IRPF España vs EEUU: con 100.000€ brutos quedan 67.000 o 78.000
El tipo marginal no explica lo que pagas. Lo explica el efectivo, y ese no sale en los titulares. La tabla del IRPF 2024 que se ha estado compartiendo —del 19% en el primer tramo hasta el 47% a partir de 300.000 euros, con un 45% ya en la franja de 60.000 a 300.000— dispara la pregunta evidente: ¿es 60.000 euros una renta tan alta como para que el fisco se lleve casi la mitad? Puesta junto al impuesto federal estadounidense, la escala española parece un atraco. Puesta junto al tipo efectivo real, la distancia se estrecha y, sobre todo, cambia de sitio.
La comparación directa es tramposa por una razón técnica que casi nadie menciona: la escala española se aplica sobre
base imponible, no sobre renta bruta, y la federal estadounidense funciona con su propia deducción personal, que ronda los
12.000 dólares tras la subida aprobada durante el mandato de Trump. La única forma honesta de comparar dos países es construir el tipo efectivo para cada nivel de renta, y eso obliga a echar cuentas a mano.
Qué queda en nómina con 100.000 euros brutos
Con un salario de 100.000 euros, el empleador español desembolsa alrededor de
115.000 y el trabajador se lleva unos
67.000 líquidos: unos 30.000 de IRPF y algo más de 3.000 de cotizaciones. En California, ese mismo sueldo cuesta al empleador unos 108.000 —si no se cuenta el seguro médico, que es opcional y variable— y deja
72.000 limpios. En Florida, sin impuesto estatal sobre la renta, la cifra sube hasta los
78.000.
Hay un detalle que descoloca: las cotizaciones sociales del asalariado español se topan. Den la cifra que den los tramos, la retención anual por Seguridad Social se queda en unos 3.000 euros ganes lo que ganes, porque la base máxima de cotización está limitada. En EEUU también existe tope, pero mucho más alto. Ese tope es la razón de que el coste para la empresa no se dispare tanto como sugiere el 30% teórico.
El tramo bajo: donde España muerde de verdad
El problema no está arriba. Está abajo. Para un salario de 50.000 euros, en España el empleador paga unos 65.000 y el trabajador ve 36.000. En EEUU, esa misma cifra soporta una carga total en torno al
9% frente al
27% español. La horquilla se cierra a medida que sube la renta y se abre en la parte media y baja de la distribución.
Y ahí entra el factor que lo distorsiona todo: la posición relativa. Un sueldo de 100.000 euros es el
P99 en España y apenas el P90 en Estados Unidos. La misma escala, aplicada a distribuciones distintas, produce sensaciones opuestas. Aquí se muerde mucho en la parte baja; allí, donde el salario medio es mucho más alto, el escalón se nota menos.
Sin impuesto estatal, pero con un recargo sobre la vivienda
Hay una figura fiscal que casi nunca entra en las comparativas y que pesa más que el IRPF: el impuesto sobre la propiedad. En EEUU recauda unos
800.000 millones de dólares, en torno al 3% del PIB, el triple que en España. La media por vivienda ronda los 4.000-5.000 dólares y la mediana se queda en unos 3.000. En un caso concreto descrito desde dentro, la tasa equivale al
2% del valor asignado a la casa y se revisa cada uno o dos años.
También se cuela en la conversación el IVA: en varios estados los alimentos básicos no lo llevan y el calzado por debajo de cierto importe tampoco. Es un argumento que se repite y que conviene tomar con pinzas, porque lo que se ahorra por ese lado se recupera por otros conceptos locales.
La factura que no aparece en ninguna tabla
Ganar más no equivale a vivir mejor si los servicios cuestan un múltiplo. Una familia desplazada a Kentucky describía
4.500 dólares al mes entre guardería y niñera para cubrir la jornada hasta las 18:00, sin abuelos a mano y con horarios más largos que la jornada estándar. Un gasto que en España asume la red familiar.
En sanidad, el país sostiene un sistema público con siglos de estructura: la
Administración de Veteranos de Guerra, presentada como el mayor sistema sanitario público del mundo, con sus propias listas de espera y costes mucho más bajos que los planes privados. En paralelo, el déficit federal acumuló 6,1 billones de gasto frente a 4,4 de ingresos en un solo ejercicio, una brecha que se financia con la ventaja de emitir la moneda global.
La historia fiscal estadounidense tiene su ironía: el primer impuesto federal sobre la renta gravaba con un
1% los sueldos por encima de 3.000 dólares —unos 90.000 actuales— y con un 6% los que superaban los 500.000. Fue tumbado por el Tribunal Supremo y hubo que aprobar una enmienda constitucional para resucitarlo.
El resultado: España no es el infierno fiscal que se vende, pero cobra antes
Sumando todo, la carga española para rentas altas no llega al doble de la estadounidense, aunque sí es peor. La diferencia real está en la pendiente: aquí el sistema aprieta desde el primer euro y allí espera a que el sueldo sea considerable. Con una renta por habitante estancada frente a la estadounidense, ese diseño pesa mucho más de lo que sugiere la tabla de tramos.
Si la brecha de renta sigue como hasta ahora, la comparación dejará de ser una discusión de tipos y se convertirá en una de niveles: no importará cuánto se grava, sino sobre cuánto se grava. Y ahí, con los datos en la mano, el margen de maniobra español es estrecho.