La economía del deporte femenino: ¿negocio viable o subsidio permanente?
La comparación entre la NBA y la WNBA no es solo deportiva: es sobre todo económica. Mientras la liga masculina genera ingresos globales superiores a 10.000 millones de dólares, la femenina apenas alcanza los 60 millones, según datos de 2023. La brecha en audiencia y patrocinios es abismal, y los sueldos reflejan esa diferencia: el salario máximo en la WNBA ronda los 250.000 dólares anuales, frente a los 40 millones de la NBA.
Ingresos por televisión y patrocinios: el abismo
Los derechos de televisión de la NBA superan los 2.600 millones anuales; los de la WNBA apenas llegan a 25 millones. Los patrocinadores corporativos, aunque han aumentado en los últimos años, no logran cerrar la brecha. La audiencia media de un partido de la WNBA es de unos 300.000 espectadores, frente a los 1,5 millones de la NBA. En términos de retorno publicitario, muchas marcas consideran aún la inversión como parte de su estrategia de responsabilidad social, no como un negocio rentable.
Salarios y sostenibilidad financiera
La diferencia salarial no es caprichosa: responde a la capacidad de generar ingresos. Mientras los jugadores de la NBA se reparten el 50% de los ingresos de la liga, en la WNBA ese porcentaje es menor, y muchas jugadoras compiten en Europa para complementar su salario. La liga femenina estadounidense ha operado tradicionalmente con pérdidas, subsidiada por la NBA. En 2023, la WNBA registró pérdidas de unos 10 millones de dólares, aunque la tendencia muestra una ligera mejora.
La cuestión no es si las jugadoras merecen más dinero – el debate ético es otro – sino si el mercado lo sostiene. Los datos indican que, por ahora, el deporte femenino profesional depende de la inyección de capital externo. Hasta que la audiencia y los patrocinios crezcan de forma orgánica, la brecha económica seguirá siendo un hecho, no una opinión.