Otra vez empiezan algunos toreros a meterle fuego a las montañas para especular con sus intereses económicos (urbanísticos, especulativos, ganaderos, o simplemente, porque también se benefician de la propia industria asociada de los retenes y la extinción). Y la gente, en lugar de pedir sanciones públicas contra los autores de los fuegos, sigue repitiendo lo que les dicen otros, de que el bosque está sucio y que hacen falta medidas drásticas. Así cuando todo sea un terreno completamente liso, no habrá nada que pueda quemarse. Las críticas que venían hace 30 y tantos años desde ciertos sectores, ya no son solo palabras sino realidades importadas.