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La pregunta de si Sánchez quiere ganar o perder no tiene respuesta verificable: lo que sí se puede analizar son los tres escenarios que maneja su entorno. El precedente alemán de gran coalición entre conservadores y socialdemócratas es la vía que menos se nombra y la que más cambiaría el mapa político español.
La política española lleva meses instalada en una pregunta que nadie puede contestar con datos: qué quiere hacer Pedro Sánchez con su mandato. Unos sostienen que busca resistir y volver a gobernar con un frente de izquierdas que incluya a independentistas y nacionalistas. Otros creen que quiere quemar el partido, marcharse y volver en dos años con todo quemado. Hay incluso quien especula con una salida del país. Ninguna de esas hipótesis tiene confirmación oficial. Lo único verificable es que el adelanto electoral está convocado y que los decretos de vivienda decayeron en el Congreso.
Quienes defienden que Sánchez quiere perder señalan un factor concreto: el escudo presidencial que le protege, por ahora, de ciertas causas judiciales. Mientras ocupe el cargo, determinadas investigaciones no pueden avanzar contra él. Si dimite o pierde las elecciones, esa protección desaparece. Es un argumento jurídico, no una prueba de intenciones.
La teoría del «todo quemado» se apoya en otra observación: Sánchez lleva años decapitando cargos medios del partido para controlar al cien por cien a las bases y evitar disensiones internas. Esa lectura la sostiene Tomás Gómez, exsecretario general del PSOE de Madrid y defenestrado por su propia gestión en Parla. No es una opinión neutral: Gómez tiene cuentas pendientes con la dirección que le apartó.
La hipótesis de la fuga al extranjero, al estilo de Luis Roldán, es la más débil de todas. Roldán huyó a Laos en 1994 siendo un alto cargo socialista. Sánchez es una figura conocida internacionalmente. Una salida a República Dominicana —país sin tratado de extradición con España— implicaría no volver en mucho tiempo. Es una posibilidad que circula, pero no tiene ningún respaldo documental.
El escenario más comentado en los círculos socialistas es el contrario: Sánchez aguanta, convence con el decreto de vivienda aprobado en Diputación Permanente y vuelve a gobernar con un frente de izquierdas. La clave está en la Diputación Permanente, el órgano que puede convalidar decretos cuando el Congreso está disuelto. Si el decreto de vivienda sale adelante por esa vía antes de las elecciones, el Gobierno llega a los comicios con una medida aprobada y no con un fracaso parlamentario.
Hay quien añade un factor migratorio: la Ley de Nietos, que permite a descendientes de exiliados obtener la nacionalidad española, podría quedar anulada si la justicia se pronuncia antes de las elecciones. Si no se anula, miles de argentinos y otros latinoamericanos con derecho a pasaporte español podrían votar por correo desde el exterior. La mayoría no cotiza en España ni ha pisado el país. Es un cálculo que circula, no una certeza electoral.
El escenario que menos se nombra es el que más se parece a lo que lleva pasando en Alemania desde 2005: gran coalición entre conservadores y socialdemócratas. En España, eso significaría que Sánchez cae, los restos del PSOE se alían con un Feijóo tibio que rompe sus promesas preelectorales y deja a Vox fuera del Gobierno. No sería la primera vez que Feijóo incumple un compromiso de campaña.
La gran coalición alemana ha funcionado con cancilleres democristianos y socialdemócratas alternándose en el poder. El modelo tiene un coste: difumina la diferencia entre izquierda y derecha y alimenta a los partidos de los extremos. En Alemania, eso se ha traducido en el auge de Alternativa para Alemania. En España, el equivalente sería un crecimiento de Vox y de la izquierda radical.
El problema de fondo no es solo de siglas. La verticalidad de los partidos españoles hace que no lleguen a la primera línea los más preparados técnicamente, sino los más leales al líder. Es un problema que se ve en muchos países. La imagen del canciller alemán actual, Olaf Scholz, es un ejemplo de cómo un líder técnicamente competente puede quedar desgastado por la gestión de una coalición compleja.
Sánchez ha convocado elecciones generales. Los decretos de vivienda decayeron en el Congreso. La Diputación Permanente puede convalidar decretos hasta la constitución de las nuevas Cortes. La Ley de Nietos está pendiente de pronunciamiento judicial. El escudo presidencial protege a Sánchez de ciertas causas mientras ocupe el cargo. Todo lo demás son hipótesis que circulan sin confirmación.
Quien invierta o tome decisiones económicas basándose en estos escenarios debería consultar a un asesor financiero. Las apuestas sobre lo que hará un político no son una base sólida para planificar patrimonio.
Por un lado tenemos a…