Lamas Bolaño vende a 1.200€ la moneda que él mismo no recompra
Un comprador pagó
1.200 euros por una moneda canadiense de 350 dólares de 1999: 38,05 gramos y 1,2233 onzas de oro con pureza 99999. Doce años después, cuando pidió a Lamas Bolaño que se la recomprara, la respuesta llegó en forma de lección de numismática: el precio lo fija la casa de la moneda, no el distribuidor. En el mercado internacional, esa onza se compra y se vende a peso. El resto, hasta los 1.200 euros, era relato.
Qué monedas compró y cuánto pagó de más
La compra no fue una sola pieza. Una moneda de 100 dólares con una tirada de 11.220 ejemplares,
58,33% de oro y 41,67% de plata, 13,338 gramos y acabado
proof le costó 270 euros. El lote inicial salió por unos 360 euros. La joya de la corona fue la canadiense: 350 dólares de 1999 por 1.200 euros. Con el metal a peso, el sobrecoste sobre el valor del oro es difícil de sostener. Y sobre la recompra, el distribuidor no dio precio.
La respuesta de Lamas Bolaño: el precio lo pone la ceca
El argumento del distribuidor fue explícito. Los precios de las monedas nuevas los fijan las casas de la moneda, y los distribuidores se limitan a aplicarlos. Como ejemplo, la FNMT prepara piezas de oro dedicadas a Goya:
27 gramos y 1.150 euros de salida. Añaden que una moneda no es oro a peso, porque la tirada y la acuñación condicionan su precio posterior. La pregunta sobre la recompra quedó sin contestar.
El sobreprecio que admite el propio sector
Dentro del negocio numismático la crítica es más afilada. Un comerciante del ramo sostiene que la vieja escuela compra a uno y vende por diez, que el sobrecoste alcanza el
200% en algunos productos y que quien quiere vender recupera menos de un tercio de lo pagado. El mismo sector pone el ejemplo de los sets de 12 monedas de 2 euros:
105 euros en catálogo frente a los 45-75 de las tiendas alemanas. La información circula y esa brecha ya no se tapa con escaparate.
¿Dónde vender monedas compradas a sobreprecio?
Aquí está el nudo. El oro puro tiene mercado continuo: se vende al precio oficial con una comisión de dos dígitos. Las monedas de tirada limitada, no. Los canales que se barajan son plataformas de coleccionismo que no cobran si no hay venta y portales de subasta donde publicar cuesta dinero aunque nadie puje. El problema no es solo el precio: es que hay pocos compradores al otro lado. El desglose completo de lo pagado pieza a pieza deja una cifra que incomoda.
El caso se compara con Afinsa, la firma que, según se relata, vendió 350 colecciones completas de billetes españoles que nunca llegaban a manos de los clientes. La diferencia con tener la moneda en casa es evidente. La otra —que quien la vendió siga sin poner precio de recompra— también.