El 4,3% no es la inflación de nadie

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El 4,3% no es la inflación de nadie
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El Índice de Precios de Consumo (IPC) oficial, que en agosto de 2026 se situó en el 4,3% interanual, es una media que no representa la experiencia de inflación de ningún hogar o individuo en particular, debido a la heterogeneidad de cestas de consumo, la evolución de precios por deciles de renta y la regionalización de la economía.

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El Índice de Precios de Consumo (IPC) oficial, que en agosto de 2026 se situó en el 4,3% interanual, es una media que no representa la experiencia de inflación de ningún hogar o individuo en particular, debido a la heterogeneidad de cestas de consumo, la evolución de precios por deciles de renta y la regionalización de la economía.

El dato oficial de inflación, ese 4,3% que estos días salpica las noticias, es una cifra que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publica con rigor y que, sin duda, tiene su importancia. Pero si te paras a pensarlo, ese número no es la inflación de nadie. No porque el cálculo esté mal hecho, sino porque la realidad de tu bolsillo, la de tu vecino o la del que vive al otro lado de la ciudad, sigue una trayectoria de precios distinta. Es como intentar describir el sabor de una paella con una sola palabra: imposible.

La cosa es que el IPC es un índice que busca representar una media, una cesta de productos y servicios que, teóricamente, consume un hogar español. Pero la vida real es mucho más compleja. Dos hogares pueden vivir en el mismo país, en el mismo año, y experimentar inflaciones muy diferentes. Esto se debe a que cada uno tiene una cesta de consumo particular, con pesos distintos para cada partida. Lo que a uno le afecta mucho, a otro apenas le toca. Y esto no es una sensación, es algo que se puede medir.

La brecha de la renta y el mapa

Un estudio de EsadeEcPol ya a principios de 2026 ponía sobre la mesa que, en 2025, la inflación acumulada para los hogares con rentas bajas y altas presentaba una brecha de casi tres puntos porcentuales. Esto no es una percepción, son dos cestas de consumo reales con trayectorias de precios divergentes. Por ejemplo, la vuelta del IVA eléctrico del 10% al 21% impactó mucho más a los deciles de renta más bajos, sumando cinco décimas al IPC de estos, frente a las dos décimas de los más altos. Las tasas de basura, aunque tengan un peso pequeño en el presupuesto, también sumaron una décima larga a la inflación de todos. Y los alimentos básicos golpearon con un punto completo a los hogares de menor renta, el doble que a los de mayores ingresos.

Claro que hay movimientos en sentido contrario. Los restaurantes y el alojamiento sumaron 0,65 puntos al IPC de las rentas altas, el doble que a las bajas. Los seguros de salud privados, con una subida del 10%, empiezan a notarse a partir del octavo decil. El punto clave es que el INE no desagrega la heterogeneidad de precios dentro de cada categoría. Si los productos más baratos dentro de una misma rúbrica suben más que los caros, la brecha real es aún mayor de la que se estima.

Y si nos vamos a un mapa, la cosa no cambia. El Banco de España, en su boletín de 2024, ya alertaba de la heterogeneidad regional de la inflación. Entre junio de 2019 y junio de 2024, el IPC acumulado nacional fue del 18,9%. Pero Castilla-La Mancha llegó al 21,2% y Galicia al 20,4%, mientras que Madrid se quedó en el 17,1% y Cataluña en el 18,1%. Son más de cuatro puntos de diferencia acumulada, con la misma moneda, la misma política monetaria y la misma legislación fiscal básica. El Banco de España atribuye esta dispersión a la distinta composición de las cestas de consumo regionales: más peso de alimentos y carburantes en unas, más servicios y transporte público en otras. Y esto no es cosa del pasado; el dato definitivo de agosto de 2026 muestra tasas anuales positivas en todas las comunidades, con Cantabria en el 5,1% y Canarias en el 3,8%. Una horquilla de 1,3 puntos en un solo mes, con la misma estadística.

¿Qué mide realmente el índice?

El IPC es un índice de Laspeyres encadenado. Esto significa que sigue el precio de una cesta representativa y actualiza su composición y ponderaciones periódicamente, usando datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares y de Contabilidad Nacional. Pero ojo, excluye los gastos que suponen inversión, así que la compra de vivienda, por ejemplo, no entra. El propio INE lo aclara en sus preguntas frecuentes: el IPC no es un índice del coste de la vida. Un índice de coste de la vida mediría la variación del gasto necesario para mantener un mismo nivel de vida, no solo la evolución de precios.

