Educación para la servidumbre (Juan Carlos Girauta en El Debate)

Educación para la servidumbre (Juan Carlos Girauta en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La educación en Cataluña y el País Vasco se ha convertido en una herramienta para la construcción nacional, alejándose de la excelencia académica y cayendo en el "hazmerreír". La educación, esa herramienta tan poderosa, puede ser utilizada para construir o para deconstruir una nación.

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La educación en Cataluña y el País Vasco se ha convertido en una herramienta para la construcción nacional, alejándose de la excelencia académica y cayendo en el "hazmerreír".

El nacionalismo como motor educativo

La educación, esa herramienta tan poderosa, puede ser utilizada para construir o para deconstruir una nación. En España, parece que algunas comunidades autónomas han optado por la primera vía, y el resultado no está siendo precisamente un modelo a seguir. Cataluña ha convertido su sistema educativo en un vehículo para la construcción de una identidad nacional, un proceso que ha ido erosionando la calidad académica. Otros canales, como los medios de comunicación o el cine, también han jugado su papel en este "gran engaño catalán", pero la escuela deja una huella profunda, una que ahora se intenta borrar.

El camino emprendido por Cataluña no es nuevo. En las décadas pasadas, figuras políticas supieron capitalizar un discurso que apelaba a lo local, a lo cercano, creando una conexión emocional con la ciudadanía. Un ejemplo de ello fue Jordi Pujol, quien con un estilo cercano y un aparente conocimiento íntimo de cada pueblo y sus gentes, forjó una base de apoyo sólida. Su sucesor, Artur Mas, aunque con menos carisma, continuó en la misma línea, a menudo rodeado de un discurso que pretendía convencer de una supuesta superioridad intelectual, a pesar de las evidencias.

La caída de la calidad académica

Esta instrumentalización de la educación ha tenido consecuencias palpables. La sutileza, la ironía y la inteligencia parecen haber sido sustituidas por un literalismo rampante, un termómetro preciso de la falta de rigor. Se han inventado pasados, se han distorsionado hechos, y todo ello ha pasado sin apenas crítica, sin un cuestionamiento firme. El resultado es que Cataluña se ha convertido en el hazmerreír en materia educativa. Los informes PISA, uno de los baremos internacionales más importantes para evaluar el rendimiento escolar, han llegado a excluir a esta comunidad autónoma para evitar la humillación pública.

El País Vasco parece seguir un camino similar, con indicios de que su sistema educativo también está sufriendo las consecuencias de priorizar la construcción nacional sobre la excelencia académica. Este panorama es un llamado de atención sobre los peligros de utilizar la educación como un arma política, un error que a la larga, perjudica a quienes más deberían beneficiarse de ella: los estudiantes.

Datos clave
  • Informes PISA excluyen a Cataluña.
  • Jordi Pujol y Artur Mas, figuras políticas clave.
  • El País Vasco sigue un camino similar.
  • La educación se usa para la construcción nacional.
  • Se prioriza la identidad sobre la calidad académica.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Educación para la servidumbre​

09/09/2026

Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Cataluña ya es el hazmerreír en Educación. Los informes PISA la excluyen para no humillarla. El País Vasco va detrás. Muchas felicidades
Hay dos formas rápidas de acabar con la educación: usarla para la construcción nacional y usarla para la deconstrucción nacional. Cataluña y País Vasco por un lado; el resto de España por otro. El gran engaño catalán encontró en la escuela su principal herramienta. Otras son los medios, el cine, ya saben. Lo que se hace en el colegio deja huella, y lo que Cataluña ha hecho en el colegio exige borrar huellas. Es un lío, ya lo sé. Pero es lo que hay. Cataluña ha venido decidiendo con su voto, de manera bastante pertinaz, que la engañen. La década de los ochenta llegó con un banquero quebrado, con un médico no ejerciente, con un ensayista mediocre, con un extremista amigo del jaleo, con un meapilas de terruño, con un tipo que se sabía miles de nombres, particularidad muy celebrada que le granjeaba el cariño en los pueblos. Cada fin de semana visitaba varios, dirigiéndose por su nombre de pila a lugareños vistos una vez —en el pasado y de pasada— a los que preguntaba, con acierto de mentalista, por su esposa Montserrat, por el taller de su descendiente Joan, por la salud de la progenitora: la Marta de can Oliver, oi?

