El 4,3% no es la inflación de nadie
El INE publicó ayer el dato definitivo de agosto: el IPC subió un 4,3% anual, siete décimas más que en julio y el nivel más alto desde febrero de 2023. La subyacente bajó una décima, hasta el 2,9%, y la variación mensual fue del 0,7%.
El repunte es energético y se ve en un solo grupo: transporte se fue al 9,5% anual, la tasa más alta desde agosto de 2022, con una repercusión de 0,534 puntos sobre el índice general en un mes.
Hasta aquí la crónica, que está hoy en todos los periódicos. Lo que viene después es otra cosa, y es la razón de este hilo: ese 4,3% no describe la inflación de ningún español en particular. No porque el dato esté mal calculado, sino porque mide algo distinto de lo que casi todos creemos que mide.
Dos hogares, el mismo país, el mismo año
Empiezo por la evidencia y dejo la explicación para después.
EsadeEcPol publicó en enero un trabajo sobre la inflación de 2025 para hogares pobres y ricos, construido sobre los microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares, y el resultado es una brecha de inflación acumulada de casi tres puntos entre los extremos de la distribución de renta. No hablamos de percepción ni de sensación térmica, hablamos de dos cestas reales de consumo con trayectorias de precios distintas.
El desglose es lo interesante.
La vuelta del IVA eléctrico del 10% al 21% sumó cinco décimas al IPC de los deciles bajos y apenas dos al de los altos, lo que explica casi la mitad de la brecha de ese año.
Las tasas de […] subieron alrededor de un 30% y aportaron otra décima larga, pese a tener un peso ridículo en cualquier presupuesto.
Los alimentos básicos aportaron un punto completo a los hogares de menos renta, el doble que a los de arriba.
Y conviene decir lo que va en sentido contrario, porque si solo enseño los componentes regresivos el argumento no vale nada. Restaurantes y alojamiento sumaron 0,65 puntos al IPC de las rentas altas, el doble que al de las bajas. Los seguros de salud privados subieron un 10% y ese golpe empieza a notarse a partir del octavo decil.
No es que la estadística castigue a los pobres; es que no existe un IPC capaz de representar a los dos hogares a la vez.
El mismo trabajo avisa de algo que conviene retener para más abajo: el INE no desagrega la heterogeneidad de precios dentro de cada categoría. Si dentro de una misma rúbrica los productos más baratos han subido más que los caros, la brecha real es mayor que la estimada.
Lo mismo, pero con un mapa
El Banco de España publicó en su boletín de 2024 un artículo sobre heterogeneidad regional de la inflación.
Entre junio de 2019 y junio de 2024, el IPC acumulado nacional fue del 18,9%. Castilla-La Mancha llegó al 21,2% y Galicia al 20,4%. Madrid se quedó en el 17,1% y Cataluña en el 18,1%.
Son más de cuatro puntos de diferencia acumulada dentro de la misma moneda, la misma política monetaria y la misma legislación fiscal básica. El Banco de España atribuye la mayor parte de esa dispersión a la distinta composición de las cestas de consumo regionales: más peso de alimentos y carburantes en unas, más servicios y transporte público en otras.
Podría objetarse que eso es un acumulado de hace dos años y que las cosas se han igualado desde entonces. No se han igualado; el dato definitivo de ayer da tasas anuales positivas en todas las comunidades, con Cantabria en el 5,1% y Canarias en el 3,8%. Punto y tres décimas de horquilla en un solo mes, y ahí la comparación es limpia porque es el mismo mes y el mismo índice para todos.
Qué mide entonces el índice
El IPC es un índice de Laspeyres encadenado, que sigue el precio de una cesta representativa dentro de cada comparación, y actualiza composición y ponderaciones periódicamente, con datos del gasto en consumo final de los hogares de Contabilidad Nacional complementados con la Encuesta de Presupuestos Familiares. Del campo de consumo quedan excluidos los gastos que suponen inversión, lo que deja fuera la compra de vivienda.
El propio INE lo dice en términos más llanos en sus preguntas frecuentes. A la pregunta de si el IPC es un índice del coste de la vida responde que no, y explica que un índice de coste de la vida no mediría evoluciones de precios sino la variación del gasto necesario para mantener un mismo nivel de vida.
En otra entrada de la misma página dice que el índice mide la experiencia de precios de un hogar medio, pero no la de un hogar o una persona concreta, y que la inflación individual puede ser mayor o menor que la oficial.
Vamos, que la dispersión de los dos apartados anteriores no es un fallo sino una propiedad del instrumento, declarada por quien lo fabrica.