El índice mide la experiencia de precios de un hogar medio, pero no la de un hogar o una persona concreta. La inflación individual puede ser mayor o menor que la oficial. Así que esa dispersión que vemos no es un fallo, sino una propiedad del instrumento, declarada por quien lo fabrica.

Precio pagado, precio medido: la trampa sutil

Hay un segundo motivo, más sutil, por el que el índice y la experiencia se separan. El INE pone el ejemplo de cuando un producto mejora sus prestaciones. El IPC corrige para estimar cuál sería su precio sin esas mejoras. Un índice de coste de la vida, en cambio, computaría el gasto realmente realizado. Dicho de otro modo, hay casos en los que lo que pagas y lo que el índice registra que ha pasado con el precio no coinciden, y no hay trampa en ello.

El caso típico está en la factura de casa. Un paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha costaba de media 46,6 euros al mes a finales de 2021 y 38,3 euros a finales de 2025, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Casi un 18% menos en cuatro años. Ahí, el índice y el bolsillo van de la mano, y ambos bajan. Pero luego está el fenómeno contrario, la llamada "cheapflation" o inflación de lo barato. Dentro de una misma categoría estadística, los productos más baratos suben más que los caros. Dos familias que en la estadística consumen "el mismo producto" pueden estar sufriendo trayectorias de precios distintas sin que el índice pueda verlo, porque no desagrega ahí. Esto es lo que alertaba EsadeEcPol, y es la razón principal por la que las brechas citadas probablemente están medidas por defecto.

Un apunte: que un hogar cambie a marca blanca o baje de proteína fresca no hace que el IPC de ese mes marque menos. Lo que ocurre es que ese cambio de conducta acaba entrando en las ponderaciones cuando estas se actualizan, con el desfase de las fuentes disponibles. El índice observa precios y estructuras de gasto; lo que no puede deducir de un cambio de cesta es cuánto bienestar se ha sacrificado por el camino.

El alquiler, contado dos veces

Hay un sitio donde esta diferencia se ve especialmente bien: el alquiler. Entre agosto de 2021 y agosto de 2026, la rúbrica de vivienda en alquiler del IPC subió un 11,3%. En esos mismos cinco años, el precio anunciado del alquiler en Idealista pasó de 10,5 a 15,1 euros el metro cuadrado: un 43,8%. Treinta y dos puntos y medio de diferencia, y ninguno de los dos números está mal.

El IPC sigue el alquiler que pagan efectivamente los hogares de una muestra nacional de unas 5.500 viviendas, con precios facilitados en su mayoría por los propios inquilinos y una visita cuando cambia el arrendatario. Idealista, por su parte, mide el precio que se pide por las viviendas que están disponibles en el mercado. Para un inquilino que permanece en su vivienda, importa sobre todo lo primero; para quien tiene que buscar una hoy, lo segundo se parece bastante más a lo que se va a encontrar delante. La diferencia no es un error de medición, es otra demostración de que preguntar cuánto ha subido el alquiler no tiene una única respuesta hasta que se aclara de qué alquiler y para quién estamos hablando.

Cinco relojes para repartir el mismo dinero

Y aquí llega la parte que me parece de verdad importante. Todo lo anterior sería un debate de estadísticos si no fuera porque ese número, el IPC, reparte renta. Las pensiones contributivas subieron, con carácter general, un 2,7% en 2026, conforme a la fórmula de la Ley 21/2021, que toma la media de las tasas interanuales del IPC de diciembre a noviembre del año anterior, y esto afecta a unos 9,4 millones de pensionistas.

Los contratos de alquiler firmados con posterioridad al 26 de mayo de 2023 se actualizan por el IRAV (Índice de Referencia de Alquiler de Viviendas), que en agosto de 2026 quedó en el 2,47%. No es el IPC: toma el mínimo entre la tasa del IPC, la de la inflación subyacente y las tasas medias anuales ajustadas de ambas por un mecanismo moderador. Los salarios pactados en convenio van por el 3,04% en agosto de 2026, según el Ministerio de Trabajo. Y solo el 29,9% de los convenios incluye cláusula de revisión salarial, cubriendo al 39,3% de los trabajadores acogidos a convenio. Seis de cada diez no tienen ninguna protección automática frente a la inflación.

