EcoScooting pierde un paquete y certifica su entrega con otro DNI
Un pedido de AliExpress sale a reparto el 1 de octubre. Nueve días después, el comprador sigue en su casa sin ver nada. Entre medias, la empresa de última milla le envía un correo admitiendo que el paquete se ha perdido y que asume la responsabilidad. Horas más tarde, otra notificación: entregado. Y el DNI que figura en el justificante de entrega no es el suyo. El afectado lo cuenta con una mezcla de cabreo y estupefacción.
El caso no es un accidente aislado de una empresa torpe. Es la foto fija de un modelo de reparto montado sobre patinetes, bolsas de deporte y tarifas de miseria, donde el paquete se convierte en moneda de cambio entre plataformas, repartidores autónomos y puntos de recogida que cobran céntimos por bulto. EcoScooting, la firma que AliExpress impone en cada vez más zonas, arrastra una media de valoraciones en Google Maps que el propio afectado describe como «una película de terror»: la sede mejor puntuada no pasa del 1,3 sobre 5.
Qué es EcoScooting y por qué aparece en tu pedido de AliExpress
EcoScooting es la pata española de la logística de última milla del grupo Alibaba, integrada en el ecosistema Cainiao. En la práctica, el comprador no elige: cuando el paquete llega a España, AliExpress asigna la empresa que toca según la zona. Y ahí empieza la lotería. Hasta hace poco, en muchas provincias repartían GLS, CTT o Correos. Desde el 1 de octubre, según el relato del propio afectado, AliExpress retiró los servicios a todas las demás en su zona y se los otorgó en exclusiva a EcoScooting. El problema: no había repartidores contratados para esa área hasta el día 8.
El resultado es un paquete que aterriza en el aeropuerto el día 1 y se queda muerto de risa una semana entera. Sin nadie que lo mueva. Sin nadie que avise. El comprador, mientras tanto, recibe correos de la empresa a horas intempestivas y un aviso de entrega que nunca se materializa. «He sido uno de los puteados primigenios», resume.
El reparto a domicilio que depende de un WhatsApp y una cerveza
La experiencia con EcoScooting varía tanto que el servicio parece otra empresa según el código postal. Hay quien describe entregas impecables: el repartidor es un vecino, avisa por WhatsApp, queda en un bar y entrega el paquete entre cañas. «Por dios, que nunca lo deje porque entonces estamos jodidos», escribe alguien que le pone un 5 sobre 5. En el otro extremo, hay quien lleva meses sin recibir nada y acumula correos que dicen que el repartidor pasó y nadie abrió, cuando el destinatario estaba en casa.
Entre esos dos polos, una constelación de apaños. Repartidores que dejan el paquete en una tienda lejana y marcan «ausente». Repartidores que se lo llevan a su propia casa y citan al cliente el fin de semana para que pase a recogerlo. Repartidores que lanzan el paquete por encima de la valla sin llamar antes. Y una queja recurrente: los avisos por correo electrónico que ofrecen elegir punto de recogida no llegan a todos. Cuando llegan, funcionan. Cuando no, el comprador descubre que su paquete lleva días en un limbo administrativo del que nadie le informa.
La economía real del último kilómetro: 30 céntimos por paquete
El negocio no se sostiene con buenas intenciones. Un usuario de la conversación plantea un ejemplo hipotético de tarifas: al repartidor le pagarían en torno a 0,30 euros por llevar el paquete a domicilio y 0,20 por dejarlo en un punto de entrega. Si el repartidor convence al cliente de que recoja él mismo el pedido, se embolsaría la diferencia. El punto de recogida, mientras tanto, cobraría una miseria por servir de almacén. Con esos márgenes, la calidad del servicio no depende de la empresa, sino de la voluntad del trabajador de turno. Y de si le compensa subir a un cuarto piso.
De ahí que el perfil del repartidor importe más que el logo de la empresa. Los hay que se toman el trabajo en serio, viven cerca y hasta abren su casa fuera de horario para que recojas. Los hay que van con una bolsa verde caqui, una mochila de Glovo o una saca gigante de escombro. Y los hay, directamente, que no existen: la empresa certifica la entrega sin que nadie haya visto el paquete.
La certificación de entrega que no resiste un DNI
El caso que abre el asunto tiene un giro casi burocrático. EcoScooting reconoce por escrito que el paquete se ha perdido y se declara responsable. El comprador abre reclamación en AliExpress por dos vías, con la tienda y con la plataforma. Entonces llega la notificación de entrega. Con un DNI que no es el suyo. Con esa certificación en la mano, el reembolso se complica: la plataforma tiene un documento que dice que el paquete se entregó. El comprador tiene su palabra y un correo anterior que dice lo contrario.
Nueve días después del extravío, el paquete aparece. Lo entrega alguien. No hay explicación oficial del recorrido. El caso se cierra, pero deja una pregunta incómoda: ¿cuántos pedidos se quedan por el camino sin que nadie monte el pollo suficiente para que aparezcan?
La discusión se atasca justo ahí. En si el problema es EcoScooting, AliExpress por imponerla en exclusiva o un modelo de reparto que paga 30 céntimos por puerta y luego se sorprende de que nadie llame al timbre. El paquete llegó. El sistema, mientras tanto, sigue funcionando igual.