Precio pagado y precio medido
Hay un segundo motivo, más sutil, por el que el índice y la experiencia se separan, y el ejemplo lo pone el propio INE: cuando un producto mejora sus prestaciones, el IPC corrige para estimar cuál sería su precio sin esas mejoras.
Un índice de coste de la vida fruta el gasto realmente realizado, porque es el necesario para mantener el nivel de vida.
Dicho de otro modo, hay casos en los que lo que pagas y lo que el índice registra que ha pasado con el precio no coinciden, y no hay trampa en ello.
El caso de manual está en la factura de casa. Un paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha costaba de media 46,6 euros al mes a finales de 2021 y 38,3 a finales de 2025, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Casi un 18% menos en cuatro años; ahí el índice y el bolsillo van de la mano y los dos van hacia abajo.
Y luego está el fenómeno contrario, el que la literatura llama cheapflation o inflación de lo barato: dentro de una misma categoría estadística, los productos más baratos suben más que los caros. Dos familias que en la estadística consumen "el mismo producto" pueden estar sufriendo trayectorias de precios distintas sin que el índice pueda verlo, porque no desagrega ahí. Esto es lo que mencionaba el aviso de EsadeEcPol, y es la razón principal por la que sospecho que las brechas que he citado arriba están medidas por defecto.
Un apunte antes de seguir; que un hogar cambie a marca blanca o baje de proteína fresca no hace que el IPC de ese mes marque menos. Lo que ocurre es que ese cambio de conducta acaba entrando en las ponderaciones cuando estas se actualizan, con el desfase de las fuentes disponibles.
El índice observa precios y estructuras de gasto; lo que no puede deducir de un cambio de cesta es cuánto bienestar se ha sacrificado por el camino.
El alquiler, contado dos veces
Hay un sitio donde esta diferencia se ve especialmente bien y es el alquiler.
Entre agosto de 2021 y agosto de 2026, la rúbrica de vivienda en alquiler del IPC subió un 11,3%. En esos mismos cinco años, el precio anunciado del alquiler en Idealista pasó de 10,5 a 15,1 euros el metro cuadrado: un 43,8%.
Treinta y dos puntos y medio de diferencia, y ninguno de los dos números está mal.
El IPC sigue el alquiler que pagan efectivamente los hogares de una muestra nacional de unas 5.500 viviendas, con precios facilitados en su mayoría por los propios inquilinos y una visita cuando cambia el arrendatario. Idealista mide el precio que se pide por las viviendas que están disponibles en el mercado. Para un inquilino que permanece en su vivienda importa sobre todo lo primero; para quien tiene que buscar una hoy, lo segundo se parece bastante más a lo que se va a encontrar delante.
La diferencia no es un error de medición; es otra demostración de que preguntar cuánto ha subido el alquiler no tiene una única respuesta hasta que se aclara de qué alquiler y para quién estamos hablando.
Cinco relojes para repartir el mismo dinero
Y aquí llega la parte que me parece de verdad importante, porque todo lo anterior sería un debate de estadísticos si no fuera porque ese número reparte renta.
Las pensiones contributivas subieron, con carácter general, un 2,7% en 2026, conforme a la fórmula de la Ley 21/2021, que toma la media de las tasas interanuales del IPC de diciembre a noviembre del año anterior, y esto afecta a unos 9,4 millones de pensionistas.
Los contratos de alquiler firmados con posterioridad al 26 de mayo de 2023 se actualizan por el IRAV, que en agosto quedó en el 2,47%. No es el IPC: toma el mínimo entre la tasa del IPC, la de la inflación subyacente y las tasas medias anuales ajustadas de ambas por el mecanismo moderador del índice.
Los salarios pactados en convenio van por el 3,04% en agosto, según el Ministerio de Trabajo. Y solo el 29,9% de los convenios incluye cláusula de revisión salarial, cubriendo al 39,3% de los trabajadores acogidos a convenio. Seis de cada diez no tienen ninguna protección automática frente a lo que acabo de contar.
El IPC de agosto es el 4,3%.
Y hay un quinto reloj: la facilidad de depósito del BCE está en el 2,5%, tras la subida decidida el 10 de septiembre y efectiva desde este 16 de septiembre. Se fija para una eurozona que en agosto estaba en el 3,3% de inflación armonizada según la estimación preliminar, mientras España terminó en el 4,6%. Son 1,3 puntos de diferencia de inflación bajo exactamente el mismo tipo nominal.
Cinco números distintos, cinco referencias distintas, y ninguno pretende medir la inflación de un hogar concreto.
No son cinco mediciones de lo mismo tomadas a la vez: la pensión mira una media del año pasado, el IRAV tiene su propia fórmula moderadora, el convenio es negociación contractual y el tipo del BCE se fija para el conjunto del área.
