Macron descarta a Trump y el análisis mira al atentado
Macron no cree que Trump vuelva a la Casa Blanca. Lo dejó caer en una entrevista en la que, además, llamó «adversario» a Moscú y no descartó enviar tropas a Ucrania. Un pronóstico electoral sin más —hasta que el asunto derivó hacia un terreno bastante más incómodo: el intento de atentado contra el expresidente y la sospecha, sostenida sin ninguna prueba, de que alguien había decidido que Trump no debía volver.
Qué dijo exactamente Macron sobre Trump
Preguntado por si el expresidente podría ejercer de mediador con Vladímir Putin, el presidente francés fue tajante: «Por lo que sé, no creo que Donald Trump llegue a ser presidente de Estados Unidos». La frase no viene sola. En esa misma entrevista Macron calificó a Moscú de «adversario» e insistió en que no descarta la posibilidad de enviar tropas a Ucrania, con el argumento de que Occidente no debe permitir que Rusia gane el conflicto.
Dos mensajes en un mismo paquete. Uno habla de elecciones; otro, de guerra. Y ahí arranca el problema de interpretación. Un pronóstico sobre las urnas y una amenaza de escalada militar, dichos por el mismo hombre en el mismo cuarto de hora, invitan a leerse juntos aunque no tengan por qué estar conectados.
Del pronóstico al atentado, sin pruebas que lo sostengan
Lo que empezó como un comentario sobre intención de voto acabó derivando hacia algo más turbio. La conversación saltó rápido al intento de atentado contra Trump y a la tesis de que los mismos poderes que manejan a los líderes europeos estarían detrás. «Esta vez han fallado por unos centímetros, pero volverán a intentarlo» condensa esa corriente.
Conviene ser preciso: no hay ninguna prueba que respalde esa hipótesis. Circulan menciones al atirador apareciendo en un vídeo promocional de BlackRock y comparaciones con el asesinato de JFK. Los propios participantes lo plantean como sospecha, no como evidencia. El razonamiento de partida es simple: en Estados Unidos hay muchísimas armas y muchísimos desequilibrados, así que un atentado no exige conspiración alguna. La otra parte responde que un disparo fallido por centímetros invita a pensar en algo organizado. Ninguna de las dos puede demostrar la suya, y eso, en estos tiempos, importa menos que nunca.
La campaña mediática y el blanco en la espalda
Parte del análisis se apoya en el trato que recibió Trump en los medios, incluidos los españoles: tachado de psicópata, de nuevo Hitler, de lo peor del mundo. La lectura que se hace es que semejante despliegue, tan desproporcionado como sostenido, no describe a un rival cualquiera sino a alguien al que se quiere fuera de juego.
El argumento tiene su miga. Si existiera un expediente más sólido que el episodio del pago a una actriz para silenciar un affaire, se habría usado. Que se recurriera a eso se interpreta —quizá con demasiada generosidad— como señal de que no había nada mejor con lo que hincarle el diente.
Francia, el uranio de Níger y la factura nuclear
Hay un hilo económico que atraviesa el asunto y que se suele pasar por alto. Francia tuvo durante años las cartas para ser el país más independiente y soberano de la Europa continental. La cuenta se le complicó tras el golpe de Estado en Níger: sus centrales nucleares dependen del uranio, y quien vende el uranio pasa a tener voz en la conversación.
El detalle ilustra algo más grande. Un país que se presenta como interlocutor en la guerra de Ucrania y como árbitro moral de la política estadounidense arrastra dependencias propias que no controla. La retórica de potencia choca con la geografía del suministro. Y ahí la coartada del gran estadista se agrieta un poco.
Quién elige de verdad a los candidatos
La desconfianza hacia el relato oficial tiene su propia lógica. «El mayor logro de la democracia es hacer creer al populacho que son ellos quienes deciden algo» resume una de las ideas más repetidas: los políticos los colocan los de siempre y el votante solo ratifica cada cuatro años.
El ejemplo que se cita es el Nord Stream 2, con Biden diciendo que no sería un problema y el gasoducto destruido días después, sin grandes reproches oficiales. De ahí a sostener que Macron «avisa» de lo que va a pasar con Trump hay un paso, y ese paso es justo el que ninguna prueba sostiene. Avisar y amenazar no son lo mismo.
Queda el debate lateral sobre la deriva de las élites. Los mismos círculos que daban por hecho hace años determinados resultados en España hoy dan por resuelta la política estadounidense. La comparación con esas torres de marfil —«Marías Antonietas», las llaman— tiene su gracia y su parte de razón.
¿Cambiarán las cosas antes de las elecciones estadounidenses? Nadie lo sabe, y quien afirme lo contrario miente. El pronóstico de Macron puede quedarse en anécdota o convertirse en el prólogo de algo mucho peor. Lo único seguro es que la sospecha ya no necesita pruebas para circular.