Y luego está el tipo de facilidad de depósito del BCE, que está en el 2,5% tras la subida decidida el 10 de septiembre y efectiva desde el 16 de septiembre. Se fija para una eurozona que en agosto de 2026 estaba en el 3,3% de inflación armonizada según la estimación preliminar, mientras España terminó en el 4,6%. Son 1,3 puntos de diferencia de inflación bajo exactamente el mismo tipo nominal.

Cinco números distintos, cinco referencias distintas, y ninguno pretende medir la inflación de un hogar concreto. No son cinco mediciones de lo mismo tomadas a la vez: la pensión mira una media del año pasado, el IRAV tiene su propia fórmula moderadora, el convenio es negociación contractual y el tipo del BCE se fija para el conjunto del área.

Esa es la historia. El IPC funciona en la práctica como una unidad de cuenta pública, y las unidades de cuenta no necesitan ser exactas para funcionar, solo necesitan que todo el mundo acepte usarlas. El problema aparece cuando además de contar con ellas liquidamos contratos. Ahí la diferencia entre lo que el índice mide y lo que le pasa a cada uno deja de ser una discusión metodológica y se convierte en dinero que cambia de manos. No tengo una propuesta que cerrar aquí, y desconfío de quien la tenga. Construir un índice por decil de renta o por comunidad es técnicamente posible y políticamente imposible, entre otras cosas porque habría que decidir a quién se le aplica cuál. Pero la próxima vez que alguien diga que la inflación está en el 4,3%, conviene tener presente que el organismo que publica ese número dice expresamente que no describe a nadie en particular.

Datos clave
  • El IPC de agosto de 2026 se situó en el 4,3% anual.
  • La inflación para hogares de renta baja y alta presentó una brecha de casi tres puntos en 2025.
  • El alquiler anunciado en Idealista subió un 43,8% entre agosto de 2021 y agosto de 2026.
  • Las pensiones contributivas subieron un 2,7% en 2026.
  • La inflación armonizada de la eurozona en agosto de 2026 fue del 3,3%.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Rosso

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El 4,3% no es la inflación de nadie

El INE publicó ayer el dato definitivo de agosto: el IPC subió un 4,3% anual, siete décimas más que en julio y el nivel más alto desde febrero de 2023. La subyacente bajó una décima, hasta el 2,9%, y la variación mensual fue del 0,7%.

El repunte es energético y se ve en un solo grupo: transporte se fue al 9,5% anual, la tasa más alta desde agosto de 2022, con una repercusión de 0,534 puntos sobre el índice general en un mes.

Hasta aquí la crónica, que está hoy en todos los periódicos. Lo que viene después es otra cosa, y es la razón de este hilo: ese 4,3% no describe la inflación de ningún español en particular. No porque el dato esté mal calculado, sino porque mide algo distinto de lo que casi todos creemos que mide.

Dos hogares, el mismo país, el mismo año

Empiezo por la evidencia y dejo la explicación para después.

EsadeEcPol publicó en enero un trabajo sobre la inflación de 2025 para hogares pobres y ricos, construido sobre los microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares, y el resultado es una brecha de inflación acumulada de casi tres puntos entre los extremos de la distribución de renta. No hablamos de percepción ni de sensación térmica, hablamos de dos cestas reales de consumo con trayectorias de precios distintas.

El desglose es lo interesante.

La vuelta del IVA eléctrico del 10% al 21% sumó cinco décimas al IPC de los deciles bajos y apenas dos al de los altos, lo que explica casi la mitad de la brecha de ese año.

Las tasas de […] subieron alrededor de un 30% y aportaron otra décima larga, pese a tener un peso ridículo en cualquier presupuesto.

Los alimentos básicos aportaron un punto completo a los hogares de menos renta, el doble que a los de arriba.

Y conviene decir lo que va en sentido contrario, porque si solo enseño los componentes regresivos el argumento no vale nada. Restaurantes y alojamiento sumaron 0,65 puntos al IPC de las rentas altas, el doble que al de las bajas. Los seguros de salud privados subieron un 10% y ese golpe empieza a notarse a partir del octavo decil.

