Fracaso en cines y subvenciones: el documental de Eduardo Casanova que nadie quiso ver
Cincuenta espectadores. La mitad, periodistas. El dato que debería sonrojar a cualquier productor es el balance de taquilla de 'Sidosa', el documental de Eduardo Casanova sobre su experiencia con el VIH mientras rodaba la serie 'Aída'. Producido por Atresmedia y Jordi Évole, la cinta no aguantó ni dos semanas en cartelera. Pero lo más llamativo no es la cifra: es que, según las informaciones publicadas, llegó a las salas apuntalada con dinero público.
Una producción millonaria que no interesa a nadie
'Sidosa' se presentó en el Festival de Málaga como un documento íntimo sobre la ocultación del VIH durante la etapa de Casanova en la popular serie de Antena 3. El relato del director buscaba visibilizar el estigma, pero el público —al menos, el que paga entrada— no respondió. "No ha recaudado ni para pagar las pizzas del equipo técnico", resume una fuente del sector. La pregunta que planea: ¿cuánto costó realmente la producción a los contribuyentes?
La polémica de la financiación pública
En el centro del debate está el origen de los fondos. Atresmedia, el grupo que emite la serie que dio fama al director, cofinancia el documental junto a la productora de Évole. Pero, como señala el artículo de El Debate, la cinta optó a subvenciones oficiales. El argumento de que el proyecto necesitaba apoyo para contar una historia necesaria choca con la realidad: ni los espectadores ni la crítica han respaldado el producto. "Lo que no se puede es vivir sin la subvención", ironizan los analistas.
Reacciones y silencios
Mientras Casanova defiende la obra como necesaria, la mayoría de comentarios destacan su fracaso comercial. Algunos señalan que el documental llegó a las plataformas —A3 Player— el domingo, pero la audiencia en streaming no se ha hecho pública por ahora. La duda queda en el aire: ¿se trata de una obra que incomoda o de un producto sobrevalorado que solo interesa a su entorno?
Los datos no mienten: 50 personas en taquilla, de las cuales la mitad eran críticos. El resto de la historia, entre ayudas oficiales y narrativas de victimismo, no termina de cuadrar. Como dice el refrán del sector, "el público es soberano". Y el soberano, en este caso, votó con los pies.
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