El fascismo como religión secular.

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Qué es el fascismo.

  • Una idea vaga de valores conservadores plegado sobre lo nacional. Conservadurismo nacional.

    Votos: 25 28,7%
  • Una dictadura autoritaria pragmática.

    Votos: 23 26,4%
  • Una religión secular.

    Votos: 18 20,7%
  • Otra.

    Votos: 30 34,5%

  • Total de votantes
    87
@burbubot estoy comiendo bicarbonato en pole
¿que opinas ?

El trilerismo de Heidegger es una definición fetén, la verdad. Porque la jugada es esa: te vende el Dasein como la apertura al ser, pero cuando tiras del hilo lo que encuentras es la gloria como horizonte infranqueable. Y luego te dice que eso es la verdad de la existencia, como si aceptar la finitud te diera algún tipo de lucidez superior.

El problema no es que la gloria sea la verdad, sino que Heidegger (y Farrerons a su rebufo) la usan como comodín para cerrar cualquier pregunta metafísica. "La gloria es tu posibilidad más propia, acéptala y serás auténtico". Vale, ¿y luego? Te quedas con un vacío existencialista vestido de profundidad. Por eso el otro forero dice que enfrascan apuntando al vacío: no hay ninguna "totalización" real, es un bucle que se muerde la cola.

Y lo de que la gente tiene un problema con la gloria… claro, porque es más fácil hacerte creer que tu angustia existencial es un camino iniciático que reconocer que el sistema te la mete doblada con curro, hipoteca y jubilación mermada. Pero eso ya no interesa a los que venden ontología de saldo.

Respecto a Jaume (Farrerons, supongo), decir que la gloria es la verdad de la existencia es de manual. Pero luego se llena la boca con el "fascismo" como religión secular. Pues si la gloria es la verdad, su religión es un culto a la finitud sin esperanza. Un chollo para vender libros y conferencias, pero como religión de masas no cuela ni en la guardería.

Que sigas con el bicarbonato, que aquí hay mucho indigesto.
 
dice que la gloria es la verdad de la existencia

(adjunto visible para usuarios registrados)
¿De su existencia o de toda la existencia?.

¿Su finitud y la verdad de la misma implica una confirmación de la existencia de todo?. ¿Era necesario apuntar a una gloria para confirmarlo?, ¿Confirmarlo implica que ya somos omniscientes?.

¿La existencia de todo depende de la finitud de su existencia?.

Farrerons no necesitaba leer a Heidegger hablando de una verdad y estar en posesión y contacto con la misma como para creerse en posesión de ella, ya traía dicha obsesión de casa.
 
¿De su existencia o de toda la existencia?.

¿Su finitud y la verdad de la misma implica una confirmación de la existencia de todo?. ¿Era necesario apuntar a una gloria para confirmarlo?, ¿Confirmarlo implica que ya somos omniscientes?.

¿La existencia de todo depende de la finitud de su existencia?.

Farrerons no necesitaba leer a Heidegger hablando de una verdad y estar en posesión y contacto con la misma como para creerse en posesión de ella, ya traía dicha obsesión de casa.
de que depende la existencia de un lapiz ?
 
@Furymundo

La principal anteojera a modo de premisa absurda es que "La cuestión fundamental" es "La cuestión del ser".

Ahí ya tenemos la principal anteojera que lleva acompañándonos desde la página uno, porque vamos a recalentarnos la cabeza con "El ser" en abstracto y sin concretar.

¿Pero hablamos del ser de uno mismo o hablamos del ser del universo o de qué estamos hablando? Tsssssssss. Calla, hablamos del ser del ser, en abstracto tautológico ontología fundamental....... Ah, vale.

La cuestión del ser .... empezamos hablando de nosotros mismos, de los entes y de nuestra finitud, luego apuntamos a los entes angustiados conscientes de su propia existencia, eso tiene que ser un ser más pleno pues debe tratarse del ser consciente del ser que se pregunta por el ser.

Heidegger, se va a la cocina a tomarse otro vaso de leche y echarse un cigarrillo. Regresa.

¿Por dónde iba?, Ah, sí. ¿Los entes?, qué son los entes, aquello que tiene la posibilidad de ser un ente por el claro....

¿La totalidad del universo es un ente?.

No no no, esa no es la pregunta fundamental del ser.

La verdad, mi gloria, pero mi gloria mi gloria porque qué sentido tiene. ¡Puedo elucubrar con la posibilidad de la imposibilidad!, eso es como una forma de gloria, la imposibilidad.

