A ver, para gustos están los colores.
¿Que te gusta Dire Straits?
Disfrútalo.
¿Que no te gusta Queen?
Dejanoslos a los que lo disfrutamos.
Todos podemos dar argumentos a favor de los gustos propios y en contra de los ajenos, pero hay un hecho que me parece incontrovertible, y es que los músicos no son tan talibanes como nosotros.
Mi banda favorita son los Genesis en la etapa Gabriel.
Para mi sorpresa, me he encontrado que músicos de todos los pelajes los aprecian y respetan, desde heavies recalcitrantes hasta modernillos "shoegaze".
El talibanismo musical es un fenómeno a pie de calle. Quienes saben lo que cuesta armar una canción, no digamos ya un álbum, son infinitamente más respetuosos y abiertos que nosotros.
Un mensaje como "Repruebo a Pink Floyd" solo cabe en un inculto como el Johnny Rotten de los 70, que ni siquiera es el Rotten de hoy que, como es lo esperable, ha madurado.
Yo nunca he podido apreciar a los Smiths, Magma, Prefab Sprout, los primeros Roxy Music y tantas bandas y solistas. ¿Significa eso que son detestables?
No. Probablemente eso significa que no he sintonizado con su propuesta, y eso no es culpa de nadie.
Y lo que no ha ocurrido hasta ahora puede ocurrir en cualquier momento.
A los 12 años tuve una revelación con el "Musical Box" de Genesis. Y pasados los 40 tuve otra con el "This is the Life" de Amy McDonald.
El primero fijó una lealtad inamovible. El segundo me llevó a escribir un "poema instantáneo" porque aquello me removió hasta el alma.
Disfrutar de la música es un encuentro entre dos sensibilidades, la de quien nos ofrece su creación y la de quien la disfruta. Si ocurre esa sintonía, es un milagro. Si no ocurre, bueno, no hay que condenar lo que no nos llega.
Es mi humilde opinión.
Lo que me llega puedo desmenuzarlo, analizarlo, pormenorizarlo. Tal vez otro pueda reconocerse en mis apreciaciones.
Si no, lo que queda es lo que ese cínico genial que fue Frank Zappa, el Oscar Wilde del rock, sentenció: "escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura"
Ignorando que la arquitectura puede dar eje y sentido a toda una vida.
Que algo no nos llegue no debería ser un motivo para condenarlo, sino para ser humildes.