No es que la estadística castigue a los pobres; es que no existe un IPC capaz de representar a los dos hogares a la vez.

El mismo trabajo avisa de algo que conviene retener para más abajo: el INE no desagrega la heterogeneidad de precios dentro de cada categoría. Si dentro de una misma rúbrica los productos más baratos han subido más que los caros, la brecha real es mayor que la estimada.

Lo mismo, pero con un mapa

El Banco de España publicó en su boletín de 2024 un artículo sobre heterogeneidad regional de la inflación.

Entre junio de 2019 y junio de 2024, el IPC acumulado nacional fue del 18,9%. Castilla-La Mancha llegó al 21,2% y Galicia al 20,4%. Madrid se quedó en el 17,1% y Cataluña en el 18,1%.

Son más de cuatro puntos de diferencia acumulada dentro de la misma moneda, la misma política monetaria y la misma legislación fiscal básica. El Banco de España atribuye la mayor parte de esa dispersión a la distinta composición de las cestas de consumo regionales: más peso de alimentos y carburantes en unas, más servicios y transporte público en otras.

Podría objetarse que eso es un acumulado de hace dos años y que las cosas se han igualado desde entonces. No se han igualado; el dato definitivo de ayer da tasas anuales positivas en todas las comunidades, con Cantabria en el 5,1% y Canarias en el 3,8%. Punto y tres décimas de horquilla en un solo mes, y ahí la comparación es limpia porque es el mismo mes y el mismo índice para todos.

Qué mide entonces el índice

El IPC es un índice de Laspeyres encadenado, que sigue el precio de una cesta representativa dentro de cada comparación, y actualiza composición y ponderaciones periódicamente, con datos del gasto en consumo final de los hogares de Contabilidad Nacional complementados con la Encuesta de Presupuestos Familiares. Del campo de consumo quedan excluidos los gastos que suponen inversión, lo que deja fuera la compra de vivienda.

El propio INE lo dice en términos más llanos en sus preguntas frecuentes. A la pregunta de si el IPC es un índice del coste de la vida responde que no, y explica que un índice de coste de la vida no mediría evoluciones de precios sino la variación del gasto necesario para mantener un mismo nivel de vida.

En otra entrada de la misma página dice que el índice mide la experiencia de precios de un hogar medio, pero no la de un hogar o una persona concreta, y que la inflación individual puede ser mayor o menor que la oficial.

Vamos, que la dispersión de los dos apartados anteriores no es un fallo sino una propiedad del instrumento, declarada por quien lo fabrica.

Precio pagado y precio medido

Hay un segundo motivo, más sutil, por el que el índice y la experiencia se separan, y el ejemplo lo pone el propio INE: cuando un producto mejora sus prestaciones, el IPC corrige para estimar cuál sería su precio sin esas mejoras.

Un índice de coste de la vida fruta el gasto realmente realizado, porque es el necesario para mantener el nivel de vida.
Dicho de otro modo, hay casos en los que lo que pagas y lo que el índice registra que ha pasado con el precio no coinciden, y no hay trampa en ello.

El caso de manual está en la factura de casa. Un paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha costaba de media 46,6 euros al mes a finales de 2021 y 38,3 a finales de 2025, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Casi un 18% menos en cuatro años; ahí el índice y el bolsillo van de la mano y los dos van hacia abajo.

Y luego está el fenómeno contrario, el que la literatura llama cheapflation o inflación de lo barato: dentro de una misma categoría estadística, los productos más baratos suben más que los caros. Dos familias que en la estadística consumen "el mismo producto" pueden estar sufriendo trayectorias de precios distintas sin que el índice pueda verlo, porque no desagrega ahí. Esto es lo que mencionaba el aviso de EsadeEcPol, y es la razón principal por la que sospecho que las brechas que he citado arriba están medidas por defecto.

Un apunte antes de seguir; que un hogar cambie a marca blanca o baje de proteína fresca no hace que el IPC de ese mes marque menos. Lo que ocurre es que ese cambio de conducta acaba entrando en las ponderaciones cuando estas se actualizan, con el desfase de las fuentes disponibles.

