La emigración española como propaganda: el ABC y la inmigración que no compara
Hay una escena que define la contradicción: el ABC, baluarte histórico del monarquismo, reivindicando al emigrante español de los 60 para abrirle los brazos al inmigrante de hoy. El artículo ‘Nosotros también fuimos inmigrantes’ pretende vender empatía. Solo hay un problema: los que cruzaron la frontera en aquella época llegaban con contrato, papeles y una maleta; los que llegan ahora, en buena medida, transitan rutas irregulares sin contrato ni permiso. No es un matiz: es la diferencia entre la emigración y lo que la ONU denomina ‘migración de reemplazo’.
La polémica ha estallado justamente ahí: mientras una parte de la opinión pública aplaude la iniciativa como antídoto contra el racismo, otra responde que no se puede equiparar al trabajador español que cotizó en Alemania con quien entra sin documentación y, según los datos que circulan, concentra tasas de desocupación y prestaciones superiores a los nativos. El choque es estadístico y define este momento.
Quién pone la nostalgia en el papel
La línea editorial del ABC no sale del aire. El primer accionista individual es Francisco García Paramés, gestor de Cobas AM, con más del 11% del capital. Le siguen las familias Ybarra Aznar (11,07%) y Luca de Tena (10,14%), pactando para contrarrestar a los fondos. Este reparto explica muchas cosas: la retórica liberal de mercado convive con una defensa de la inmigración que choca con su base lectora. No es ideología; es estrategia empresarial. La publicidad institucional y las subvenciones de ONGs pesan más que la fidelidad de los viejos suscriptores.
Un periódico que ya cambió de bando: 1932, 1936 y la doble edición
La memoria del ABC también es selectiva. En 1932 fue suspendido por apoyar la sublevación de Sanjurjo. En julio de 1936, el gobierno republicano lo incautó y lo entregó a la UGT, que puso al socialista Ramón Lamoneda como director. Durante la Guerra Civil el diario editó dos versiones: la de Madrid, republicana, y la de Sevilla, nacional. Hoy se permite dar lecciones de solidaridad migratoria. Que cada cual saque conclusiones.
Lo que sorprende no es el gesto de ABC, sino que sigan sorprendiéndose. Un periódico que ha sabido cambiar de chaqueta según el poder sostiene ahora que la emigración española es la misma que la inmigración actual. Solo que quien lo lea desde la economía, con los datos de ocupación y prestaciones sobre la mesa, verá que de aquella España a esta no hay un espejo, sino un anuncio pagado. La nostalgia, como el accionariado, tiene un precio.