La Ceuta que planta cara al BOE: el polideportivo no se toca
A finales de agosto, un vídeo de una vecina de Ceuta recorrió las redes con una sentencia que condensa el estado de ánimo de buena parte de la ciudad: al polideportivo municipal no van a entrar, ni por BOE ni a hostias. La imagen de una mujer plantándose ante la cámara, decidida a impedir que el edificio se convierta en un centro de realojo para migrantes, se convirtió en el símbolo de un pulso entre la calle y el Boletín Oficial del Estado. El 26 de agosto, cuando llevaba días circulando, la discusión seguía en plena ebullición.
Los números de la presión migratoria
La queja vecinal no surge de una impresión, sino de cifras manejadas en el análisis público de la crisis. Se habla de 80.000 llegadas en un episodio reciente, una cantidad equivalente a toda la población de Ceuta. De ellas, 10.000 permanecerían aún en la ciudad, según las estimaciones que circulan. La sobrecarga de los servicios municipales no es una metáfora: playas ocupadas, sanidad saturada y una lista de 8.000 a 11.000 expedientes de expulsión cuya tramitación se mide en años.
- 80.000 llegadas, comparable a los habitantes de Ceuta.
- 10.000 personas que siguen en la ciudad.
- 8.000-11.000 expedientes pendientes de tramitar.
El calendario escolar entra en el debate
El argumento que ha hecho mella en el debate es el calendario: quedan 15 días para el inicio de las clases y el polideportivo no solo es un espacio deportivo, sino el lugar donde se programan extraescolares y actividades de los centros educativos. Cederlo a otro uso, sostienen los vecinos, es una decisión que pagarán los niños. La réplica oficial, tal como se desprende del relato de la crisis, es que no hay plazas alternativas y que el decreto publicado en el BOE da cobertura legal al realojo.
Dos lecturas frente a frente
Una corriente de opinión sostiene que la resistencia vecinal es la única manera de que el Gobierno escuche; otra, más fría, recuerda que la mitad de la población ceutí es musulmana y mantiene vínculos familiares con Marruecos, y que el cálculo político no se resuelve con eslóganes. Aparece además la reflexión incómoda: si el monopolio de la violencia del Estado se sostiene por la aceptación ciudadana, ¿qué ocurre cuando una parte de la ciudad deja de aceptarlo? El episodio plantea esa pregunta, aunque nadie en la discusión la responde.
Con los plazos judiciales en años y el colegio a la vuelta de la esquina, el pulso sigue abierto. La señora del vídeo ya tiene un lugar en la mitología local; lo que no tiene, de momento, es ninguna certeza sobre si el BOE acabará imponiéndose o si, como ella dice, no hay ni decreto ni hostias que muevan a la ciudad.