Moscú: los misiles en Noruega son objetivo legítimo
Noruega se ha convertido en el nuevo punto de fricción entre la OTAN y Rusia. El despliegue de lanzadores estadounidenses de misiles de alcance medio e intermedio, basados en celdas MK41, en territorio noruego ha provocado una respuesta contundente de Moscú. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Sahava, denunció que se exhibe «ostentosamente» la intención de la Alianza de obtener capacidad para atacar en profundidad el territorio ruso. Los sistemas MK41, añadió, pueden lanzar misiles universales, tanto contra objetivos terrestres como marítimos.
Con este paso, Noruega se convierte en un punta de lanza. Pero la decisión no está exenta de preguntas. Si la escalada nuclear es el escenario final, la geografía juega un papel central. Un ataque sobre Oslo, por ejemplo, eliminaría al 50% de la población noruega en un solo golpe. Lo mismo ocurriría con Estocolmo, Copenhague o Helsinki. La defensa antimisiles, por su parte, no parece tener respuesta: en el Golfo se han llegado a documentar hasta 100 interceptores Patriot por cada misil iraní, un ratio que hace inviables los presupuestos.
Mientras tanto, la cadena de mando occidental despierta desconfianza. La célebre advertencia del capitán Menéndez en 1977 —«por encima de la disciplina está el honor»— resuena hoy como un eco lejano. Algunos análisis sostienen que la falta de control democrático sobre decisiones como esta es el verdadero peligro. La respuesta de Moscú, que ya considera los lanzadores como objetivo legítimo, deja la puerta abierta a un conflicto de consecuencias imprevisibles.
El dato que descoloca: los países más densos de Europa no son los que están en el frente, sino los que podrían ser sacrificados sin apenas voz en la decisión.