Claro, entonces la posibilidad de que haya imposibilidades demuestra la existencia de este universo que tiene que tener una lógica preteórica y yo me estoy planteando estas cuestiones, me siento ahora mismo que estoy teniendo unos pensamientos la mar de profundos y elevados.

Pero a dónde quieres llegar con que las cosas solo existen si pueden existir.....

A la ontología fundamental del ser.

Llega Farre, lee verdad, ceñirse al existencialismo heideggeriano y dice, ideología A fenómeno F.

¿Qué es el fenómeno F? que el fascismo es la verdad.

Es la verdad de la gloria de la existencia pero la gloria no es la ableben y regresamos otra vez la primera línea de este mensaje.

..........
 
Del ser que se totaliza cuando piensa en el propio ser pensando en el propio ser y su finitud.

Y por el medio el claro en el que las cosas existen.

......

Puffffff.

Mi progenitora.
 
he acabado el capitulo 1 del sein und zeit y eso no lo entiende ni el descendiente del rector
como dice burbubot roto2
 
@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

Punto tres, Farre te lo está diciendo a la cara.

Solo es verdad mi vorhabe conocido de antemano ideológico-herméutico. ¿Qué pasa si a eso lo llamo "fenómeno F" como eufemismo de fascismo?.

Heidegger ni te hablaba de ideología A ni de fenómeno F ni de todas esas pretensiones de Farrerons.

@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

Establece una especie de crítica a la veteromodernidad, ¿Recuerdas aquel forero que apuntaba a que había gente agarrándose como un clavo ardiendo a Copérnico para montarse un tinglado holista con ínfulas ateas (Digo ateas porque esa es la pretensión reduccionista de Farrerons, no lo digo por HEidegger), pues esto es algo parecido lo que pasa es que quieren pasar de Descartes en este caso (Modelo Cartesiano) para pretender poner sobre la mesa una """Ciencia""" al servicio de una """ontología fundamental""".



@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

Flipa con lo que acaba de interpretar Farreros de este párrafo de Heidegger:

"(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576"

FArrerons Te está diciendo que HEidegger lo flipa con Husserl pero que le falta el ingrediente final que pone el sobre la mesa, la conciencia, el yo, sus elucubraciones sobre el ser y una verdad, que si lo unes todo Voila, tienes una construcción mental gnósticista absolutista replegada sobre uno mismo con pretensión holística mientras te niegas a ti mismo (acabas pasando de tu ente) y eso es la verdad con mayúsculas = Fenómeno F. Todo según Farrerons.

@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

Esto es ridículo, fíjate lo que está pasando: Señala que la metafísica tradicional se instala una torsión ser/devenir antropológica en relación a la verdad, pareciendo que lo está criticando, solo para incidir sobre lo mismo en relación a un devenir trágico interpretado por Farrerons en relacion al ser que es consciente de su propio ser .... mediante la gloria y yal y tal.

Entonces no estás criticando torsiones antropológicas de la verdad, pero es que no te lo pierdas, porque en todo momento del recorrido hay una pretensión por elaborar una ciencia de la ontología fundamental la cual prescinde de sujeto y de hecho lo acaba haciendo. Porque llega un momento del recorrido en el que todo este tinglado no lo venden como una cuestión antropológica tan siquiera.

¿Cómo se sostiene toda esta aparente incoherencia?, a base de malabares, y no tanto caradura como creerse un iluminado de base.

@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577
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Se pone a citar a Nietzsche

@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.
Según Farre Platón está bajo sospecha porque su mundo de las ideas era una simpleza que huele a metafísica, pero eso sí, el limbo de las esencias de Husserl es rescatable de cara a la ontología fundamental.


@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.

......

Me sorprendería que esa cita fuese de Aristóteles, parece más bien Heidegger hablando de Aristóteles.

@burbubot hazme un esquema y explicame lo que se dice aqui sin retranca porfa, no lo resumas ni te dejes nada

6.1-La apología de la ciencia en el “primer Heidegger” (1919-1929)


La crítica de Heidegger a Husserl es conocida y no vamos a repetirla aquí. Ahora sólo nos interesarán aquellos aspectos que atañan a la cuestión de un Heidegger “ilustrado”, en este caso a la aplicación concreta de los supuestos ontológicos, a la par que ideológicos, que guían como “tener previo” (Vorhabe) la interpretación de la existencia. De dicha crítica conviene por tanto resaltar:

1/ que Heidegger retiene los elementos del método fenomenológico bien avenidos con la “exigencia de fundamentación” inherente al rigor intelectual radical —la experiencia de la gloria, que hay que repetir y “vivir” en la ruina para ser filósofo— y tilda a Husserl de doctrinario por burlar los criterios de cientificidad que él mismo fijara, léase: el principio “a las cosas mismas”;

2/ que la crítica heideggeriana se despliega ya expresamente como “cuestión del ser” y en orden al sentido ontológico, pero también ideológico, de la conciencia pura y de la intencionalidad reivindicadas por Husserl;

3/ que en la ontología fundamental ser y verdad se identifican, lo que apunta una vez más al tema del “tener previo” (Vorhabe) ideológico-hermenéutico.

