El colchón en cuenta bancaria: de 3 sueldos a los 100.000€ intocables
Con los tipos a cero, dejar el dinero
parado rinde exactamente un 0%. Y ese 0% puede batir a más de una alternativa que entrega rentabilidades negativas. Por eso la pregunta que se repite no es si conviene tener liquidez, sino cuánta: el dinero disponible no es dinero ocioso, es la diferencia entre aguantar un despido o vender la cartera en el peor momento del ciclo. La horquilla que manejan los ahorradores españoles va de dos sueldos a cien mil euros, y nadie se pone de acuerdo.
La regla de los dos a tres sueldos y de dónde sale
Hay un criterio que se repite con insistencia: el primer nivel de cualquier cartera, la liquidez inmediata —cuentas a la vista, caja, dinero disponible al instante— debe equivaler a entre
dos y tres veces el ingreso mensual neto. Con tres, mejor que con dos. Rinde el 0%, y ese es justamente el precio de la disponibilidad. Por encima de ese umbral aparece un segundo escalón pensado para gastos previsibles pero no inmediatos: cambio de coche, arreglos en casa, un trimestre sin nómina. Solo después llega la inversión a largo plazo.
La lógica que sostiene la gradación es que cada nivel asume un horizonte distinto, y mezclarlos obliga a liquidar activos cuando no toca. Otra formulación, más pegada al mercado laboral, calcula el colchón por tiempo de reincorporación: cuántos meses se tardaría en volver a facturar si mañana desapareciera el sueldo, y a esa cifra se le aplica un multiplicador de dos. Con ese método, el suelo sube bastante por encima de los tres sueldos de manual.
¿Cuánto debería tener parado alguien con 1.800€ de sueldo y 150.000€ disponibles?
El primer nivel se despeja en dos minutos: entre
3.600 y 5.400 euros en disponibilidad inmediata. Ahí no hay discusión seria. El problema es el resto, porque el segundo escalón no tiene una fórmula cerrada y cada perfil lo resuelve a su manera.
Las respuestas que circulan son sorprendentemente dispares. Hay quien fija el colchón total —cuenta corriente más ahorro disponible— en
nueve meses de gasto. Hay quien prefiere partir de tres meses de salario y actualizarlos cada vez que cambia la nómina, con una parte en efectivo en casa. Y hay quien directamente renuncia a arriesgar:
160.000 euros íntegros en una cuenta sin remunerar o en un plazo fijo, asumiendo perder contra la
inflación con tal de no ver un número en rojo. Otro caso repetido: 12.000 euros a la vista y el resto repartido entre ladrillo, tierras, bolsa y rentas.
La edad cambia la ecuación más que cualquier regla. Un veinteañero puede permitirse casi todo en renta variable porque tiene décadas para recuperar un desplome; a los setenta, la caída se sufre sin tiempo de esperar. Y una pensión de 1.800 euros es holgada con vivienda en propiedad y muy justa si se pagan 1.300 de alquiler.
El techo de los 100.000€ por cuenta y el fantasma del bail-in
Aquí sí hay coincidencia amplia: nunca más de
100.000 euros en la misma cuenta. El motivo no es la comodidad, es la directiva europea 2014/59/UE, en vigor en España desde enero de 2016, que abre la puerta a la quita de depósitos líquidos por encima de esa cifra dentro de un proceso de resolución bancaria. El ejemplo español que más se repite es la resolución del Banco Popular, con acciones que quedaron a cero.
A eso se suma la obligación de informar a la Agencia Tributaria cuando el dinero está en cuentas fuera de España: el umbral arranca en
50.000 euros. No se paga nada por informar, pero la obligación existe y se sigue exigiendo.
Cuentas remuneradas, depósitos y monetarios: dónde aparcar el colchón
Liquidez inmediata y una rentabilidad testimonial ya no son incompatibles. Hay cuentas remuneradas que llegan al
1% y permiten acudir al dinero de un día para otro, y plataformas que canalizan depósitos de banca noruega con condiciones fiscales añadidas. Por debajo, los depósitos remunerados habituales no pasan del
0,5%, y los plazos fijos llegan al
1,50%. La pega de los depósitos con cancelación anticipada es que, al rescatarlos, se pierde lo ya devengado.
Los fondos monetarios funcionan como aparcamiento por otro motivo. En euros y con tipos en negativo, prácticamente garantizan perder dinero cada año; su atractivo es fiscal y de domicilio, no de rentabilidad. El cálculo completo, con el porcentaje exacto de pérdida anual, aparece en el material original.
Cartera permanente, edad y perfil: el efectivo también se diversifica
Frente a la regla de los tres sueldos hay planteamientos que suben el listón: mantener
mínimo un 50% en liquidez y tratar los fondos indexados como un artefacto incomprensible. Enfrente, la cartera permanente clásica reparte a partes iguales: 25% efectivo, 25% bolsa, 25% metales, 25% bonos. Y hay quien sostiene que ese reparto es la única estructura que aguanta cualquier escenario sin sustos.
Los perfiles más metódicos combinan capas. Un esquema
de libro: tres meses de salario en cuentas gratuitas de disponibilidad inmediata, un tercio de un tercio de los ingresos a cuentas remuneradas para gastos no inmediatos, y el grueso a fondos indexados con reparto 80/20, con una posición minoritaria —en torno al 10%— en un fondo value de reparto 60/40. La norma no escrita: no dejar más del 20% en manos de un solo gestor.
Lo que pierde el dinero parado en 15 años
El argumento definitivo contra el exceso de liquidez no es ideológico, es aritmético. Con
100.000 euros, una inflación del 1% y unos dividendos netos del 3%, la cuenta corriente no se queda quieta: se vacía sola en términos reales. El desglose año a año —cuánto vale la cuenta, cuánto vale la cartera y qué diferencia se acumula— da un resultado que sorprende incluso a quien ya lo esperaba.
¿Cuánto efectivo es demasiado efectivo? Con los tipos donde están, la respuesta honesta es que nadie la tiene. La pregunta, mientras, sigue siendo la misma.