Doce reformas constitucionales urgentes (Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli)

Doce reformas constitucionales urgentes (Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Se plantean doce reformas constitucionales urgentes para blindar la democracia frente a la corrupción institucional y la inestabilidad política, buscando fortalecer los controles sobre el Gobierno y la separación de poderes.

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Se plantean doce reformas constitucionales urgentes para blindar la democracia frente a la corrupción institucional y la inestabilidad política, buscando fortalecer los controles sobre el Gobierno y la separación de poderes.

La Constitución española de 1978 sentó las bases de nuestra democracia, pero el paso del tiempo y las experiencias recientes sugieren que necesita un buen repaso. No se trata de reinventar la rueda, sino de afinar los mecanismos para que un sistema que ha funcionado razonablemente bien no se vea comprometido por derivas autoritarias o prácticas corruptas. La idea es proteger lo bueno que tenemos, como la monarquía parlamentaria, la descentralización del Estado o la pertenencia a la Unión Europea, y blindarlo ante quienes pretenden socavarlo.

Controlar el poder ejecutivo

Uno de los puntos más sensibles es el control sobre el Gobierno. La experiencia sugiere que un Ejecutivo puede llegar a acumular un poder excesivo si no existen contrapesos efectivos. Por eso, se propone, por ejemplo, que la no aprobación de los Presupuestos Generales del Estado antes de que acabe el año suponga la disolución automática de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Esto obligaría a una mayor diligencia y responsabilidad en la gestión de las cuentas públicas.

Además, se plantea limitar el uso de los Reales Decretos y Decretos Ley. Estas herramientas, pensadas para situaciones de urgencia o extraordinaria necesidad, no deberían ser utilizadas para legislar sobre asuntos que no revistan esa urgencia o que tengan un impacto presupuestario o legislativo significativo. Su uso debería restringirse a nombramientos, ceses, reorganizaciones internas o circunstancias excepcionales como catástrofes naturales o estados de alarma. También se apunta a la necesidad de establecer un mecanismo más ágil y efectivo para la destitución parlamentaria de miembros del Gobierno que hayan incurrido en delitos o muestren una incapacidad manifiesta en el desempeño de sus funciones. El cese automático del Gobierno al término de su mandato, sin posibilidad de prórroga, y la convocatoria inmediata de elecciones generales, son otras medidas para evitar la perpetuación en el poder.

Separación de poderes y justicia

La separación de poderes es un pilar fundamental de cualquier democracia. Cuando este equilibrio se rompe, las instituciones pierden legitimidad y la ciudadanía se ve desprotegida. Se propone una reforma profunda en este ámbito, empezando por la elección del Consejo General del Poder Judicial. La idea es que sean los propios jueces y magistrados en activo quienes elijan a sus representantes, eliminando la injerencia de los partidos políticos y del Gobierno.

La Fiscalía, actualmente muy ligada al Ejecutivo, debería tener una mayor independencia y estar sujeta a un control judicial más estricto. También se considera esencial proteger la acción y la acusación popular como derechos fundamentales, impidiendo que puedan ser derogadas o limitadas por leyes ordinarias. Se plantea la desaparición del Tribunal Constitucional, sustituyéndolo por una sala especial del Tribunal Supremo, cuyas funciones se limitarían al control de constitucionalidad y la protección de los derechos fundamentales. La supresión de todos los aforamientos de cargos públicos y el aumento de la transparencia en la administración son otras medidas para fortalecer la rendición de cuentas.

Organización territorial y partidos

El Título VIII de la Constitución, que regula la organización territorial del Estado, es otro de los puntos que genera debate. Se busca una redistribución del modelo y las competencias, buscando una mayor claridad y evitando solapamientos. El objetivo es definir de forma precisa las competencias exclusivas del Estado, las de las comunidades autónomas y las de los municipios, garantizando la igualdad de derechos y obligaciones para todos los ciudadanos.

Se propone la supresión de entidades administrativas redundantes, como las diputaciones provinciales, y la eliminación de ministerios y direcciones generales cuyas competencias ya estén asumidas por las autonomías o los municipios. También se apunta a la eliminación de privilegios históricos que puedan generar desigualdades. En cuanto a los partidos políticos, se plantea la prohibición de aquellos que promuevan la secesión de parte del territorio nacional o que pretendan instaurar regímenes totalitarios. Aquellos condenados por terrorismo, sedición o crimen organizado deberían ser disueltos, impidiendo su refundación bajo nuevas siglas.

Educación y ciudadanía

La educación es otro frente donde se proponen cambios significativos. Se exige la obligación de ofrecer educación en español en todos los niveles del sistema educativo, desde primaria hasta el doctorado. Se busca prohibir la inmersión lingüística obligatoria para los alumnos hispanohablantes y que el aprendizaje de las lenguas cooficiales sea una opción, garantizando siempre la adquisición de conocimientos básicos. Se plantea también el veto a las barreras de acceso a ayudas y empleos públicos por exigencia abusiva de la lengua cooficial.