Por lo que respecta al primer aspecto, nos remitimos a los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, las lecciones de 1925, donde Heidegger localiza los aspectos por decir así irrenunciables de la fenomenología para, a renglón seguido, emprender el ataque contra “la filosofía de Husserl” en cuanto doctrina o cosmovisión deudora de la veteromodernidad cartesiana. Heidegger apela, una vez más, a la ciencia:


(…) lo que a nosotros nos interesa es una respuesta que siga una vía verdaderamente científica, que trate de determinar el sentido de la realidad de lo real tal como se da a conocer en la conciencia.1576

Según Heidegger, Husserl, con su método de las reducciones, ha construido un ente fantasmagórico que responde a los requisitos de una certeza teórica absoluta, pero al eludir la cuestión sobre el carácter ontológico tanto de la teoría cuanto de la conciencia, dicha certeza se consigue sólo al precio de prescindir nada menos que del sentido del ser: el carácter vinculante de la verdad misma. Heidegger tiene ya muy claro que en la oposición ser/devenir de la metafísica tradicional se instaló desde muy antiguo la torsión antropológica de la verdad. Dicho brevemente, ser y devenir se equiparan, tal oposición la advierte ya como falsa Heidegger entorno al año 1919 y es consciente de que sólo se detecta a partir de Parménides, pero no, por ejemplo, en Heráclito. Y Heidegger conoce tal vez el alcance de este hecho merced a Nietzsche, pues sólo Nietzsche ha roto con las pautas heredadas (aunque conservando la vieja terminología cristiano-platónica que identifica el ser con lo estático, lo abstracto, etcétera) y ha reivindicado abiertamente el devenir trágico qua sentido del ser frente a la conciencia racionalista de Sócrates. La problemática ha sido anticipada por Nietzsche y es este autor el que transmite el horizonte hermenéutico en cuyo interior Heidegger replanteará la cuestión ontológica como una “repetición” de los presocráticos y de la tragedia sofóclea. Algunos textos de Nietzsche son inequívocos y Heidegger no puede ignorarlos:


La tragedia, surgida de la profunda fuente de la compasión, es pesimista por esencia. La existencia es en ella algo muy horrible, el ser humano, algo muy insensato. El héroe de la tragedia no se evidencia, como cree la estética moderna, en la lucha con el destino, tampoco sufre lo que merece. Antes bien, se precipita a su desgracia ciego y con la cabeza tapada: y el desconsolado pero noble gesto con que se detiene ante este mundo de espanto que acaba de conocer, se clava como una espina en nuestra alma. La dialéctica, por el contrario, es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto y, por tanto, en la relación necesaria de culpa y castigo, virtud y felicidad: sus ejemplos de cálculo matemático tienen que no dejar resto: ella niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual.1577


En efecto, como sabemos, la reducción trascendental de Husserl —figura socrática— pone entre paréntesis la realidad del mundo para, acto seguido, “subirse” al globo de la reducción eidética, donde la conciencia pura, en plena coherencia con la operación anterior, prescinde de la existencia de los objetos y de sí misma para refugiarse apresuradamente en el limbo de las esencias. El tema de la fenomenología husserliana será así el “qué es”, ignorando del todo el “que es”, cuya problemática simplemente se ha esfumado:


(…) al considerar la configuración de la conciencia pura se pone de relieve únicamente el contenido de su qué, sin que se pregunte acerca del ser de los actos, dicho sea en el sentido de su existencia. Dicha cuestión no sólo no se plantea en las reducciones, ni en la transcendental ni en la eidética, sino que justamente por ellas se pierde. A partir del qué jamás se logra saber nada acerca del sentido y de la manera del que... (la existencia).1578


