Incendios forestales: ¿culpa del «bosque sucio» o negocio inmobiliario?
El argumento de que el monte está sucio y que hay que limpiarlo para evitar incendios se ha convertido en un mantra repetido en los últimos días. Pero detrás de esa frase se esconde algo más que una preocupación ecológica: una pinza entre intereses urbanísticos, recalificaciones y la propia industria de la extinción. No es nuevo, pero la discusión vuelve a escena cada verano.
Los dueños del fuego
Quien mira con lupa las estadísticas de incendios sabe que la mayoría no son accidentales. Detrás hay un patrón: suelo rústico que arde para ser recalificado, pastos que se queman para justificar más presión ganadera, y hasta montes que se incendian para alimentar el negocio de los retenes. Los números cantan: cada temporada alta repite el mismo guión en zonas donde el ladrillo presiona.
La distracción perfecta
En lugar de señalar a los que se lucran con el fuego, parte del debate se desvía hacia el «BOJ» o la «agenda verde». Se les acusa de querer dejar el monte sin limpiar, cuando en realidad el problema no es la maleza, sino el permiso para construir sobre cenizas. Es una trampa narrativa: mientras discuten de podas y sotobosques, los verdaderos pirómanos con licencia de obra siguen operando.
Una ironía que se volvió realidad
Hace treinta años era una broma ácida: «talar los bosques para que no se quemen». Hoy lo piden en serio algunos, sin reparar en que convierten el monte en un erial. Y mientras, el círculo se cierra: los mismos que provocan las llamas se forran apagándolas. El negocio del fuego no es cosa de ecologistas, sino de los que tienen licencia de obra y cuenta corrientes.[/SIZE]
Con estos datos sobre la mesa, la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿por qué seguimos discutiendo sobre quién debe limpiar el monte en lugar de preguntar quién se beneficia de que arda?
Debates relacionados en el foro