Finalmente, se aborda la cuestión del derecho al sufragio. Se exige la residencia habitual en España, incluyendo el domicilio fiscal, para poder ejercer el derecho al voto y presentarse como candidato a cargos públicos. Se busca distinguir entre nacionalidad y ciudadanía activa, de modo que la posesión de la nacionalidad no sea equiparable automáticamente a una ciudadanía plena en términos de participación política.

Datos clave
  • 1978: Año de la Constitución española.
  • Doce: Número de reformas constitucionales propuestas.
  • Carlos Martínez Gorriarán: Autor de la propuesta.
  • Unión Europea: Se mantiene la pertenencia como punto clave.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Doce reformas constitucionales urgentes​

25/09/2026

Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli​

  • Se trata de protegernos de nuevos sanchismos hasta que nuevos e inesperados peligros aconsejen otra revisión a fondo

Nada es para siempre, dice la regla, y Sánchez acabará saliendo de La Moncloa, pero el sanchismo, esa corrupción integral de política e instituciones, no saldrá de nuestras vidas si no aprendemos de tan desastrosa experiencia y reparamos los defectos del edificio constitucional que le han permitido ocho años de saqueo y ruina. Cierto, no hay Constitución perfecta, ni que pueda impedir la instalación de un Gobierno corrupto, pero sí una mejor preparada que para hacerlo más difícil y breve, y penalizar el intento.

Los principales fallos actuales afectan a tres bloques: control del Gobierno (prácticamente reducido ahora a la vía penal), separación de poderes (destruida por el Tribunal Constitucional al servicio del Gobierno) y organización territorial del Estado (el desdichado Título VIII). Propongo doce reformas constitucionales urgentes que la sociedad debería exigir para salvar la democracia de nuevos asaltos. Partido Popular y Vox deberían pactar ponerlas en marcha cuando su mayoría conjunta lo permita, y antes de que un nuevo “periodo Rajoy” de abulia y negligencia bloquee cualquier cambio de urgencia evidente, como en el 2011.

Me baso en la experiencia reciente, pero también en la propuesta de reforma constitucional que UPyD propuso en 2007, validada por los hechos como propuesta lúcida y necesaria, aunque muy pocos lo viéramos entonces. Ahí van:

1 – Control del Gobierno: disolución automática de las Cortes (Congreso y Senado) y nuevas elecciones generales si el Gobierno no consigue la aprobación de los Presupuestos antes de fin de año.

2 – Limitación estricta del gobierno ejecutivo por Real Decreto y Decreto Ley a decisiones ejecutivas sin repercusión presupuestaria o legislativa, como nombramientos y ceses o reorganización interna, y a circunstancias extraordinarias como catástrofes naturales y estados de alarma, excepción o guerra.

3 – Adaptación de la destitución parlamentaria (impeachment) de miembros del Gobierno por delitos o incapacidad manifiesta en el desempeño de sus funciones. Cese automático del Gobierno al término de su mandato sin posibilidad de prórroga por causas extraordinarias, y convocatoria automática de elecciones generales.

4 – Separación efectiva de poderes: elección del Consejo General del Poder Judicial por los jueces y magistrados en activo, sin injerencia del Gobierno ni de los partidos políticos; control judicial de la Fiscalía, separada del Gobierno; protección de la acción y acusación popular como derecho fundamental no derogable ni limitable por ley ordinaria.

5 – Desaparición del Tribunal Constitucional, sustituido por una sala especial del Tribunal Supremo con funciones claramente limitadas al control de constitucionalidad y protección de los derechos fundamentales.

6 – Supresión de todos los aforamientos de cargos públicos, y ascenso de la transparencia para el control de las administraciones y entidades públicas a exigencia legal de obligado cumplimiento mediante sanciones efectivas.

7 – Protección de la seguridad jurídica mediante el control previo de constitucionalidad (derogado por Felipe González en 1985) que inhabilite decretos y leyes de cualquier ámbito que contradigan o modifiquen la Constitución y las leyes vigentes aprobadas por el Legislativo.

8 – Control de partidos políticos: prohibición de los que persiguen la secesión de una parte del territorio nacional o su entrega a una potencia extranjera, de los que pretendan sustituir la democracia liberal por dictaduras o sistemas totalitarios, y disolución de aquellos condenados por violencia extremista, sedición y crimen organizado, impidiendo su refundación enmascarada bajo nuevas siglas y denominaciones.

9 – Redistribución del modelo y competencias territoriales, e igualdad ciudadana de derechos y obligaciones: lista de las exclusivas del Estado intransferibles (que incluya sanidad, seguridad y educación), lista de competencias autonómicas y lista de competencias municipales, evitando en lo posible solapamientos, redundancias y ambigüedades.