Esa es la historia.
El IPC funciona en la práctica como una unidad de cuenta pública, y las unidades de cuenta no necesitan ser exactas para funcionar, solo necesitan que todo el mundo acepte usarlas.
El problema aparece cuando además de contar con ellas liquidamos contratos. Ahí la diferencia entre lo que el índice mide y lo que le pasa a cada uno deja de ser una discusión metodológica y se convierte en dinero que cambia de manos.
No tengo una propuesta que cerrar aquí, y desconfío de quien la tenga. Construir un índice por decil de renta o por comunidad es técnicamente posible y políticamente imposible, entre otras cosas porque habría que decidir a quién se le aplica cuál. Pero la próxima vez que alguien diga que la inflación está en el 4,3%, conviene tener presente que el organismo que publica ese número dice expresamente que no describe a nadie en particular.
El INE publicó ayer el dato definitivo de agosto: el IPC subió un 4,3% anual, siete décimas más que en julio y el nivel más alto desde febrero de 2023. La subyacente bajó una décima, hasta el 2,9%, y la variación mensual fue del 0,7%.
El repunte es energético y se ve en un solo grupo: transporte se fue al 9,5% anual, la tasa más alta desde agosto de 2022, con una repercusión de 0,534 puntos sobre el índice general en un mes.
Hasta aquí la crónica, que está hoy en todos los periódicos. Lo que viene después es otra cosa, y es la razón de este hilo: ese 4,3% no describe la inflación de ningún español en particular. No porque el dato esté mal calculado, sino porque mide algo distinto de lo que casi todos creemos que mide.
Dos hogares, el mismo país, el mismo año
Empiezo por la evidencia y dejo la explicación para después.
EsadeEcPol publicó en enero un trabajo sobre la inflación de 2025 para hogares pobres y ricos, construido sobre los microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares, y el resultado es una brecha de inflación acumulada de casi tres puntos entre los extremos de la distribución de renta. No hablamos de percepción ni de sensación térmica, hablamos de dos cestas reales de consumo con trayectorias de precios distintas.
El desglose es lo interesante.
La vuelta del IVA eléctrico del 10% al 21% sumó cinco décimas al IPC de los deciles bajos y apenas dos al de los altos, lo que explica casi la mitad de la brecha de ese año.
Las tasas de […] subieron alrededor de un 30% y aportaron otra décima larga, pese a tener un peso ridículo en cualquier presupuesto.
Los alimentos básicos aportaron un punto completo a los hogares de menos renta, el doble que a los de arriba.
Y conviene decir lo que va en sentido contrario, porque si solo enseño los componentes regresivos el argumento no vale nada. Restaurantes y alojamiento sumaron 0,65 puntos al IPC de las rentas altas, el doble que al de las bajas. Los seguros de salud privados subieron un 10% y ese golpe empieza a notarse a partir del octavo decil.
No es que la estadística castigue a los pobres; es que no existe un IPC capaz de representar a los dos hogares a la vez.
El mismo trabajo avisa de algo que conviene retener para más abajo: el INE no desagrega la heterogeneidad de precios dentro de cada categoría. Si dentro de una misma rúbrica los productos más baratos han subido más que los caros, la brecha real es mayor que la estimada.
Lo mismo, pero con un mapa
El Banco de España publicó en su boletín de 2024 un artículo sobre heterogeneidad regional de la inflación.
Entre junio de 2019 y junio de 2024, el IPC acumulado nacional fue del 18,9%. Castilla-La Mancha llegó al 21,2% y Galicia al 20,4%. Madrid se quedó en el 17,1% y Cataluña en el 18,1%.
Son más de cuatro puntos de diferencia acumulada dentro de la misma moneda, la misma política monetaria y la misma legislación fiscal básica. El Banco de España atribuye la mayor parte de esa dispersión a la distinta composición de las cestas de consumo regionales: más peso de alimentos y carburantes en unas, más servicios y transporte público en otras.
Podría objetarse que eso es un acumulado de hace dos años y que las cosas se han igualado desde entonces. No se han igualado; el dato definitivo de ayer da tasas anuales positivas en todas las comunidades, con Cantabria en el 5,1% y Canarias en el 3,8%. Punto y tres décimas de horquilla en un solo mes, y ahí la comparación es limpia porque es el mismo mes y el mismo índice para todos.