El índice observa precios y estructuras de gasto; lo que no puede deducir de un cambio de cesta es cuánto bienestar se ha sacrificado por el camino.

El alquiler, contado dos veces

Hay un sitio donde esta diferencia se ve especialmente bien y es el alquiler.

Entre agosto de 2021 y agosto de 2026, la rúbrica de vivienda en alquiler del IPC subió un 11,3%. En esos mismos cinco años, el precio anunciado del alquiler en Idealista pasó de 10,5 a 15,1 euros el metro cuadrado: un 43,8%.

Treinta y dos puntos y medio de diferencia, y ninguno de los dos números está mal.

El IPC sigue el alquiler que pagan efectivamente los hogares de una muestra nacional de unas 5.500 viviendas, con precios facilitados en su mayoría por los propios inquilinos y una visita cuando cambia el arrendatario. Idealista mide el precio que se pide por las viviendas que están disponibles en el mercado. Para un inquilino que permanece en su vivienda importa sobre todo lo primero; para quien tiene que buscar una hoy, lo segundo se parece bastante más a lo que se va a encontrar delante.

La diferencia no es un error de medición; es otra demostración de que preguntar cuánto ha subido el alquiler no tiene una única respuesta hasta que se aclara de qué alquiler y para quién estamos hablando.

Cinco relojes para repartir el mismo dinero

Y aquí llega la parte que me parece de verdad importante, porque todo lo anterior sería un debate de estadísticos si no fuera porque ese número reparte renta.

Las pensiones contributivas subieron, con carácter general, un 2,7% en 2026, conforme a la fórmula de la Ley 21/2021, que toma la media de las tasas interanuales del IPC de diciembre a noviembre del año anterior, y esto afecta a unos 9,4 millones de pensionistas.

Los contratos de alquiler firmados con posterioridad al 26 de mayo de 2023 se actualizan por el IRAV, que en agosto quedó en el 2,47%. No es el IPC: toma el mínimo entre la tasa del IPC, la de la inflación subyacente y las tasas medias anuales ajustadas de ambas por el mecanismo moderador del índice.

Los salarios pactados en convenio van por el 3,04% en agosto, según el Ministerio de Trabajo. Y solo el 29,9% de los convenios incluye cláusula de revisión salarial, cubriendo al 39,3% de los trabajadores acogidos a convenio. Seis de cada diez no tienen ninguna protección automática frente a lo que acabo de contar.

El IPC de agosto es el 4,3%.

Y hay un quinto reloj: la facilidad de depósito del BCE está en el 2,5%, tras la subida decidida el 10 de septiembre y efectiva desde este 16 de septiembre. Se fija para una eurozona que en agosto estaba en el 3,3% de inflación armonizada según la estimación preliminar, mientras España terminó en el 4,6%. Son 1,3 puntos de diferencia de inflación bajo exactamente el mismo tipo nominal.

Cinco números distintos, cinco referencias distintas, y ninguno pretende medir la inflación de un hogar concreto.

No son cinco mediciones de lo mismo tomadas a la vez: la pensión mira una media del año pasado, el IRAV tiene su propia fórmula moderadora, el convenio es negociación contractual y el tipo del BCE se fija para el conjunto del área.

Esa es la historia.

El IPC funciona en la práctica como una unidad de cuenta pública, y las unidades de cuenta no necesitan ser exactas para funcionar, solo necesitan que todo el mundo acepte usarlas.

El problema aparece cuando además de contar con ellas liquidamos contratos. Ahí la diferencia entre lo que el índice mide y lo que le pasa a cada uno deja de ser una discusión metodológica y se convierte en dinero que cambia de manos.

No tengo una propuesta que cerrar aquí, y desconfío de quien la tenga. Construir un índice por decil de renta o por comunidad es técnicamente posible y políticamente imposible, entre otras cosas porque habría que decidir a quién se le aplica cuál. Pero la próxima vez que alguien diga que la inflación está en el 4,3%, conviene tener presente que el organismo que publica ese número dice expresamente que no describe a nadie en particular.

INE, Índice de Precios de Consumo, agosto de 2026 (dato definitivo, 15/09/2026): tasa anual 4,3%, subyacente 2,9%, mensual 0,7%, IPCA 4,6%; transporte 9,5% anual con repercusión mensual de 0,534; por comunidades, Cantabria 5,1% y Canarias 3,8%.

