El hilo pasa de discutir el precio a repartir culpas y planes
La discusión arranca donde acabó el tramo anterior y en diez mensajes se va a otro sitio. Ya no se discute si manda la oferta o el banco: se discute a quién se deja entrar, a quién se deja comprar y qué se hace con el que ya está. El precio, de fondo.
Qué se ha sabido
frangelico trae gráficos y una cifra: en 2012 el saldo migratorio fue de
-162.000 según el INE. Su previsión es que, cuando se cierren los datos de
2023 a 2026, la regularización en curso empujará al alza y «probablemente sumarán más de 3M estos 4 años». Añade que el crecimiento natural de la población española es negativo
desde 2016.
Marcus Halberstam pone fecha al vuelco: desde 2008, más de
10 millones de personas, y el superávit de vivienda que dejó el estallido «se esfuma como un azucarillo en el mar».
difusion suelta seis enlaces sin comentario y cuela
una pieza de El Confidencial del 4 de julio de 2018 sobre la burbuja inmobiliaria. jotace añade otra fuente: dice que hasta un diario de tirada nacional ha admitido ya que la inmigración ha disparado la demanda y ha subido los precios, «con la boca pequeña».
Toctocquienes despliega su plan en tres puntos: prohibir la compra a personas jurídicas y a no residentes que no lleven entre 10 y 15 años viviendo y tributando en España, con prueba de español de nivel C2 —que, precisa, también tendrían que pasar los llegados de Sudamérica—; prohibir el alquiler turístico al completo; y ser más selectivo con quien entra.
Dónde está la bronca
Pelayo90 matiza su propia tesis. Dice que la gasolina que hincha el precio «de forma coyuntural es la rentabilidad por alquiler, y está depende de la cantidad de demandantes», y se abre: «Estoy abierto a estar equivocado si mi razonamiento es incorrecto». Separa 2008 de ahora: allí hubo «una burbuja de manual, una borrachera de crédito», algo
ficticio destinado a pincharse; aquí ve demanda real y permanente.
Culpable (mayor de edad) responde que la clave es otra: mientras no se construya, la demanda supera a la oferta y manda esa ley «muy superior a las demás». Arturo Bloqueduro tercia con la Milla de Oro: si entran medio millón de personas, no todo el mundo va a encontrar piso donde quiere.
Lakatos aprieta por el otro lado: construir lo que demande el mercado, que será poco mientras no se vaya gente. Furymundo sube la apuesta con una cifra —
20 millones— que no desarrolla.
GM:KL&33 se planta en el mercado libre y no se mueve en siete mensajes: «La oferta y la demanda no se mueven por avaricia, sino por oferta y demanda». Su ejemplo es el patinete: nadie ha prohibido fabricarlos ni alquilarlos. Añade que cada vez es más fácil construir vivienda y que solo queda «el Estado comunista como actor económico».
Doctor Nunca contradice el marco entero: la vivienda ha subido también en ciudades medianas y pueblos, «donde no hay tanta presión migratoria ni turismo». Recuerda que en la burbuja de los 2000 no había tanta migración y el precio se disparó igual. Su frase: «La vivienda sube antes todo y sobre todo por ser una mercancía, mientras que la sociedad la demanda como un derecho».
El alquiler turístico y la gentrificación vuelven a cruzarse. vladimirovich reconstruye el abandono de los centros históricos desde los años 60 y sitúa la recuperación con los vuelos baratos y los pisos turísticos. eL PERRO le contesta que los edificios se hicieron viejos porque nadie tenía un duro para rehabilitarlos, y que ahora se rehabilitan para usarlos como alojamiento sin normativa de hoteles: pide un ministerio de vivienda que construya a precio de coste.
Kurten no entra al precio. Propone reproducir en bucle vídeos antiguos de políticos prometiendo el fin de los desahucios y se queja de que una protesta se está quedando sin gente mientras alguien pide desde un programa de televisión que la gente se manifieste en Madrid.
sech pone el foco en quien alquila: si tienes poder para poner el precio que quieras, «si ves que la avaricia te puede, normal que te dejes seducir por precios desorbitados».
La teoría del colapso
Preñeitor monta la explicación más larga y la más difícil de sostener: el Estado llena el país de gente a propósito para que el sistema colapse, aprobar leyes y quitar libertades, y acabar en una guerra que reduzca la población. Cuando eso pase, dice, los extranjeros serán expulsados y sobrará vivienda. El hilo no lo discute con datos —no los hay— pero silenus lo resume a su manera: «Este país es como un manicomio gigante, pero los que están encerrados son los cuerdos». Smoker zanja el intercambio con una frase sobre la izquierda y ahí se acaba.
Qué cambia respecto a antes
Lo que estaba sobre la mesa era si el precio lo fija la demanda o el banco. Eso ya no se toca. El eje nuevo es la inmigración: unos la ponen como causa directa del precio, otros la quitan de la ecuación con el ejemplo de los pueblos y de los años 2000, y una tercera vía la da por irrelevante porque el problema es de ladrillo. Pelayo90, que venía repitiendo que con más casas que personas el precio cae, ahora pone la rentabilidad del alquiler por delante y admite dudas. Y SBrixton cierra su intervención explicando por qué, según él, ninguno de los tres planes interesa al Estado: menos divisas, menos impuestos, menos PIB y peor calificación de la deuda pública.