Un fotógrafo anónimo grabó lo que pasa dentro de 58 mataderos
En marzo de 2018 empieza a circular la mayor investigación audiovisual realizada dentro de mataderos:
58 instalaciones de México, grabadas entre 2015 y 2017 por un fotógrafo que trabaja en el anonimato bajo el proyecto Tras los Muros. El material documenta la muerte de vacas, cabras, pollos, cerdos y caballos, y también el transporte desde las granjas hasta el sacrificio. México está entre los diez mayores productores de carne del planeta, y el autor avisa de que lo publicado no es lo peor:
«Dispongo de imágenes aún más bestias».
Qué se ve dentro de un matadero industrial
La investigación registra una violencia extrema que la industria cárnica mantiene fuera de cámara. Y no es un problema de un solo país. En el mismo paquete de vídeos que acompaña a la discusión aparecen mataderos de Estados Unidos, de Italia y una producción de
foie gras rodada en Cataluña. Eso desactiva el atajo más cómodo, el de que lo mexicano es una excepción tropical. El sector, mientras tanto, ha blindado sus instalaciones: donde puede, legisla para que nadie entre con una cámara.
La reacción se parte en dos desde el primer minuto. Hay quien sostiene que los filetes de bandeja de poliespán no crecen en la tierra y que esto convierte a la presente en
la última generación que comerá animales muertos. Enfrente está el argumento de la cadena trófica: unos animales sirven de alimento a otros y eso no lo ha inventado nadie. Ninguno de los dos bandos se mueve.
¿Son los cerdos más inteligentes que los perros?
Sí, si se atiende a los estudios que se citan en la discusión: el cerdo está entre las cuatro especies más inteligentes del planeta, por delante del perro, con una capacidad cognitiva comparable a la de un niño de tres años. Reconoce su nombre, obedece órdenes y usa espejos para localizar comida. Con ese punto de partida, la pregunta incómoda se formula sola: si la inteligencia decidiera quién va al plato, ¿por qué el cerdo sí y el perro no? Aquí entra la genética.
Compartimos un 99% del ADN con el chimpancé, menos margen del que separa a una cebra de un caballo.
La respuesta de enfrente es cultural, no biológica: llevamos milenios comiendo carne y una parte del planeta la necesita. A eso se contesta con la sospecha de fondo, la de que la distancia entre especies se ha usado históricamente para justificar casi cualquier cosa sobre quien está debajo.
Por qué la ganadería extensiva no alimenta a 8.000 millones
El argumento económico es el más terco de todos. Una ternera criada en el campo engorda
entre 0 y 450 gramos al día, y con ese rendimiento no hay manera de sostener un consumo alto de carne. De ahí la cría intensiva: es la que permite alimentar a una población mundial que no baja. La contrarréplica llega por el lado del despilfarro, y con cifras: prácticamente la mitad de la comida producida en el mundo acaba en la basura, hay hectáreas de cereal plantadas solo para cobrar la subvención europea que ni se cosechan y toneladas de fruta que se quedan en el suelo. El desglose completo de esas partidas, con los números que se manejan en la discusión, da un resultado que descoloca a quien defiende que intensificar es la única salida.
Galicia: 200 animales vivos y más de 50 cadáveres
La noticia que acompaña al documental no necesita adjetivos. En una explotación ganadera se contabilizaron
alrededor de dos centenares de animales vivos en condiciones precarias y más de medio centenar de cadáveres en distintas fases de descomposición o esqueletización, según la información publicada. El castigo previsto, una multa, se discute como si no existiera: si el responsable tiene más deudas que dinero, la sanción no cambia nada de su vida. La propuesta que circula es la del ojo por ojo, y no es la única vez que se escribe con esa crudeza.
Los derechos de los animales frente a los problemas importantes
Cada vez que se abre este melón aparece el mismo atajo: los animales no son el problema, el problema son los niños, las mujeres o cualquier otro titular del día. Hay quien contrapone los
cien mil abortos anuales registrados en España y sentencia que preocuparse por un pollo es postureo moral. La respuesta más repetida es que un problema no anula a otro, y que la conquista de derechos nunca fue un juego de suma cero. La comparación histórica se usa sin pudor: hubo siglos en los que se discutía si determinadas personas tenían alma.
Con estos mimbres, el atasco es siempre el mismo. La ganadería extensiva no da de comer a 8.000 millones de personas y la intensiva produce exactamente lo que produce. Nadie ha encontrado el término medio que no pase por pagar la carne mucho más cara o por comer mucha menos. Y mientras se busca, la próxima noticia de animales hacinados ya está en el teléfono.