INE, preguntas frecuentes del IPC (INEbase) y metodología de la base 2025: Laspeyres encadenado, ponderaciones de Contabilidad Nacional complementadas con la EPF, exclusión de los gastos de inversión y ejemplo del ajuste por calidad.

EsadeEcPol, análisis de la inflación de 2025 por nivel de renta (enero de 2026), sobre microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares.

Banco de España, Boletín Económico 3/2024: heterogeneidad regional de la inflación, junio de 2019 a junio de 2024.
CNMC, precio medio del paquete de telefonía fija, móvil y banda ancha, cierre de 2021 y de 2025.

INE, serie nacional de la rúbrica Vivienda en alquiler: índices 92,424 en agosto de 2021 y 102,828 en agosto de 2026 (+11,3%); muestra nacional de unas 5.500 viviendas. Idealista, histórico nacional del alquiler: 10,5 €/m² en agosto de 2021 y 15,1 €/m² en agosto de 2026 (+43,8%).

Ministerio de Trabajo, estadística de convenios colectivos (avance de septiembre de 2026). Seguridad Social y Ley 21/2021 para la revalorización de pensiones. INE para el IRAV de agosto de 2026. Eurostat (estimación preliminar) para la eurozona y BCE para la facilidad de depósito.
 
El IPC es una trola mas para que los trabajadores pierdan poder adquisitivo de forma paulatina y no se hable de la realidad.
 
Será mas del 4,3%. Quizás un 8%. Un 8% mas pobres.
 
Un 4,3% es una cifra alta, pongamos que la real es del 5% por redondear. Ello implica un 50% por década, es una pérdida de la mitad de tus ahorros en un plazo breve y sin que los salarios le sigan el ritmo porque toda subida por tenue que sea se la comen los diversos impuestos.

De hecho es de lo que va todo de que aquí a 30 años todo el mundo viva dependiente de su salario o paguita sin ningún tipo de colchón.
 
Bueno, los que no usamos gasolina es bastante menos la subida del ipc
 
Te puedes consolar, pero indirectamente usas combustibles continuamente

No comprender no es ninguna tontería, a mí me sube la cesta como a todo el mundo, pero no estoy pagando alrededor de 2 euros por litro de gasolina por lo que mi IPC no está subiendo al % que te sube a ti
 
Un 4,3% es una cifra alta, pongamos que la real es del 5% por redondear. Ello implica un 50% por década, es una pérdida de la mitad de tus ahorros en un plazo breve y sin que los salarios le sigan el ritmo porque toda subida por tenue que sea se la comen los diversos impuestos.

De hecho es de lo que va todo de que aquí a 30 años todo el mundo viva dependiente de su salario o paguita sin ningún tipo de colchón.

Esa parte se puede medir.

La tarifa estatal del IRPF no se ha deflactado ni un ejercicio desde 2021, y los mínimos estatales llevan congelados desde 2015. Cuando la nómina sube para compensar la inflación, parte de esa subida cruza de tramo y tributa más sin que nadie haya tocado ningún tipo. Es la pogre en frío.

El Banco de España la midió: entre 2019 y 2023 la ratio de IRPF sobre PIB subió 1,55 puntos y la pogre en frío explica 0,79 de ellos, que en dinero supone unos 11.000 millones de más solo en 2023. Funcas lo baja a cada declarante y le salen unos 458 euros anuales para una renta media.

Y no es algo que el Estado sufra de rebote porque, en el informe de pogre que manda a Bruselas, el Gobierno cifra en 2.300 millones lo que ingresa de más en 2025 por no deflactar, y lo presenta como incremento estructural de ingresos. Contabilizado y comunicado, sin necesidad de votar ninguna subida de tipos.

Como contraste Navarra, que tiene la tarifa entera, deflactó un 4% en 2023 y un 3% en 2024, y hoy mismo ha anunciado otra para la próxima reforma fiscal. Varias comunidades de régimen común también han deflactado, pero solo pueden tocar su tarifa autonómica, que es la mitad de la cuota; la parte estatal no la mueve nadie desde 2021. Donde el Estado apunta en la casilla de ingresos lo que gana por no actualizar los parámetros, una hacienda foral lo corrige del todo y cada año.