Con eso alcanzas el poder en un territorio manejable. Un poco de mentalismo, un poco de hipnotismo. Pujol era el Cavaliere Cipolla de Thomas Mann, el doctor Fassman si lo prefiere. Fui un jovencito bastante contento con el lugar en que había ido a nacer y crecer, hasta que comprobé el efecto que un personaje tan barato como Pujol, por no mencionar su entorno, era capaz de ejercer sobre mis conocidos. Su heredero, más barato aún, se llamaba Arturo y luego se llamó Artur. Era corto hasta decir basta, pero se las daba de hábil estratega. Ésa es una cosa que los catalanes sin lecturas hacen muy bien: usan un deje sobrado al hablar, como si tuvieran el labio partido, y el caso es que llegan a convencer de su superioridad a gentes que les dan mil vueltas pero son poco exigentes. Fíjate, se decía que el mejor orador del Congreso era el portavoz del Grupo Catalán (así llamaba Madrid, tiene miga, a los nacionalistas catalanes). Pues aquel epígono de Castelar que les deslumbraba era un dequeísta infalible; jamás se equivocaba: siempre lo decía mal.

Viví todo esto de forma encadenada: me libré por edad de la educación escolar dirigida a la construcción nacional de Cataluña, y cuando la mano oscura del pujolismo tomó la educación, ya había acabado la carrera. Apa, adéu! Pero acabé asistiendo a la demolición de la inteligencia, de la sutileza, de la ironía; contemplé los estragos del literalismo, termómetro preciso de la patidifusez; he tenido que presenciar la invención de muchos pasados, sin reírme ni nada. Sin decir «eso nunca sucedió, te lo acabas de inventar». Ahora Cataluña ya es el hazmerreír en Educación. Los informes PISA la excluyen para no humillarla. El País Vasco va detrás. Muchas felicidades.
 

Educación para la servidumbre​

09/09/2026

Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Cataluña ya es el hazmerreír en Educación. Los informes PISA la excluyen para no humillarla. El País Vasco va detrás. Muchas felicidades
Hay dos formas rápidas de acabar con la educación: usarla para la construcción nacional y usarla para la deconstrucción nacional. Cataluña y País Vasco por un lado; el resto de España por otro. El gran engaño catalán encontró en la escuela su principal herramienta. Otras son los medios, el cine, ya saben. Lo que se hace en el colegio deja huella, y lo que Cataluña ha hecho en el colegio exige borrar huellas. Es un lío, ya lo sé. Pero es lo que hay. Cataluña ha venido decidiendo con su voto, de manera bastante pertinaz, que la engañen. La década de los ochenta llegó con un banquero quebrado, con un médico no ejerciente, con un ensayista mediocre, con un extremista amigo del jaleo, con un meapilas de terruño, con un tipo que se sabía miles de nombres, particularidad muy celebrada que le granjeaba el cariño en los pueblos. Cada fin de semana visitaba varios, dirigiéndose por su nombre de pila a lugareños vistos una vez —en el pasado y de pasada— a los que preguntaba, con acierto de mentalista, por su esposa Montserrat, por el taller de su descendiente Joan, por la salud de la progenitora: la Marta de can Oliver, oi?

Con eso alcanzas el poder en un territorio manejable. Un poco de mentalismo, un poco de hipnotismo. Pujol era el Cavaliere Cipolla de Thomas Mann, el doctor Fassman si lo prefiere. Fui un jovencito bastante contento con el lugar en que había ido a nacer y crecer, hasta que comprobé el efecto que un personaje tan barato como Pujol, por no mencionar su entorno, era capaz de ejercer sobre mis conocidos. Su heredero, más barato aún, se llamaba Arturo y luego se llamó Artur. Era corto hasta decir basta, pero se las daba de hábil estratega. Ésa es una cosa que los catalanes sin lecturas hacen muy bien: usan un deje sobrado al hablar, como si tuvieran el labio partido, y el caso es que llegan a convencer de su superioridad a gentes que les dan mil vueltas pero son poco exigentes. Fíjate, se decía que el mejor orador del Congreso era el portavoz del Grupo Catalán (así llamaba Madrid, tiene miga, a los nacionalistas catalanes). Pues aquel epígono de Castelar que les deslumbraba era un dequeísta infalible; jamás se equivocaba: siempre lo decía mal.

Viví todo esto de forma encadenada: me libré por edad de la educación escolar dirigida a la construcción nacional de Cataluña, y cuando la mano oscura del pujolismo tomó la educación, ya había acabado la carrera. Apa, adéu! Pero acabé asistiendo a la demolición de la inteligencia, de la sutileza, de la ironía; contemplé los estragos del literalismo, termómetro preciso de la patidifusez; he tenido que presenciar la invención de muchos pasados, sin reírme ni nada. Sin decir «eso nunca sucedió, te lo acabas de inventar». Ahora Cataluña ya es el hazmerreír en Educación. Los informes PISA la excluyen para no humillarla. El País Vasco va detrás. Muchas felicidades.
 
Lo importante es cambiar el modelo A para que todos puedan estudiar en euskera, sobre el papel claro, porque la realidad en Bilbao es bien distinta.
 

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