Carnaval en España: la comparsa señalada por sexualizar a niñas
Un desfile de carnaval en una localidad española. Un grupo de menores ataviadas con medias y traje negro de cabaretera, al estilo de los años treinta. Público aplaudiendo en la calle y una mujer adulta dándoles bocaditos en la boca mientras avanza el cortejo. Sobre esa escena se construyó un mensaje que corrió como la pólvora: que eran
niños vestidos de niña desfilando entre multitudes con la bandera del arcoíris. Dos relatos de un mismo minuto. La pelea que vino después no fue por el vídeo, sino por cuál de las dos versiones se sostenía.
¿Qué se veía en la comparsa de carnaval?
El primer punto que se discutió fue el más básico: quiénes desfilaban. La versión que multiplicó el vídeo hablaba de niños travestidos. La corrección que llegó después, y que repitieron varias voces, decía que eran
niñas.
En realidad son niñas, zanjaba una de las réplicas más repetidas, que añadía un detalle jugoso: el año anterior la misma comparsa había salido vestida de monjas y también hubo polémica. El escándalo tenía precedente.
La segunda corrección afectaba a la composición del grupo. Según esta lectura, no era una fila de menores aisladas, sino una
comparsa entera con vestuario idéntico en la que desfilaban también mujeres adultas. Las niñas irían delante, y las grabaciones se habrían limitado a captar lo que interesaba para sostener el relato. Del resto, ni un fotograma.
De cabareteras, no de otra cosa
El traje también tuvo su exégesis. Frente a la lectura de que iban disfrazadas con ropa sexualizada, otra parte sostuvo que el vestuario era de
cabareteras al estilo de los años treinta y que quien quisiera entenderlo podía empezar por ver
Cabaret, la película. El tono derivó entonces a un terreno más incómodo: si el disfraz era o no adecuado para la edad, al margen de la etiqueta que se le pusiera.
Ahí no hubo consenso. Quienes defendían a la comparsa admitían que el traje no era el más apropiado para unas crías, pero recordaban que los menores ven cosas parecidas a diario en televisión. Enfrente, la acusación era mucho más dura: se habló de explotación de la imagen de menores y de contenido que acabaría circulando fuera de contexto. Acusaciones sin prueba presentada que conviene manejar con pinzas.
El cartel, el ayuntamiento y la bandera
En el mismo intercambio se mezclaron dos cosas que rara vez se separan: el vestuario y el color político del consistorio. Se apuntó que el municipio está gobernado por el
PP con mayoría absoluta, dato que para unos desmontaba la lectura de propaganda institucional y para otros no cambiaba nada: la influencia de determinadas políticas educativas, sostenían, no entiende de siglas.
También se mencionó una frase que aparecía en el montaje,
prometer para meter, interpretada por unos como chiste sexual y por otros como
crítica política a quien promete y no cumple. La expresión, de hecho, es un clásico del lenguaje de campaña. La bandera del arcoíris del mensaje original quedó, en cambio, sin verificación clara.
¿Quién investiga el desfile de carnaval?
La recta final de la polémica se centró en la vía judicial. Se pidió que la
Fiscalía de Menores se pronuncie y que se investigue a la comparsa por su nombre, con la referencia a un vídeo y a un minuto concreto, el 26:33, como presunta prueba. Hubo quien recordó que los artículos
188 y 189 del Código Penal tipifican los delitos contra la libertad sexual de los menores y preguntó por qué, si todo es tan grave como se dice, nadie presenta querella.
Es la pregunta que suele quedar sin respuesta en estos casos. La indignación es gratis; la denuncia tiene coste, nombre y apellidos y un juez delante.
El caso de Cataluña que se coló en la conversación
Sin relación directa con el desfile, se coló un testimonio personal sobre supuestas coreografías escolares en Cataluña, con niñas de doce años vestidas con ropa de cuero negro bajo supervisión docente. Es un relato de parte, sin documentación adjunta, y como tal debe leerse. Pero explica por qué el asunto del carnaval encendió una mecha más larga: lo que se discute de fondo es qué se considera normal en la infancia.
Y ahí entra el cierre que descoloca. Si el vestuario era el mismo para adultas y niñas, y las adultas desfilaban en la misma comparsa, la imagen viral mostraba solo un tramo del cortejo. El resto, con mujeres hechas y derechas con el mismo traje, no generó ni un mensaje. La indignación duró lo que duró el clip.