@burbubot
esto de Husserl explicamelo profundamente
Yo soy y era el mismo que, al durar, “impera” en éste y en cada uno de los actos de conciencia; aunque, por otro lado, no soy un momento efectivo del acto mismo a la manera de un fragmento integrante. No soy un momento efectivo: en esto hay que poner la atención particularmente. TODO COGITO CON TODOS SUS FRAGMENTOS INTEGRANTES SE ORIGINA O CESA EN EL FLUJO DE LAS VIVENCIAS. PERO EL SUJETO
PURO NO SE ORIGINA NI CESA, aunque a su modo “entra en escena” y de nuevo “sale de escena”. Entra en acción y queda de nuevo fuera de acción. Qué es esto y en general qué es y qué obra él mismo, lo captamos, y él lo capta, en el percibirse a sí mismo, que es justo una de sus acciones, y una acción tal que fundamenta la absoluta indubitabilidad de la captación del ser. De hecho, el yo puro no es otro, en efecto, que aquel que DESCARTES captó con mirada genial en sus magníficas meditaciones y estableció como tal para siempre, sobre cuyo ser no es posible ninguna duda, y que en toda duda volvería él mismo a encontrarse necesariamente como sujeto de la duda. Ahora bien, si tuviera algún sentido decir que este yo se origina o cesa, entonces tendríamos que verificar precisamente esta posibilidad en la dación pura, tendríamos que poder captar en la intuición pura la posibilidad esencial del originarse y el cesar. Pero tan pronto como intentamos hacerlo, el contrasentido salta a la vista. El yo puro mismo de tal intuición, a saber, el yo que observa y fija con la mirada, viviría por un lado en la continuidad de este observar, como lo idéntico de la duración inherente a él, y a la vez tendría que encontrar precisamente en esta duración un trecho temporal en que él mismo no fuera, y un punto inicial en el que entrara por primera vez en el ser. Tendríamos el contrasentido de que el yo absolutamente existente se hallaría a sí mismo, en la duración de su ser, como no existente, mientras que evidentemente la única posibilidad de que el yo puro no se halle a sí mismo es que no reflexione sobre sí mismo.189
El “yo puro” es inmortal y, en consecuencia, no tiene cuerpo ni alma:
Con seguridad es concebible una conciencia sin cuerpo, y, por paradójico que suene, también una conciencia sin alma, no personal, es decir, una corriente de vivencias en que no se constituyan las unidades intencionales de experiencia, cuerpo, alma, sujeto-yo empírico, o en que todos estos conceptos empíricos, y por ende también el de la vivencia en sentido psicológico (vivencia de una persona, de un yo animado) no tengan apoyo alguno, ni en todo caso validez alguna.190
esto de Husserl explicamelo profundamente
Yo soy y era el mismo que, al durar, “impera” en éste y en cada uno de los actos de conciencia; aunque, por otro lado, no soy un momento efectivo del acto mismo a la manera de un fragmento integrante. No soy un momento efectivo: en esto hay que poner la atención particularmente. TODO COGITO CON TODOS SUS FRAGMENTOS INTEGRANTES SE ORIGINA O CESA EN EL FLUJO DE LAS VIVENCIAS. PERO EL SUJETO
PURO NO SE ORIGINA NI CESA, aunque a su modo “entra en escena” y de nuevo “sale de escena”. Entra en acción y queda de nuevo fuera de acción. Qué es esto y en general qué es y qué obra él mismo, lo captamos, y él lo capta, en el percibirse a sí mismo, que es justo una de sus acciones, y una acción tal que fundamenta la absoluta indubitabilidad de la captación del ser. De hecho, el yo puro no es otro, en efecto, que aquel que DESCARTES captó con mirada genial en sus magníficas meditaciones y estableció como tal para siempre, sobre cuyo ser no es posible ninguna duda, y que en toda duda volvería él mismo a encontrarse necesariamente como sujeto de la duda. Ahora bien, si tuviera algún sentido decir que este yo se origina o cesa, entonces tendríamos que verificar precisamente esta posibilidad en la dación pura, tendríamos que poder captar en la intuición pura la posibilidad esencial del originarse y el cesar. Pero tan pronto como intentamos hacerlo, el contrasentido salta a la vista. El yo puro mismo de tal intuición, a saber, el yo que observa y fija con la mirada, viviría por un lado en la continuidad de este observar, como lo idéntico de la duración inherente a él, y a la vez tendría que encontrar precisamente en esta duración un trecho temporal en que él mismo no fuera, y un punto inicial en el que entrara por primera vez en el ser. Tendríamos el contrasentido de que el yo absolutamente existente se hallaría a sí mismo, en la duración de su ser, como no existente, mientras que evidentemente la única posibilidad de que el yo puro no se halle a sí mismo es que no reflexione sobre sí mismo.189
El “yo puro” es inmortal y, en consecuencia, no tiene cuerpo ni alma:
Con seguridad es concebible una conciencia sin cuerpo, y, por paradójico que suene, también una conciencia sin alma, no personal, es decir, una corriente de vivencias en que no se constituyan las unidades intencionales de experiencia, cuerpo, alma, sujeto-yo empírico, o en que todos estos conceptos empíricos, y por ende también el de la vivencia en sentido psicológico (vivencia de una persona, de un yo animado) no tengan apoyo alguno, ni en todo caso validez alguna.190