La capacidad eólica instalada de China alcanzó los 640 GW en 2025, cuatro veces la de Estados Unidos y ocho veces la de Alemania, según los datos difundidos. Ese volumen bastó para que sus turbinas generaran más electricidad que todo Japón.
Hay una forma de medir el peso industrial de un país que no pasa por el PIB ni por las exportaciones: mirar cuánta electricidad es capaz de mover. Y ahí, China acaba de poner una cifra sobre la mesa que cuesta asimilar. Sus turbinas eólicas generaron en 2025 más electricidad que todo Japón. No una región, no un sector: el país entero, la tercera economía del mundo, con sus fábricas, sus trenes y sus hogares.
640 GW que reordenan el mapa energético
La capacidad eólica instalada china llegó a los 640 GW, según los datos difundidos. Para hacerse una idea: equivale a cuatro veces la de Estados Unidos y a ocho veces la de Alemania, dos de los mercados energéticos más grandes del planeta. Esa comparación no es un adorno retórico, es la constatación de que la escala china ya juega en otra liga.
La clave está en que no hablamos de proyectos anunciados ni de objetivos a 2035. Hablamos de molinos instalados, conectados y girando. La diferencia entre un plan y una realidad es, en infraestructura energética, abismal.
Del papel a los gigavatios
Durante años, buena parte del debate sobre renovables se centró en si servían o no, en si su retorno energético justificaba el esfuerzo. Ese debate tiene sentido en un laboratorio, pero se queda corto cuando un solo país instala la capacidad de varios continentes juntos. La pregunta relevante ya no es si funcionan, sino quién controla la cadena de suministro.
China no solo instala turbinas: las fabrica, las financia y las exporta. Cada gigavatio añadido es también un eslabón industrial que se queda en casa.
Lo que esta cifra dice de la economía real
Generar más electricidad que Japón con una sola tecnología no es un titular de temporada. Es una señal de que la transición energética tiene ganadores claros y de que la ventaja se acumula. Quien domina la fabricación de turbinas, palas y generadores marca el ritmo de un mercado que no deja de crecer.
Para el resto del mundo, la consecuencia es incómoda: competir en renovables sin una industria propia detrás es comprar dependencia con otro nombre. Los números de 2025 no cierran un debate, lo reabren con más fuerza.