Ratcliffe en Moscú: la visita relámpago del jefe de la CIA
¿Qué pinta el director de la CIA en Moscú en plena
guerra de Ucrania? John Ratcliffe ha aterrizado en la capital rusa y se ha marchado en cuestión de horas, dejando más interrogantes que respuestas. La visita ha coincidido con la cancelación de la agenda de Vladimir Putin y con una embajada estadounidense sin bandera en la fachada. Ni paz ni rendición: el silencio es el mensaje.
Las teorías van desde la escalada hasta la advertencia velada. Hay quien sostiene que Rusia ha trasladado a Washington un ultimátum: si los ataques con drones y misiles sobre refinerías y centros logísticos rusos no cesan, la respuesta alcanzará a países de la OTAN. No es una ocurrencia: el Kremlin lleva días denunciando la participación activa de Reino Unido y otros socios europeos en el conflicto, con ataques que ya causan heridos y muertos en territorio ruso.
La foto de un jefe de inteligencia en Moscú no es una visita de cortesía. Los observadores más cínicos recuerdan que en toda negociación es el perdedor el que se desplaza a casa del ganador. Aquí el que se ha movido ha sido Ratcliffe, con una estancia tan breve que parece un mensaje cifrado: suficiente para hablar, insuficiente para ceder.
Tal vez el jefe de la CIA haya ido a pedir paz. Tal vez haya ido a entregar una lista de condiciones. Con la embajada sin bandera y sin explicaciones oficiales, lo único seguro es que la guerra no se detiene por una visita exprés. Que cada cual elija su teoría; los datos, de momento, no dan para más.