Bitcoin recorta su recompensa a la mitad: 6,25 BTC por bloque
El bloque 630.000 se extrajo y la recompensa de bitcoin cayó a la mitad: de
12,5 a 6,25 BTC por bloque. El recorte repite el mecanismo del primero, el de noviembre de 2012, y volvió a encender la misma disputa: quienes esperaban una subida inmediata y quienes la situaban mucho más lejos. La cotización, mientras tanto, se movía en la franja de los 8.000 a los 9.000 dólares que se manejaban en esos días de 2020. Euforia y escepticismo llevan desde entonces turnándose el relato sin que ninguno haya logrado imponerse.
Qué cambia el halving en la oferta de bitcoins
El protocolo reduce la recompensa que cobran los mineros por validar cada bloque a lo largo de tramos predefinidos, y en el bloque 630.000 tocaba el corte: de 12,5 a 6,25 BTC. Menos monedas nuevas por unidad de tiempo, más escasez sobre el papel y, con ella, la expectativa de subida. El primer recorte llegó el
28 de noviembre de 2012, cuando la moneda era un experimento casi desconocido, y la lectura que se hizo después fue que aquel episodio apenas movió el precio. Ocho años más tarde el mercado era otro. La emisión no se agota hasta
2140, así que el argumento de la escasez definitiva es, hoy, prematuro.
El porcentaje de revalorización que se atribuye a los ciclos anteriores se usa como argumento de autoridad: quien hubiera puesto 1.000 euros en febrero de 2012 tendría ahora 1.500.000, según el cálculo que circula. El problema de ese razonamiento es conocido. Los que llegaron tarde al ciclo anterior también lo escucharon antes de entrar.
¿Puede un Estado bloquear o confiscar tus bitcoins?
Las transacciones quedan registradas en un libro público: cualquiera puede ver cuánto se mueve y hacia qué cartera. Sobre esa trazabilidad se apoya la tesis de que basta una prueba de titularidad para identificar al dueño. La contra tiene su lógica: un intercambio con verificación de identidad sí puede cerrarse, pero un
monedero en autocustodia no. Comprar donde no esté prohibido y recibir las monedas en una cartera propia es un camino que nadie corta, sostienen quienes rechazan el escenario del bloqueo. Otra cosa es la fiscalidad: tributar por la plusvalía es lo normal, y la discusión de fondo se libra en otro terreno.
Oro, tulipanes y la diferencia entre precio y capitalización
Falta saber cuánto vale de verdad. La comparación con el oro aparece enseguida: tampoco lo aceptan en la pollería y nadie discute que sea un activo. La réplica es que el metal lleva siglos funcionando como reserva de valor y el bitcoin apenas unos años. Hay un segundo argumento, más fino, que desmonta la confusión entre capitalización y dinero contante: quien tiene un millón de
tulipanes comprados a un céntimo y vende uno por
10 euros no se ha hecho millonario, y si el siguiente se coloca a 1 euro acaba de perder una fortuna en papel. Es el mecanismo que, según los más críticos, sostiene la valoración de todo el sector. A eso se suma el reparto inicial: hay quien calcula que
el 75% de los bitcoins se creó cuando casi nadie conocía la moneda, en carteras que siguen sin identificar.
Hacienda y el intercambio entre criptomonedas: permuta
Cambiar una criptomoneda por otra ya se considera
permuta a efectos fiscales. El criterio, recogido en una consulta vinculante, se apoya en el artículo 1.538 del Código Civil: al sustituir una moneda virtual por otra se altera la composición del patrimonio y aflora una ganancia o una pérdida que hay que declarar. La interpretación se discute, pero está asentada. El problema práctico es otro: rastrear esas operaciones cuando se hacen sin un intermediario que informe a la administración es, de momento, una tarea ingrata.
Tether, los mineros chinos y el relato incómodo
El flanco más duro apunta a dos nombres. Tether, la moneda estable señalada en el hilo como la gasolina que infla el precio del bitcoin. Y la minería, concentrada en China, se describe como un oligopolio que controla la red y marca el ritmo. Que un sistema nacido para eliminar intermediarios dependa de un puñado de actores con capacidad de influir en él no encaja bien con el relato fundacional. Ahí las dos corrientes se enzarzan sin llegar a nada.
En marzo de 2020 el bitcoin llegó a rondar los
5.000 dólares; meses después ya se movía cerca de los 9.000. Una caída del 15% se despachó con el argumento de que a quien compró a mil no le afecta un vaivén de ese tamaño. No es consuelo para el que se apalancó.
Dónde se atasca el análisis
Con el precio en esa franja y las previsiones más optimistas aún en el aire, la discusión se detiene siempre en el mismo punto. Unos ven un activo joven con recorrido hasta los
100.000 dólares que los analistas citados sitúan hacia 2024-2025; otros, un esquema donde los primeros necesitan que entren los últimos. Nadie ha demostrado cuál de las dos cosas es cierta, y quien lo sepa tendrá un problema: decirlo.