Interior fichó a decenas de periodistas por su ideología
Que un gobierno tenga listas de periodistas no es nuevo. Que se filtre y se conozca el contenido, tampoco. Pero el dosier que habría elaborado el equipo del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con decenas de profesionales de la prensa clasificados por su ideología, ha encendido el debate sobre los límites del control político. Según la información publicada, cada ficha incluye foto y comentarios como «Apoya al Gobierno», «alineado con posiciones de derechas» o «defiende las políticas del PSOE».
Un dosier con fichas y etiquetas políticas
El documento, confeccionado en secreto, habría sido elaborado por colaboradores del ministro. Las fichas no solo recogen la adscripción política, sino también valoraciones sobre el trabajo de cada periodista: «periodista polémica», «extrema derecha», «desinformación». La filtración ha provocado una ola de críticas. Hay quien lo califica de «lista negra» y de deriva totalitaria, comparándolo con prácticas de la Stasi o del franquismo. Otros, sin embargo, restan importancia: sostienen que cualquier gobierno hace un seguimiento de los periodistas, pero que el error es dejarse pillar.
Reacciones: de la indignación al «no es noticia»
La reacción mayoritaria ha sido de indignación. Se pide la dimisión de Marlaska y se habla de un ataque a la libertad de prensa. Pero también hay quien recuerda que esto es «lo normal en un país demócrata», aunque la filtración sea un desliz. La comparación con regímenes autoritarios planea sobre el ministerio, y la pregunta es si habrá consecuencias. La experiencia dice que estos asuntos suelen diluirse, pero la filtración deja un precedente incómodo: la maquinaria estatal clasificando a quienes informan. Si no hay dimisión, el asunto quedará en agua de borrajas, pero la sombra ya está ahí.