España, de Hispania a los Reyes Católicos: el debate sobre su nacimiento
¿Desde cuándo existe España? La pregunta, que parece de examen de instituto, lleva siglos sin una respuesta única. En un foro de historia, un usuario lanzó la cuestión con un epigrama de Marcial como primera prueba de que los hispanos ya se identificaban como colectivo frente a los griegos. A partir de ahí, 148 respuestas que van del año 19 a.C. a la unión de Castilla y Aragón, y que muestran que el desacuerdo no es solo político, sino también metodológico.
El mito del mestizaje y la geografía como destino
El punto de partida del debate es una tesis que se repite en el foro: la península ibérica no es una zona de paso, sino de último asentamiento, y por eso los españoles actuales serían en gran medida los mismos que había cuando llegaron los romanos. Frente al mito del mestizaje, se argumenta que los aportes romanos están sobrevalorados, los germánicos infravalorados y los moriscos y judíos sobredimensionados. Es una postura que mezcla genética, historia y una pizca de ideología, pero que sirve para situar el origen de España mucho antes de lo que permite cualquier manual al uso.
La geografía, en efecto, juega un papel central. La península es el extremo occidental de Eurasia, y eso condiciona los flujos humanos. Pero de ahí a concluir que existe una continuidad racial y cultural de tres mil años hay un salto que muchos no están dispuestos a dar. La discusión deriva entonces hacia las fuentes: ¿qué pruebas hay de que los hispanos se sintieran hispanos antes de Roma?
Marcial, los hispanos y el primer sentimiento de comunidad
La primera mención conocida, según el material, es un epigrama de Marco Valerio Marcial en el que el poeta se jacta de la raza hispana, más viril y rústica, frente a las costumbres griegas. No es una identidad nacional moderna, pero sí un sentimiento de comunidad específicamente hispano dentro del mundo romano. Marcial tejió en Roma una red de amistades de origen hispano, empezando por Séneca, y elaboró una lista de hispanos ilustres que demuestra que existía esa conciencia de grupo.
Hay quien sostiene que eso no prueba nada: un romano nacido en Hispania se sentía más romano que hispano, y ese sentimiento se mantuvo firme hasta bien entrado el siglo VI. Para estos críticos, hablar de «hispanos» es como hablar hoy de «gallegos»: una identidad provincial, no nacional. La discusión se encona cuando se introduce el término «españoles» en la Edad Media, ya caído el imperio, cuando los extranjeros llamaban así a los pueblos de la península.
El reino visigodo: ¿primera España o ensayo fallido?
Uno de los hitos más citados es el reino visigodo. Con Leovigildo ya había una unidad territorial, con Recaredo y el III Concilio de Toledo vino la unidad religiosa, y con Recesvinto la unidad jurídica. Esa secuencia, que algunos resumen como «un pueblo, un rey, una ley, un tesoro», es para muchos el primer esbozo de España como entidad política. San Isidoro de Sevilla, en su «De laude Spaniae», eleva a la patria como la primera nación en sentido casi moderno.
Pero no todos compran el relato. Hay quien recuerda que los visigodos eran un pueblo germánico oriental que desapareció de golpe tras la invasión musulmana, y que su supuesta españolidad es una construcción posterior. La crónica de Gregorio de Tours, que llama a Leovigildo «Hispanorum rex», se usa como prueba tanto a favor como en contra: para unos demuestra que ya se hablaba de un rey de los hispanos; para otros, solo refleja una denominación geográfica.
La tesis gallega: Pelayo, el reino suevo y el origen del primer reino
En medio del debate, irrumpe una corriente que sitúa el origen de España en Galicia. Se argumenta que el primer reino de Europa es Galicia, que los primeros reyes ibéricos fueron gallegos y que Pelayo era un rey gallego. El reino de Asturias, según esta versión, no existió como tal. Es una tesis que enciende los ánimos, porque choca con la visión castellanocéntrica que ha dominado la historiografía.
La respuesta no se hace esperar: los suevos que llegaron a Galicia eran cuatro y el del tambor, y los hispanorromanos los detestaban. Además, el primer reino europeo es Armenia, también el primero en ser cristiano. Galicia sería el segundo en ambas cosas, pero no el origen de España. La discusión sobre el papel de los suevos y los visigodos en la formación de la identidad hispana sigue abierta, y cada bando tiene sus fuentes.
Los Reyes Católicos y la España moderna
La visión más extendida, y la que se estudiaba en los colegios, sitúa el nacimiento de España en la unión de Castilla y Aragón con los Reyes Católicos. Es la tesis que defiende quien recuerda que eso era lo que venía en los libros de texto. Sin embargo, otros matizan: los Reyes Católicos no parieron el concepto, sino que culminaron una tarea iniciada siglos antes. El concepto de España como nación unificada y castellanocéntrica sería, en realidad, muy moderno, igual que Rusia es un concepto moderno desde el punto de vista moscovitocéntrico.
La discusión deriva hacia el papel de la lengua. Para algunos, España nace como país cuando su idioma se separa del latín, en los siglos IX-X. Para otros, la lengua no sirve para establecer lo que es una nación: se utiliza para inventar naciones donde no existían. El ejemplo de los nacionalismos periféricos es recurrente: si un catalán niega la existencia de España, pero cree que Cataluña es un país, aplica un doble rasero que no se sostiene.
El yacimiento de fuentes: crónicas, concilios y epigrafía
El debate no es solo ideológico; también es un ejercicio de arqueología documental. Se citan crónicas como la de Juan de Biclaro, los concilios de Toledo, las menciones de Gregorio de Tours y los epigramas de Marcial. Cada fuente se interpreta en función de la tesis de partida. Los que defienden un origen temprano ven en esas menciones la prueba de una identidad nacional; los que lo retrasan las consideran simples denominaciones geográficas o administrativas.
La discusión sobre las fuentes lleva a una conclusión provisional: no hay una respuesta única, y probablemente no la haya nunca. La identidad española se fue construyendo por capas, desde la Hispania romana hasta la unión dinástica de los Reyes Católicos, pasando por el reino visigodo y la resistencia asturiana. Cada capa añadió un elemento: el territorio, la religión, la ley, la lengua. La pregunta «¿desde cuándo existe España?» es, en el fondo, una pregunta sobre qué entendemos por España.
Lo que descoloca no es la falta de acuerdo, sino la cantidad de pruebas que cada bando es capaz de reunir para defender su versión. Desde un epigrama de Marcial hasta un concilio del siglo VII, todo vale para sostener que España existía antes de que alguien la nombrara. La historia, como siempre, la escriben los que ganan, pero también los que discuten.