Qué mide entonces el índice
El IPC es un índice de Laspeyres encadenado, que sigue el precio de una cesta representativa dentro de cada comparación, y actualiza composición y ponderaciones periódicamente, con datos del gasto en consumo final de los hogares de Contabilidad Nacional complementados con la Encuesta de Presupuestos Familiares. Del campo de consumo quedan excluidos los gastos que suponen inversión, lo que deja fuera la compra de vivienda.
El propio INE lo dice en términos más llanos en sus preguntas frecuentes. A la pregunta de si el IPC es un índice del coste de la vida responde que no, y explica que un índice de coste de la vida no mediría evoluciones de precios sino la variación del gasto necesario para mantener un mismo nivel de vida.
En otra entrada de la misma página dice que el índice mide la experiencia de precios de un hogar medio, pero no la de un hogar o una persona concreta, y que la inflación individual puede ser mayor o menor que la oficial.
Vamos, que la dispersión de los dos apartados anteriores no es un fallo sino una propiedad del instrumento, declarada por quien lo fabrica.
Precio pagado y precio medido
Hay un segundo motivo, más sutil, por el que el índice y la experiencia se separan, y el ejemplo lo pone el propio INE: cuando un producto mejora sus prestaciones, el IPC corrige para estimar cuál sería su precio sin esas mejoras.
Un índice de coste de la vida fruta el gasto realmente realizado, porque es el necesario para mantener el nivel de vida.
Dicho de otro modo, hay casos en los que lo que pagas y lo que el índice registra que ha pasado con el precio no coinciden, y no hay trampa en ello.
El caso de manual está en la factura de casa. Un paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha costaba de media 46,6 euros al mes a finales de 2021 y 38,3 a finales de 2025, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Casi un 18% menos en cuatro años; ahí el índice y el bolsillo van de la mano y los dos van hacia abajo.
Y luego está el fenómeno contrario, el que la literatura llama cheapflation o inflación de lo barato: dentro de una misma categoría estadística, los productos más baratos suben más que los caros. Dos familias que en la estadística consumen "el mismo producto" pueden estar sufriendo trayectorias de precios distintas sin que el índice pueda verlo, porque no desagrega ahí. Esto es lo que mencionaba el aviso de EsadeEcPol, y es la razón principal por la que sospecho que las brechas que he citado arriba están medidas por defecto.
Un apunte antes de seguir; que un hogar cambie a marca blanca o baje de proteína fresca no hace que el IPC de ese mes marque menos. Lo que ocurre es que ese cambio de conducta acaba entrando en las ponderaciones cuando estas se actualizan, con el desfase de las fuentes disponibles.
El índice observa precios y estructuras de gasto; lo que no puede deducir de un cambio de cesta es cuánto bienestar se ha sacrificado por el camino.
El alquiler, contado dos veces
Hay un sitio donde esta diferencia se ve especialmente bien y es el alquiler.
Entre agosto de 2021 y agosto de 2026, la rúbrica de vivienda en alquiler del IPC subió un 11,3%. En esos mismos cinco años, el precio anunciado del alquiler en Idealista pasó de 10,5 a 15,1 euros el metro cuadrado: un 43,8%.
Treinta y dos puntos y medio de diferencia, y ninguno de los dos números está mal.
El IPC sigue el alquiler que pagan efectivamente los hogares de una muestra nacional de unas 5.500 viviendas, con precios facilitados en su mayoría por los propios inquilinos y una visita cuando cambia el arrendatario. Idealista mide el precio que se pide por las viviendas que están disponibles en el mercado. Para un inquilino que permanece en su vivienda importa sobre todo lo primero; para quien tiene que buscar una hoy, lo segundo se parece bastante más a lo que se va a encontrar delante.
La diferencia no es un error de medición; es otra demostración de que preguntar cuánto ha subido el alquiler no tiene una única respuesta hasta que se aclara de qué alquiler y para quién estamos hablando.
Cinco relojes para repartir el mismo dinero
Y aquí llega la parte que me parece de verdad importante, porque todo lo anterior sería un debate de estadísticos si no fuera porque ese número reparte renta.
Las pensiones contributivas subieron, con carácter general, un 2,7% en 2026, conforme a la fórmula de la Ley 21/2021, que toma la media de las tasas interanuales del IPC de diciembre a noviembre del año anterior, y esto afecta a unos 9,4 millones de pensionistas.
Los contratos de alquiler firmados con posterioridad al 26 de mayo de 2023 se actualizan por el IRAV, que en agosto quedó en el 2,47%. No es el IPC: toma el mínimo entre la tasa del IPC, la de la inflación subyacente y las tasas medias anuales ajustadas de ambas por el mecanismo moderador del índice.
