Reggaeton: 20 años de dominio cultural sin competencia melódica
En 2004, 'Dale Don Dale' marcó el inicio de una invasión musical que, dos décadas después, ha devorado cualquier alternativa. Los jóvenes españoles llevan una década sin escuchar otra cosa. No es una exageración: las plataformas digitales, desde YouTube hasta TikTok, bombardean con un ritmo invariable, letras degradantes y autotune como única herramienta vocal. La pregunta no es si el reggaeton es bueno o malo, sino cómo un género ha logrado aniquilar la diversidad musical en un país que presumía de escena indie y electrónica.
Del 'Dale Don Dale' al trap: ¿evolución o involución?
El reggaeton original al menos intentaba medio rapear o cantar. El trap, en cambio, reduce la expresión a un murmullo fatigado, como si el intérprete acabara de salir de trabajar. La pérdida de melodía es progresiva: si antes el beat podía salvar el conjunto, ahora ni eso. La industria ha externalizado la creatividad a algoritmos y productores de catálogo, permitiendo que cualquiera 'cante' con autotune.
McDonaldización: la música como producto estándar
Se habla de McDonaldización para describir la estandarización de la producción musical: temas banales, cero creatividad, letras que cosifican a la mujer. Pero no es nuevo: desde Elvis hasta la Motown, el éxito comercial siempre ha apuntado a las emociones del público. Lo que ha cambiado es la velocidad de producción y la ausencia de filtros. Un tema de reggaeton se hace en un día y cuesta cuatro duros. En un país donde el 90% escucha lo que le pone la radio o TikTok, el resultado es un monopolio de facto.
Lo que el debate deja en el aire es si la saturación actual es un globo que acabará pinchando o si, como el pop de los 80, el reggaeton se convertirá en el telón de fondo eterno. Mientras tanto, el chipun chipun sigue sonando.
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