Con el resto pasa algo parecido. Las pensiones suben por ley con el IPC y acumulan un 21,9% en cinco años. Los convenios no tienen esa garantía, con un 16,4% acumulado frente a una subida del nivel medio de precios del 22,1%. En 2024 y 2025 sí fueron por delante del IPC, pero el agujero que se abrió en 2022 sigue sin cerrarse.

Y el que más gana con todo esto es quien fija los parámetros del impuesto. La deuda pública pasó del 124,2% del PIB en 2021 al 100,7% al cierre de 2025, y no por el déficit, que empujaba en sentido contrario, sino porque el denominador crece con los precios.

El Estado es el mayor deudor nominal del país y a la vez es quien más recauda cuando los tramos se quedan quietos.
 
Septiembre: el depósito y la caldera

Un mes después de abrir el hilo con el 4,3% de agosto, el INE ha publicado hoy 14 de octubre el dato definitivo de septiembre: 4,9%, la tasa más alta desde febrero de 2023.

El título ha envejecido deprisa. La tesis aguanta mejor que la cifra, porque el anexo de tablas que acompaña a la nota permite abrir el índice por dentro, y lo que aparece son varias inflaciones que se parecen poco entre sí.

Lo que cabe dentro de un 4,9%

Los productos energéticos suben un 21,7% interanual; carburantes y combustibles, un 27,7%. Si se retiran del cálculo los carburantes y los combustibles líquidos (el gasóleo de calefacción, básicamente), el índice general se queda en el 3,6%. La subyacente, que deja fuera la energía y los alimentos sin elaborar, marca un 3,1%, y los bienes industriales sin energía apenas pasan del 2%.

Parte de la subida del transporte es efecto base, los carburantes bajaron en septiembre de 2025 y la comparación interanual lo arrastra. Dentro del propio mes los carburantes subieron un 5,5%, con la mayor repercusión mensual de toda la tabla; si el grupo Transporte sale casi plano (+0,2%) es porque, terminado el verano, se hundieron los servicios ligados al vehículo, alquiler de coches incluido, y una caída tapó a la otra.

Con los alimentos ocurre algo parecido a otra escala. El grupo marca un 2,7% que no corresponde a ninguna compra concreta, ya que promedia dos cestas que van en direcciones distintas: los alimentos sin elaborar suben un 5,8% y los elaborados un 1,5%.

Cigot, 12,3%; legumbres y hortalizas frescas, 9,8%; fruta fresca, 9,6%; vacuno, 7,9%.

En el otro extremo la leche, el café, el azúcar y el porcino bajan, y el pan no llega al 1%.

La ley de Engel dice que la comida pesa más en el presupuesto cuanto menor es la renta, y con los suministros de la vivienda sucede algo parecido; de modo que las dos partidas que más se han encarecido, el producto fresco y la energía del hogar, son también las que más ocupan en las cestas modestas.

Una cifra que circula estos días necesita aviso. Vestido y calzado sube un 2,1% en el conjunto nacional, pero por comunidades va del -2,6% al 10,9%. La misma camisa no se encarece trece puntos más en un sitio que en otro: es el calendario de entrada de la temporada, que cada septiembre mete ruido en las comparaciones territoriales.

Dónde cae el colchón fiscal

El INE publica también un IPC a impuestos constantes, que recalcula los precios como si los impuestos no se hubieran tocado. En septiembre marca un 5,4%; las medidas fiscales rebajan, por tanto, medio punto la tasa medida.

Al bajar a los grupos se ve dónde está ese medio punto. En carburantes y combustibles la diferencia es de 8,7 puntos (27,7% observado frente a 36,4% sin cambios fiscales); en el grupo Transporte, de 3 puntos (10,5% frente a 13,5%); en Vivienda, que incluye la luz, el gas y la calefacción, de dos décimas (7,2% frente a 7,4%). La electricidad sube un 11,4%, por debajo del umbral del 15% que activaría las rebajas de IVA y del impuesto especial, y los combustibles líquidos se disparan un 64,7% interanual, un 12,4% solo en septiembre. La rúbrica de calefacción, alumbrado y distribución de agua termina en el 12,6%.

El colchón protege el depósito del coche y apenas toca la caldera.