Los salarios pactados en convenio van por el 3,04% en agosto, según el Ministerio de Trabajo. Y solo el 29,9% de los convenios incluye cláusula de revisión salarial, cubriendo al 39,3% de los trabajadores acogidos a convenio. Seis de cada diez no tienen ninguna protección automática frente a lo que acabo de contar.
El IPC de agosto es el 4,3%.
Y hay un quinto reloj: la facilidad de depósito del BCE está en el 2,5%, tras la subida decidida el 10 de septiembre y efectiva desde este 16 de septiembre. Se fija para una eurozona que en agosto estaba en el 3,3% de inflación armonizada según la estimación preliminar, mientras España terminó en el 4,6%. Son 1,3 puntos de diferencia de inflación bajo exactamente el mismo tipo nominal.
Cinco números distintos, cinco referencias distintas, y ninguno pretende medir la inflación de un hogar concreto.
No son cinco mediciones de lo mismo tomadas a la vez: la pensión mira una media del año pasado, el IRAV tiene su propia fórmula moderadora, el convenio es negociación contractual y el tipo del BCE se fija para el conjunto del área.
Esa es la historia.
El IPC funciona en la práctica como una unidad de cuenta pública, y las unidades de cuenta no necesitan ser exactas para funcionar, solo necesitan que todo el mundo acepte usarlas.
El problema aparece cuando además de contar con ellas liquidamos contratos. Ahí la diferencia entre lo que el índice mide y lo que le pasa a cada uno deja de ser una discusión metodológica y se convierte en dinero que cambia de manos.
No tengo una propuesta que cerrar aquí, y desconfío de quien la tenga. Construir un índice por decil de renta o por comunidad es técnicamente posible y políticamente imposible, entre otras cosas porque habría que decidir a quién se le aplica cuál. Pero la próxima vez que alguien diga que la inflación está en el 4,3%, conviene tener presente que el organismo que publica ese número dice expresamente que no describe a nadie en particular.
INE, Índice de Precios de Consumo, agosto de 2026 (dato definitivo, 15/09/2026): tasa anual 4,3%, subyacente 2,9%, mensual 0,7%, IPCA 4,6%; transporte 9,5% anual con repercusión mensual de 0,534; por comunidades, Cantabria 5,1% y Canarias 3,8%.
INE, preguntas frecuentes del IPC (INEbase) y metodología de la base 2025: Laspeyres encadenado, ponderaciones de Contabilidad Nacional complementadas con la EPF, exclusión de los gastos de inversión y ejemplo del ajuste por calidad.
EsadeEcPol, análisis de la inflación de 2025 por nivel de renta (enero de 2026), sobre microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares.
Banco de España, Boletín Económico 3/2024: heterogeneidad regional de la inflación, junio de 2019 a junio de 2024.
CNMC, precio medio del paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha, cierre de 2021 y de 2025.
INE, serie nacional de la rúbrica Vivienda en alquiler: índices 92,424 en agosto de 2021 y 102,828 en agosto de 2026 (+11,3%); muestra nacional de unas 5.500 viviendas. Idealista, histórico nacional del alquiler: 10,5 €/m² en agosto de 2021 y 15,1 €/m² en agosto de 2026 (+43,8%).
Ministerio de Trabajo, estadística de convenios colectivos (avance de septiembre de 2026). Seguridad Social y Ley 21/2021 para la revalorización de pensiones. INE para el IRAV de agosto de 2026. Eurostat (estimación preliminar) para la eurozona y BCE para la facilidad de depósito.
INE, preguntas frecuentes del IPC (INEbase) y metodología de la base 2025: Laspeyres encadenado, ponderaciones de Contabilidad Nacional complementadas con la EPF, exclusión de los gastos de inversión y ejemplo del ajuste por calidad.
EsadeEcPol, análisis de la inflación de 2025 por nivel de renta (enero de 2026), sobre microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares.
Banco de España, Boletín Económico 3/2024: heterogeneidad regional de la inflación, junio de 2019 a junio de 2024.
CNMC, precio medio del paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha, cierre de 2021 y de 2025.
INE, serie nacional de la rúbrica Vivienda en alquiler: índices 92,424 en agosto de 2021 y 102,828 en agosto de 2026 (+11,3%); muestra nacional de unas 5.500 viviendas. Idealista, histórico nacional del alquiler: 10,5 €/m² en agosto de 2021 y 15,1 €/m² en agosto de 2026 (+43,8%).
Ministerio de Trabajo, estadística de convenios colectivos (avance de septiembre de 2026). Seguridad Social y Ley 21/2021 para la revalorización de pensiones. INE para el IRAV de agosto de 2026. Eurostat (estimación preliminar) para la eurozona y BCE para la facilidad de depósito.
