Madrid a 10 millones: el plan que divide a la ciudad
Un plan urbanístico propone convertir Madrid en una megalópolis de 10 millones de habitantes, con segundas Castellanas, viviendas sobre autovías y rascacielos en el extrarradio. El proyecto, basado en una tesis doctoral desarrollada en Berlín, cuenta con el respaldo del alcalde y ha sido bautizado por sus críticos como el "plan Almeidmann". La discusión trasciende el urbanismo: es un debate sobre modelo de país, inmigración y sostenibilidad.
Los detalles del proyecto: más cemento, más altura
La propuesta del llamado "libertador liberalizador" incluye construir una segunda Castellana, edificar sobre la M-40 soterrada y levantar torres de más de 20 plantas en el extrarradio. Según los planos difundidos, se prevén ciudades satélite como "Sagra York" o "Madghai", con sus propios metros y aeropuertos. El objetivo: alcanzar los 10 millones de residentes, una cifra que el área metropolitana ya roza (6,5 millones), pero que implicaría duplicar la densidad actual.
Las críticas: un monstruo invivible
Los opositores al plan argumentan que una megaciudad de ese tamaño, sin la base económica de Londres o Nueva York, se convertiría en un infierno de atascos, contaminación y delincuencia. Señalan que el crecimiento se alimentaría de inmigración masiva —"panchos y moronegros", en sus propias palabras— y de la expulsión de población del interior de España. El coste de vida ya es disparatado: mientras en Madrid un piso ronda los 30.000 euros anuales de salario medio, en ciudades de Castilla y León la vivienda es accesible y el ritmo de vida más humano.
Los defensores: competitividad o irrelevancia
En el otro extremo, los partidarios del plan sostienen que España necesita una megalópolis que compita con Tokio o Londres para atraer inversión y talento. Argumentan que el 80% de la población mundial vivirá en ciudades y que Madrid debe prepararse. Incluso proponen desmantelar "aldeas cagacorrales" subvencionadas para concentrar recursos. El debate refleja una fractura ideológica profunda: centralismo contra dispersión, progreso contra tradición.
La paradoja del agua y el suelo
Un punto que nadie discute es la viabilidad física del proyecto. Con un clima semiárido y una cuenca del Tajo sobreexplotada, duplicar la población requeriría trasvases o desalinizadoras faraónicas. Además, el modelo de ciudad dispersa que se dibuja —con aeropuertos en cada satélite— choca con la realidad de un país que pierde habitantes en el 90% de sus municipios.
El plan no es un capricho: está escrito, tiene padrinos y se ha presentado en foros internacionales. Pero la pregunta que flota es si los madrileños quieren vivir en una versión cutre de Ciudad de México, o prefieren algo más parecido a lo que tienen. El tiempo, y las próximas elecciones municipales, lo dirán.
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