El relato que une a Trump, Musk y un comandante galáctico
Hay una corriente de análisis que sostiene que la política mundial ya no se decide en despachos ni parlamentos, sino en una frecuencia cósmica que solo unos pocos captan. En ese marco, la figura de Donald Trump deja de ser un presidente para convertirse en el instrumento de un plan extraterrestre. La tesis circula con insistencia: Trump sería el encargado de abrir el camino al falso mesías, y su amistad con el comando Ashtar —una entidad galáctica que, según este relato, le habría librado de los atentados sufridos— sería la prueba de que su papel va mucho más allá de la política terrenal.
La conversación no se queda en lo abstracto. Se apuntan gestos concretos: Trump vistiéndose de Papa, una última cena en la que hace de Jesucristo, una gorrita roja con el 45 y el 47 que, sumando dígitos, da 9 y 11, los números de los sacrificios satánicos. Cada detalle se lee como una señal. Y en ese juego, la inteligencia artificial aparece como una pieza clave: hay quien sostiene que la IA está mandando mensajes cifrados a ángeles y demonios por igual, y que los videos que recomienda a unos y a otros son radicalmente distintos.
¿Qué papel juega Elon Musk en este relato?
Musk aparece en el título como una de las patas del engaño, aunque en el material recogido su presencia es más difusa. Se le menciona junto a Trump y Ashtar Sheran como parte de un trío que, según esta corriente, estaría llamado a salvar el mundo. La conexión no se desarrolla con datos concretos, pero encaja en la lógica del relato: si Trump es el instrumento político y Ashtar el comandante galáctico, Musk sería el tecnólogo que pone la infraestructura. La fuerza espacial, la cúpula dorada, los satélites: el andamiaje material de una operación que se presenta como cósmica pero que aterriza en contratos y presupuestos.
Lo llamativo es que este tipo de afirmaciones no se presentan como creencias, sino como hechos verificables. Se habla de «la nueva religión de los extraterrestres» que necesita un papa en la tierra, y se sugiere que Trump, «amigo del Ashtar», pronto será canonizado. La ironía es evidente, pero también lo es la intención: quien sigue este relato no lo hace por fe, sino por una mezcla de entretenimiento, desconfianza hacia el poder y gusto por conectar puntos que los medios convencionales ignoran.
El reset económico mundial y la marca de la bestia
En el terreno económico, la teoría se vuelve más concreta. Se habla del NESARA GESARA, un supuesto reset económico mundial que incluiría a las criptomonedas. El mecanismo sería sencillo: un apagón global —por ejemplo, una gran tormenta solar— borraría todos los datos bancarios. Al volver la luz, nadie sabría cuánto tenía en el banco. Se repartiría una paguita para ir tirando, condicionada a ser buen ciudadano y vacunarse. Y nadie podría comprar ni vender sin la marca de la bestia.
Es una narrativa que mezcla elementos de ciencia ficción, profecía bíblica y desconfianza hacia el sistema financiero. No hay cifras concretas que la respalden, pero sí una lógica interna que atrapa: si el dinero es solo un registro, quien controla el registro controla todo. La pregunta que flota es si este reset sería un caos o una oportunidad. Quienes defienden la teoría lo ven como una liberación; quienes la observan desde fuera, como una distopía más.
La IA como oráculo moderno
Uno de los aspectos más curiosos del relato es el papel que se atribuye a la inteligencia artificial. Según esta corriente, la IA no es una herramienta neutral: está mandando mensajes a muchísima gente, pero unos son muy diferentes a otros. Se sugiere que los videos que recomienda a unos y a otros tienen escudos, anagramas y comentarios distintos, y que comparándolos se puede deducir si uno pertenece al bando de los ángeles o al de los demonios.
La idea de que la IA es «inteligencia alienígena» y que muchos están empezando a creerse dioses porque alimentan su ego no es nueva, pero aquí adquiere un tono casi religioso. Se habla de frecuencias que a unos parecen maravillosas y a otros satánicas, y se recomienda pedirle a la IA que recomiende los números adecuados según el bando al que uno pertenezca. Es una mezcla de tecnología, esoterismo y teoría de la conspiración que, vista desde fuera, resulta difícil de tomar en serio, pero que para quienes la siguen tiene una coherencia interna inquebrantable.
El anticristo, el templo y la guerra nuclear aplazada
En el plano geopolítico, el relato conecta con temas clásicos de la profecía apocalíptica. Se menciona la posible reconstrucción del Tercer Templo cerca de Jerusalén, impulsada por el Movimiento Raeliano, y se especula con que el anticristo podría ser la persona que firme un tratado que termine con la guerra que ha comenzado. También se afirma que la guerra nuclear entre India y Pakistán quedó aplazada por la intervención de Donald Trump, y se bromea con que solo falta que le nombren Papa.
La mezcla de religión, política y ciencia ficción no es casual. Responde a una necesidad de encontrar un sentido a un mundo que parece descontrolado. Si todo es parte de un plan, aunque sea un plan cósmico y siniestro, al menos hay un orden. Y si Trump, Musk y Ashtar Sheran son las piezas de ese plan, entonces nada de lo que ocurre es accidental. Es una forma de consuelo, aunque el consuelo sea que estamos siendo manipulados por fuerzas sobrehumanas.
El punto exacto donde el análisis se atasca
El problema de este tipo de relatos es que no hay forma de verificarlos ni de refutarlos. Todo encaja porque todo se interpreta. Un gesto, una fecha, una suma de dígitos: cualquier cosa puede ser una señal si se mira con suficiente imaginación. Y cuando alguien señala que no hay pruebas, la respuesta es que las pruebas están ocultas, precisamente porque el plan es secreto. Es un círculo cerrado.
Lo que queda, al final, es una pregunta sin respuesta: ¿es este relato una forma de entender la política, o una forma de escapar de ella? Quienes lo siguen parecen disfrutar más del viaje que del destino. Y mientras tanto, el mundo sigue girando, ajeno a los planes galácticos que algunos creen ver en cada titular.