10 – Supresión de las fruta provinciales y entidades administrativas redundantes, de ministerios y direcciones generales cuyas competencias sean de titularidad autonómica o municipal. Eliminación de las disposiciones adicionales que elevan privilegios anacrónicos a “derechos históricos”, suprimiendo el régimen fiscal de Concierto y Cupo o Aportación.

11 – Obligación de ofrecer educación en español a lo largo de todo el sistema educativo, de primaria al doctorado, prohibiendo la inmersión lingüística obligatoria de alumnos hispanohablantes, con el aprendizaje de lenguas cooficiales autonómicas como opción optativa, y con la educación en lengua cooficial como opción electiva que también deberá garantizar la adquisición de conocimientos y habilidades básicas. Veto de las barreras de acceso a ayudas y empleos públicos por exigencia abusiva de la lengua cooficial.

12 – Exigencia de residencia habitual en España, incluyendo domicilio fiscal, para derecho al sufragio activo y pasivo (candidaturas a cargos públicos y voto), distinguiendo la nacionalidad de la ciudadanía de modo que la posesión de la nacionalidad, por nacimiento o por adquisición legal, no sea equiparable a la plena ciudadanía activa.

Una reforma para cuarenta años​

Sin duda el lector tendrá en mente otras reformas que no están en esta breve lista, o enfocaría algunas de las propuestas de modo diferente, e incluso añadiría y suprimiría otras por razones que considera de peso. Perfecto. Ese es el objetivo de un debate constitucional, que no constituyente. Esta diferencia es importante: sería absurdo y destructivo empeñarse en una Constitución que parta de cero y cuestione la continuidad de la monarquía, la descentralización del Estado en comunidades autónomas -una forma cuasi federal. pero caótica hoy en día-, o la pertenencia a la Unión Europea, por citar algunos temas que demonizan los extremos ideológicos.

No porque no sea legítimo preferir la república, un Estado centralizado o inclinarse por el euroescepticismo, sino por el objetivo de la reforma: debe preocuparse de que el sistema constitucional haga muy difícil el regreso de un nuevo Pedro Sánchez y su corte del delito, asociada a partidos vinculados al violencia extremista, la sedición y la incesante demolición de la democracia y el Estado de derecho.

Si les parece poco recuerden que está demostrado que pequeños cambios pueden modificar mucho un sistema, y si les parece excesivo recuerden que la autocomplacencia en los logros de la Transición, Constitución incluida, ha estado a punto de costarnos muy cara, y de que el peligro sigue vivo y activo en La Moncloa.

Se trata, como dice el sabio dicho, de evitar tirar al niño con el agua sucia del baño. Es decir, de aprovechar y proteger lo mejor de la Constitución de 1978 con las reformas necesarias, aceptables para cualquier demócrata, de modo que dure otros cuarenta años protegiéndonos de nuevos sanchismos y hasta que nuevos e inesperados peligros aconsejen otra revisión a fondo.

Nota del machaca copiapega: Algunas medidas son un punto exageradas, al borde del disparate, y me refiero a la 1ª y la 2ª. Lo de no poder aprobar Presupuestos yo lo diferiría hasta mediados del ejercicio siguiente a aquel en que tenían que haberse aprobado, para dar tiempo a una aprobación tardía. Y lo de la limitación del uso de los Reglamentos ya estaba bastante claro hasta que el desgobierno vino a confundirlo todo.

Ahora bien, a partir de la medida 3ª se nota un notable aumento de nivel y un generalizado ambiente de sensatez. Podrán ser discutibles, pero como punto de partida me parecen muy aceptables.
 
La 4 es fundamental. La 7 ok.

El resto son demagogia, poca cosa, o están al borde de la demagogia.

Aparte de dicha separación total del judicial, lo otro que hace falta fundamentalmente, es que el Congreso se escoja por circunscripción única, acabando con la sobrerepresentación de las regiones y con que el voto de alguien de Soria valga 12 veces el de alguien de Madrid, así como eliminar cualquier porcentaje mínimo de entrada en el parlamento y barreras de entrada equivalentes, permitiendo a los partidos pequeños competir contra el sistema montado por los grandes partidos y la consiguiente tendencia al secuestro bipartidista.
 
Decirle a este señor, que en breve sus patrones van a contar con una mayoría absoluta, que ya se lo arreglarán ellos, pero que su verdadera preocupación debe ser quién le va a llenar el pesebre cuando caiga el perro.
 
Eso es lo que se tendría que estar hablando de cara a las elecciones.
No patochadas como prioridad nacional en las ayudas (que, por supuesto, fuera casi todas).
 
La primera solo interesa cuando es el otro partido el que gobierna
 

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