Galicia no es una nación nórdica: el 5% del haplogrupo I1 que circula por internet
Un mapa de distribución del haplogrupo I1, el marcador genético asociado a Escandinavia, sitúa a Galicia en torno a un 5% de ascendencia nórdica. La cifra ha bastado para que se repita como un eslogan: Galicia, nación nórdica. El problema es que el propio mapa desmiente la conclusión. El mismo I1 aparece con fuerza en los Balcanes y en Rusia, donde no gobernó ningún vikingo, y en el País Vasco, donde los asentamientos nórdicos son, como poco, discutibles. Si el marcador sirve para proclamar una nación, sirve también para proclamar la contraria.
De dónde sale el 5% y por qué no significa lo que parece
El haplogrupo I1 se asocia al norte de Europa, pero su presencia no equivale a una invasión. Hay quien sostiene que ese rastro germano en Galicia y el norte de Portugal procede de los suevos, el pueblo que creó el primer reino germánico de Europa en la península, y no de las incursiones vikingas, que fueron saqueos y no colonizaciones. La distinción no es menor: una cosa es dejar descendencia estable y otra quemar una iglesia y volver a casa.
El mapa tampoco resiste un examen serio.
Sicilia aparece con más sangre nórdica que el País Vasco, y eso que la isla fue un reino normando documentado durante siglos. En Cerdeña, en cambio, el porcentaje se desploma. La genética de poblaciones no funciona como una bandera: dos grupos distintos pueden compartir un marcador sin parentesco reciente, y un mismo territorio puede tener perfiles radicalmente distintos entre la costa y el interior.
El ADN gallego no es una foto fija
Galicia tiene fenotipos muy distintos según la comarca. La zona de las Rías Bajas, con Vigo y Arosa como puertos históricos, ha absorbido población de medio mundo, incluidos apellidos italianos ligados a la industria conservera desde el siglo XIX. El interior de Orense o Lugo es otra cosa. Meter todo eso en una batidora y sacar un porcentaje único es un ejercicio de fe, no de estadística.
La discusión derivó pronto hacia el sur. Extremadura aparece con un
14% de herencia norteafricana y un 3% de ascendencia subsahariana, cifras que algunos leyeron como un marcador de identidad y no como lo que son: el resultado de siglos de tránsito, comercio y conquista en el Mediterráneo. La misma lógica que convierte a Galicia en nórdica convierte a Extremadura en otra cosa. Nadie sale bien parado de ese juego.
La conquista de América como campo de batalla identitario
El hilo acabó donde acaban casi todos: en la conquista. Una parte defiende que la expansión castellana fue una gesta sin parangón, con exploradores que llegaron hasta Alaska y una corona que tuvo que frenar por falta de recursos. Otra responde que conquistar territorios con poblaciones escasamente armadas no tiene mérito militar y que el mestizaje posterior fue una catástrofe. La discusión sobre haplogrupos terminó siendo una discusión sobre quién tiene derecho a sentirse descendiente de quién.
Hay un detalle que resume el tono general: la anécdota del festival vikingo de Ortigueira y el desembarco de Catoira, donde los participantes locales se disfrazan de nórdicos cada verano. La escena, entre el folclore y el disfraz, dice más sobre la necesidad de mitología que cualquier mapa de colores.
¿Cuánto de nórdico hay en Galicia? Probablemente menos de lo que sugiere el 5% y bastante menos de lo que sugiere el eslogan. La pregunta interesante no es cuánto, sino por qué nos empeñamos en medirlo.