Zelenski exige estar en la mesa o no firmará la paz
Ucrania no aceptará ningún acuerdo entre Estados Unidos y Rusia si no participa en las conversaciones. Es la posición que Volodímir Zelenski ha hecho pública tras la reunión de diplomáticos de ambas potencias en Arabia Saudí, unas conversaciones que Moscú y Washington han calificado de productivas y que allanan una próxima cumbre entre Donald Trump y Vladímir Putin. La paradoja es evidente:
el país que sufre la guerra no está en la mesa donde se decide su final. Y el líder que reclama un sitio es el mismo al que buena parte del tablero internacional empieza a tratar como un obstáculo, no como un interlocutor.
Qué se negocia en Arabia Saudí y por qué Ucrania no está
La cita entre los diplomáticos Sergei Lavrov y Marco Rubio ha reabierto un canal que llevaba tres años cerrado. Sobre la mesa, según lo que se ha filtrado, hay un alto el fuego, la congelación de las líneas actuales y, sobre todo,
un calendario electoral en Ucrania. Ese último punto es el que convierte la negociación en una jaque mate contra Zelenski: quien deba convocar elecciones no puede ser el mismo que las bloquea con la excusa de la ley marcial.
La lógica de Trump es la de un hombre de negocios: si el conflicto cuesta dinero y no da rédito, se corta. La de Putin, la de quien lleva tres años aguantando sanciones y necesita un cierre que pueda vender en casa. Entre ambos, Ucrania queda como el convidado que nadie ha invitado pero cuyo territorio es el plato principal.
El frente interno: del héroe de 2022 al estorbo de 2025
La conversación pública sobre Zelenski ha virado de forma brusca. En 2022 era el líder que resistía en un búnker; hoy, en amplios sectores de opinión, es
el que sigue robando y destrozando todo, en palabras que resumen el tono de buena parte del debate. Se le reprocha no haber convocado elecciones, gobernar bajo ley marcial y haber convertido su país en un protectorado financiero de Occidente. El argumento más repetido:
Ucrania ya no tiene soberanía real para decidir nada, así que exigir un asiento en la mesa es teatro.
Enfrente está la lectura opuesta: ceder sin Ucrania sería legitimar una invasión y sentar un precedente peligroso. Quien defiende esa posición recuerda que
Rusia no puede salir premiada de una agresión, y que aceptar el reparto sin el agredido equivale a una nueva versión del pacto Molotov-Ribbentrop.
El coste económico: quién paga la reconstrucción
El punto que casi nadie discute es el financiero. Ucrania acumula una deuda militar multimillonaria con Estados Unidos y la Unión Europea, y la reconstrucción del país se ha prometido a decenas de países que esperan retorno.
El territorio que se pierda con Rusia se compensará con lo que se ceda a los acreedores, apunta el análisis más repetido: Ucrania perderá tierra por el este y activos por el oeste. La frase que mejor lo sintetiza:
ahora en vez de regalar el 20% de Ucrania vas a regalar el 50% por listo.
El detalle que descoloca: Zelenski no tiene margen para rechazar nada. Sin armamento estadounidense, el frente se desmorona en semanas. Y sin fondos europeos, el Estado no paga ni las pensiones. La amenaza de no aceptar lo negociado es, en términos materiales, una amenaza sin respaldo.
Qué puede pasar ahora: escenarios sobre la mesa
El primero, el más probable según el tono del debate: Trump llama a Zelenski, le comunica el acuerdo y le da a elegir entre firmar o quedarse sin suministros. El segundo: Europa intenta montar un frente propio con Sánchez y Macron a la cabeza, algo que se lee más como gesto que como estrategia. El tercero, el que nadie quiere nombrar: Zelenski es apartado por los suyos, tal y como advierten varias voces, que recuerdan que
a los líderes que se convierten en problema se les retira del tablero.
¿Y si Zelenski se mantiene en el no? Es la pregunta que nadie responde con datos. Solo con pronósticos.