El BOE entierra los arcenes compartidos: adiós a los ciclistas en las carreteras
La nueva ordenanza vial publicada en el BOE ha puesto fin a una larga convivencia tensa entre coches y bicicletas. A partir de ahora, los arcenes desaparecen y en su lugar se levanta un bordillo para crear un carril bici segregado, pero con condiciones: la velocidad máxima se reduce en 20 km/h y se prohíbe adelantar. Es decir, una vía que antes era de 70 pasa a ser de 50 con prohibición de adelantamiento, un bordillo que si lo picas te cargas la rueda y cero arcén de seguridad si tienes una avería.
Un cambio que no es una prohibición, pero casi
Quienes esperaban una simple prohibición de circular por el arcén se han llevado una sorpresa: la medida no echa a los ciclistas, los encajona en su propio carril. Pero el costo operativo para los automovilistas es evidente: más tiempo de viaje, más riesgo de daños en el coche y menos espacio para emergencias. Para los fabricantes de bicicletas de carretera, la noticia es un mazazo: si los ciclistas ya no pueden usar el arcén, el mercado de bicicletas de carretera se contrae de golpe.
El coste de construir carriles bici nacionales
La propuesta de extender esta segregación a todas las carreteras suena bien sobre el papel, pero la realidad fiscal es tozuda: no hay presupuesto ni para asfaltar las vías existentes, y menos para añadir dos metros de asfalto separado en cada autovía y nacional. Algunos defensores señalan el potencial turístico y de interior, pero la cuenta no sale: construir carriles bici nacionales costaría miles de millones en un país con déficit crónico en infraestructuras básicas.
En resumen, la nueva ordenanza resuelve un conflicto creando otro: los conductores pierden arcén y ganan restricciones; la industria ciclista pierde mercado; y el Estado promete una infraestructura que no puede pagar. El que avisa no es traidor.
Debates relacionados en el foro