Un sondeo atribuye a los franceses un 61% de apoyo a reclutar jóvenes
Un sondeo sitúa en el 61% el apoyo a reclutar jóvenes en Francia. El dato, aireado por los medios, choca con una realidad incómoda según algunos participantes: los que responden que sí no son los que irán al frente. La conversación derivó rápido hacia el cálculo de quién pone el cuerpo y quién pone la opinión.
El 21% de los varones franceses supera los 44 años, así que no les tocaría. El
12% tiene menos de 19, aún no opina. El
52% son mujeres, que tampoco irían. Queda un 15% de varones en edad de ser llamados.
Quién responde que sí y quién acabaría en el frente
El desglose por pirámide de población deja el apoyo, según ese cálculo, en una minoría que no arriesga nada. Quien contesta a la encuesta no es quien recibe la carta. Es el patrón clásico que describen algunos:
solidarité con el vecino de 20 años, pero de lejos. La pregunta, formulada a quien no va a ir, produciría mayorías que no resistirían un cara a cara con el reclutador.
Hay quien sostiene que la guerra es un artefacto de las élites y que los jóvenes no deberían morir por causas ajenas. Enfrente, el argumento de que si hay conflicto, alguien tiene que ir. El problema, según esos mismos participantes, es que ese alguien siempre sale del mismo tramo de edad.
Los que tienen entre 19 y 25 años serían el objetivo de la ley de reservistas obligatorios, según un comentario. El resto, 47 millones, empujaría.
La ley de reservistas y el debate sobre la Constitución
La discusión jurídica ocupó buena parte del intercambio. Unos recordaban que la objeción de conciencia y el servicio militar exigen reforma constitucional, con disolución de cámaras y referéndum. Otros replicaban que los gobiernos se saltan la norma cuando quieren y que nadie paga por ello. El artículo 55 permite suspender derechos en estados de excepción o sitio, pero no todos. La práctica, dicen los escépticos, es otra cosa.
En Francia, el servicio nacional universal exigía cambiar la Constitución y ni siquiera era militar, según se apuntó. En España, la ley de reservistas ya está en vigor, según un participante. La diferencia entre el papel y la realidad se la saltan con interpretaciones elásticas, sostienen.
La emergencia se declara y punto. Si luego resulta ilegal, el daño ya estaría hecho.
El cálculo de la edad: quién va y quién se queda mirando
El ejercicio demográfico es implacable. Los varones de más de 44 años no van. Las mujeres no van. Los menores no van. Los que quedan, un 15% del total, se preparan. La encuesta pregunta a todos, pero solo una fracción pequeña tendría algo que perder. Es la misma lógica que en cualquier país, según quienes lo plantean: se opina con el cuerpo del vecino.
La conversación derivó hacia la resistencia. Hay quien dice que no piensa abrir la puerta, que recibirá al reclutador con lo que tenga a mano. Otros recuerdan que las calles ya se quemaron en 2017 por un servicio nacional voluntario. La diferencia entre una encuesta y una orden de movilización es la misma que entre un titular y un féretro, según uno de los mensajes.
Bolsas negras, logística y el negocio de la guerra
El destino de los reclutas también salió a relucir. Unos ironizaban con que las bolsas serán de colores y con batucada, por lo de la economía circular. Otros, más sobrios, recordaban que
traer un cuerpo en bolsa cuesta dinero y logística, y que España no anda sobrada de ninguna de las dos cosas. Lo normal, decían, es quedar en el campo como abono.
El negocio de la guerra no es solo el frente. Es la industria, los contratos, los suministros, según se comentó. Los que se benefician no van a la guerra. Los que van no se benefician. La encuesta del 61% es la foto de esa asimetría, según esa lectura: los que responden que sí no son los que cargarían el peso.
El precedente de 2017 y la memoria de las calles
La referencia a 2017 no es casual. Entonces se intentó un servicio nacional que era voluntario y las calles ardieron, según se recordó. Ahora se habla de reclutamiento obligatorio y el apoyo sube al 61%, según el sondeo. La diferencia es que entonces se pedía tiempo; ahora se pide el cuerpo, según esa interpretación. La memoria de las protestas no ha desaparecido, pero la encuesta la ignora.
El dato que descoloca, según algunos participantes, no es el 61%. Es que la pregunta se hace a quien no va a ir. Si se preguntara solo a los varones de 19 a 25 años, el resultado sería otro. Pero esa encuesta no interesa, sostienen. Interesa la que legitima lo que ya está decidido.