Rusia sube los tipos 3,5 puntos, del 8,5% al 12%, para frenar el rublo
El Banco de Rusia elevó el martes 15 de agosto su tasa clave 3,5 puntos porcentuales, del 8,5% al 12%, en una reunión extraordinaria. El rublo, que el día anterior tocaba los 101 por dólar, pasó a 97. Para varios foreros la reacción fue tibia —«suben los tipos más de 2 puntos y apenas cae 4 rublos», resume uno de ellos—, hasta preguntarse si el banco central dispara al aire o si el mercado ya ha descontado que el problema no se resuelve subiendo el precio del dinero.
Por qué el Banco de Rusia sube los tipos
El comunicado lo explica sin rodeos. La demanda interna supera la capacidad de la economía para producir, la inflación se acelera y ese exceso de demanda presiona el tipo de cambio a través de las importaciones. «En consecuencia, el traspaso de la depreciación del rublo a los precios está cobrando impulso y las expectativas de inflación van en aumento», señala el regulador. Las cifras que cita son un
7,6% en los últimos tres meses y un 4,4% desde principios de año. Si la tendencia se mantiene, avisa, existe un riesgo importante de que la inflación se desvíe al alza de la meta en 2024.
El asesor económico de Putin, Maksim Oreshkin, había puesto el foco un día antes en otro sitio: culpó de la debilidad del rublo a la «política monetaria laxa» en un artículo de opinión y dio por hecho que el banco tiene «todas las herramientas necesarias» para estabilizar la situación. La subida del día siguiente se produjo apenas un día después de ese toque de atención desde el Kremlin.
El dilema de subir tipos con la moneda en caída
Encarecer el dinero enfría el consumo y contiene los precios, pero castiga al mismo tiempo a quien debe y desincentiva la inversión. Con la moneda en pérdida, la lógica es doble: frenar la inflación y evitar que los ahorradores se quiten los rublos de encima en cuanto puedan, corriendo hacia divisas o bienes tangibles. Una fuga de depósitos alimenta más devaluación, y esa espiral es lo que el banco quiere cortar antes de que se cierre del todo. La contrapartida es conocida: una economía ya tensionada por la guerra y las sanciones puede acabar pagando la factura con menos actividad. El cálculo más incómodo es el de la deuda a tipo variable, que verá cómo se encarece sola.
Rusia frente a Europa: el pulso de los tipos
El contraste que más se repite es el europeo. Una inflación cercana al 7% con tipos oficiales alrededor del 4%, frente al
12% ruso para una inflación del 7,6%. Para una parte del análisis, ese diferencial demuestra que el Banco Central Europeo se ha quedado corto y que Occidente no tiene la determinación de apretar tanto como Moscú. Para otra, revela justo lo contrario: que Rusia necesita tipos de emergencia porque su problema es de credibilidad, no solo de precios. Y hay quien recuerda que los países emergentes suelen verse obligados a ofrecer mejores condiciones a los inversores que los desarrollados, con el coste social que eso arrastra cuando los desequilibrios se disparan.
De 130 por dólar al 12%: lo que ya pasó en 2022
No es la primera vez que el banco central tira del freno de mano. Tras las sanciones occidentales por la invasión de Ucrania en febrero de 2022, el rublo se desplomó hasta
130 por dólar; el regulador elevó entonces la tasa clave hasta el 20% y promulgó controles de capital que estabilizaron la moneda. Después fue bajándola. El primer cambio en un año llegó el 21 de julio de 2023, con una subida de un punto hasta el 8,5%, y en menos de un mes el rublo se había debilitado más del 10%.
¿Son fiables las estadísticas económicas rusas?
La oficina estadística del país produce los datos con los que se mide la inflación, y en plena guerra su credibilidad está bajo sospecha. Hay quien sostiene que esos números tienen menos fiabilidad que los de un país en paz, y que la agresividad de la subida lo delata: si la inflación real fuera solo del 7%, no haría falta disparar los tipos al 12%. En la acera opuesta se recuerda que también en España se cuestiona la cocina de las cifras de empleo, por ejemplo con los fijos discontinuos, y que esa sospecha no es patrimonio de un solo país.
Desdolarizar vendiendo en rublos sale caro
Otro ángulo poco comentado apunta directamente al corazón del proyecto del Kremlin. Con inflación alta y tipos altos, todo lo que Rusia ha vendido en rublos termina siendo una mala venta: la moneda pierde valor más rápido de lo que compensan los precios. Ese es el torpedo a la línea de flotación de la pretendida desdolarización de la economía rusa, sostienen algunos análisis. Hay quien presenta la deuda baja, en torno al
15% del PIB según el dato que manejan algunos participantes frente a porcentajes muy superiores en España, como prueba de fortaleza. La réplica: una deuda mínima no equivale a una economía sana cuando el Estado controla los recursos naturales casi en exclusiva y mantiene sectores enteros en régimen de monopolio.
La próxima cita del Banco de Rusia está fijada para el 15 de septiembre. Para entonces se sabrá si los 3,5 puntos de agosto compraron algo más que cuatro rublos de tregua. La pregunta que sobrevuela el asunto: ¿cuánto de esta subida responde a la inflación y cuánto a la necesidad de que los rusos sigan confiando en su propia moneda?