Eclipse en Madrid: la bronca de las multitudes en la Casa de Campo
El eclipse solar del 12 de agosto convirtió la Casa de Campo de Madrid en un laboratorio sociológico improvisado, y el resultado fue previsible: colas en las fuentes, coches fuera de pista y una bronca monumental. La imagen de la «marabunta» sobre el Cerro de Garabitas, el mirador desde el que la artillería franquista bombardeó la ciudad durante la guerra civil, dio la vuelta a las redes antes de que terminara el día.
Pero conviene no quedarse en el anecdotario. Lo que parecía una simple queja contra las multitudes esconde varias lecturas: una sobre la gestión de los espacios públicos, otra sobre la tensión entre residentes y visitantes, y una tercera, más incómoda, sobre quién paga los costes de un evento gratuito y masivo.
Cifras para una mañana de caos
Las estimaciones sobre el terreno apuntaban a que la mitad de los asistentes no eran españoles y que, de la otra mitad, una proporción considerable no residía en Madrid. El dato, si se confirma, reencuadra el debate: no fue una orgía de autóctonos, sino una movilización regional y europea atraída por el espectáculo astronómico.
Las colas en las pocas fuentes del parque, los niños pequeños y las personas mayores con problemas de movilidad esforzándose por encontrar un hueco forman parte de la escena que describieron testigos. La saturación de un espacio pensado para el paseo dominical, no para una concentración de decenas de miles en una mañana, estaba cantada.
La factura en el Cerro del Tío Pío
Al día siguiente, el conocido como parque de las Siete Tetas apareció lleno de colillas, botellas, mesas abandonadas y otros residuos, según las informaciones publicadas el 13 de agosto. Los vídeos difundidos mostraban un paisaje que no encajaba con la postal del eclipse: la basura se convirtió en el segundo protagonista de la noticia.
La comparación con otras autonomías no ayuda a la excepción madrileña. Con 7 millones de habitantes en la Comunidad de Madrid y 2 millones en Vascongadas, la proporción de asistentes por población coloca a la capital por delante, pero no por un margen que justifique el tono apocalíptico de parte de la reacción.
Ayuso y el ático: la política entra en escena
Mientras el Cerro del Tío Pío amanecía lleno de residuos, ElPlural informaba de que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, había disfrutado del eclipse desde su ático. La noticia, en plena polémica por la limpieza de los espacios públicos, reavivó la pregunta incómoda: ¿qué protocolo de actuación existe para un evento de esta magnitud?
El eclipse se fue, pero la basura quedó. Y con ella, la duda de si Madrid está preparada para eventos masivos que no pasan por taquilla ni generan ingresos directos. La respuesta, a la vista del estado de los parques, es que no. La pregunta es quién asumirá el coste la próxima vez, porque habrá próxima vez: los fenómenos astronómicos no avisan de si la ciudad está lista.