Esos 8,7 puntos son una distancia entre las tasas de dos índices, no una cifra de gasto público; lo que cuesta la medida depende de los litros vendidos y de las bases, y eso el anexo no lo dice.

Lo que sí deja ver es dónde se ha puesto la protección. En septiembre, las dos décimas de diferencia en el conjunto de Vivienda indican que los cambios fiscales apenas movieron la inflación medida del grupo (que mezcla alquiler, conservación, luz, gas y gasóleo, así que no aíslan la caldera); el Real Decreto-ley 25/2026, aprobado a final de mes, reserva para el último trimestre una rebaja propia al gasóleo de calefacción, muy inferior a la del surtidor. Y como el descuento se aplica por litro, da más euros a quien más litros quema, mientras el hogar que se calienta con gasóleo en una casa antigua del interior soporta casi toda la subida.

El mapa territorial es compatible con esa lectura. El grupo Vivienda sube un 11,6% en Castilla-La Mancha, un 11% en Galicia y un 10,1% en Castilla y León, frente al 4,3% de Canarias o el 4,1% de Ceuta. Para afirmarlo con propiedad harían falta los pesos del gasóleo de calefacción por comunidad, que el anexo no trae, y además el índice general no sigue ese orden (Aragón tiene la vivienda en el 9,3% y aun así cierra entre las comunidades con menos inflación, un 4,4%, porque su hostelería apenas sube).

Lo que les pasa a los relojes

En el OP aparecían cinco relojes que reparten renta con referencias distintas, y septiembre añade un detalle a uno de ellos.

Las pensiones se revalorizan con la media de las tasas interanuales del IPC entre diciembre y noviembre; ese IPC es el observado, después de impuestos. Cada mes que el descuento al carburante rebaja el índice rebaja también, un poco, la media con la que se calculará la subida de enero. Lo mismo vale para los alquileres firmados antes de mayo de 2023 con cláusula de IPC y para los convenios con revisión salarial ligada al índice.

Pensemos en un pensionista sin coche que se calienta con gasóleo. Paga el gasóleo de calefacción un 64,7% más caro que hace un año, no recibe nada del descuento del surtidor (la rebaja de su gasóleo es una fracción de esa) y su revalorización se calculará con un índice que ese mismo descuento ha rebajado. En sentido contable nadie le quita medio punto. La protección fiscal sigue al litro de carburante, la indexación sigue al índice medio, y entre las dos queda un hogar que no aparece en ninguna.

En el mensaje sobre efectos distributivos salió la pogre en frío: con inflación, el Estado recauda más sin tocar la tarifa porque los tramos del IRPF no se actualizan.

Lo de septiembre es su reverso; el IPC mide bien lo que se paga, impuestos incluidos, pero sirve además para calcular obligaciones futuras, de modo que una rebaja fiscal que hoy abarata el surtidor rebaja mañana la referencia con la que se revalorizan las pensiones; en ese tramo el Estado está a los dos lados del índice, paga una parte del descuento y puede recuperar otra por la vía de una revalorización menor, que es gasto público. Con los alquileres antiguos y los convenios, en cambio, el Estado no recupera nada: la diferencia se reparte entre inquilino y casero, o entre empresa y plantilla. Cuánto suma todo, el anexo no lo dice.

INE, nota de prensa del IPC de septiembre de 2026 (14/10/2026): ine.es/dyngs/Prensa/IPC0926.htm

INE, anexo de tablas IPC0926.xlsx (hojas 2, 3, 4, 5 y 7: repercusiones mensuales, grupos y grupos especiales, rúbricas, comunidades autónomas e índices a impuestos constantes): ine.es/prensa/anexo_tablas/es/IPC0926.xlsx

Europa Press vía Andalucía Información, subclases con mayor subida interanual (combustibles líquidos +64,7%): andaluciainformacion.es

Consumidor Global, electricidad +11,4% y umbral del 15% para las rebajas de IVA e impuesto especial: consumidorglobal.com

Real Decreto-ley 25/2026, de 29 de septiembre, rebajas del Impuesto sobre Hidrocarburos de octubre a diciembre (carburantes y gasóleo de calefacción): BOE-A-2026-20265

Ley 21/2021, de garantía del poder adquisitivo de las pensiones (revalorización con la media del IPC interanual de diciembre a noviembre)
 

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