la casta.
El argumento material contra ella se resume en una cifra repetida hasta la saciedad: 24.000 euros netos al mes. Una cantidad que nadie verifica con nómina ni resolución, pero que alimenta la imagen de la privilegiada que predica igualdad y vive de los presupuestos. En el otro lado, quien la defiende sostiene que es de las pocas que no habla como un autómata de partido, y que por eso molesta.
La batalla no se queda en el sueldo. La ironía ha llegado a comparar una fotografía suya con una portada de National Geographic, y por debajo circulan acusaciones tan gruesas como la de “denuncias falsas” presentadas como hecho consumado, sin sentencia firme por ninguna parte. La gestualidad de la política también se convierte en arma de caricatura, aunque lo que subyace es el ajuste de cuentas con el fenómeno Podemos.
El dato que descoloca: la misma mujer a la que unos acusan de vivir como la casta es la que otros definen como la única con discurso propio. Con semejante abismo, la cuenta de días sin Irene Montero parece lejos de llegar a cero.