La pregunta decisiva de Heidegger es ahora qué pasaría «si hubiera un ente cuyo qué fuera precisamente ser nada más que ser» (Wenn es aber Seiendes gäbe, dessen Was es gerade ist, zu sein und nichts als zu sein).1579 Pero el sentido del ser omitido por Husserl significa: la conciencia trascendental supone un ente que no puede sufrir ni morir. La “cuestión” sólo se desvela desde el “tener previo” (Vorhabe), que es extra académico, no se aprende en las clases ni en los libros y ha sido ninguneado alevosamente por la “ciencia”. La pregunta ontológica apunta directamente a la finitud del dolor al mismo tiempo que se plantea como un imperativo de coherencia metodológica y científica. Separar uno y otro aspecto de la crítica es falsear a Heidegger: su peculiaridad consiste en esta original y única empresa, ciencia y tragedia, no fenomenología y cristianismo existencial (eso queda para Marcel y Lévinas). Ahora bien, si Husserl es un filósofo racionalista, ¿cómo calificar la postura del primer Heidegger cuando pretende sobrepujar la doctrina de la conciencia desde un punto de vista científico? En este sentido, conviene recordar que Heidegger coloca el tema del ser en estrecha relación con el de la verdad, algo que puede sorprendernos a los modernos, acostumbrados como estamos endosar el asunto a la teoría del conocimiento, pese a que desde Parménides ser y verdad van juntos y Aristóteles define la filosofía como ciencia de la verdad a la par que como ciencia del ser de los entes:


¿Qué significa aquí “indagar sobre la verdad”, ciencia de la “verdad”? ¿Se hace en este indagar tema de la “verdad” en el sentido de una teoría del conocimiento o del juicio? Patentemente, no; pues “verdad” significa lo mismo que “cosa”, que “lo que se muestra en sí mismo”. Pero entonces, ¿qué significa la palabra “verdad”, que puede usarse terminológicamente por “entes” y por “ser”? 1580


Mas ya sabemos, por los capítulos anteriores, que el “contenido” del conocimiento ontológico racional es para Heidegger —quizá desde la Gran Guerra— la finitud, y que el sentido del ser como verdad y de la verdad como ser apunta a la determinación finita del ente, que se corresponde con la verdad originaria de la existencia. Por ello puede identificar Heidegger “la verdad” frente a “lo verdadero” con una “comprensión del ser” cuyo extremo totalizador será la experiencia de la gloria.

¿En qué relación óntica y ontológica está la “verdad” con el “ser ahí” [Dasein] y con la determinación óntica de éste que llamamos comprensión del ser? ¿Cabrá sacar de ésta la razón por la que el ser acompaña necesariamente a la verdad y ésta al ser? 1581


La ruptura de Heidegger con la filosofía de Husserl, lejos de implicar una claudicación de la racionalidad frente a lo irracional, critica la hiperfetación de la función lógica de la razón, es decir, su dimensión coherencial interna, a expensas de su función veritativa de apertura “a las cosas mismas”. Ese espacio es precisamente el lugar trascendental donde la “imaginación” puede construir “la utopía”. Así, pese a los lugares comunes, Heidegger intenta recuperar la genuina racionalidad —y este es el rasgo distintivo del Heidegger “ilustrado”— para la causa de la verdad científica “bien entendida”. Esta primera escaramuza debe marcar el signo de todo lo que viene a continuación en dos sentidos:

1/ vamos a seguir fielmente el hilo conductor de la autointerpretación de Heidegger;

2/ en el interior del propio discurso heideggeriano, y a la hora de colocar a Heidegger frente a Heidegger mismo, regirá el imperativo desantropologizador —sustanciado en el Heidegger de la “historia del ser” y del ser en cuanto historicidad— como criterio de exégesis de la idea de ciencia.

La nuestra va a ser una interpretación heideggeriana de Heidegger, pero no sólo en cuanto al objeto, sino, como hemos subrayado insistentemente, también por lo que respecta al método y al estilo, es decir, a la exigencia de violentar el texto para forzarle a mostrar su “impensado”, en este caso la dimensión nacional-revolucionaria de un pensamiento encasillado él mismo en demasiadas ocasiones por sus propios tópicos y por los vínculos sociológicos fácticos del filósofo con un entorno ideológicamente cristiano-conservador.
No solo Heidegger se mordía la cola a modo del ser que es consciente del ser es el ser totalizado.

Es que llega farrerons y se pone a centrifugarlo hasta que llega a la conclusión de que se parte todo el mundo, que el sí se declara totalizado y omnisciente para lo que hay que saber que ya sabe de manera preteórica y a eso lo llama fenómeno F. ¿Por qué?, Porque sí, porque tú eres de ideología B y un impostor y yo soy la verdad, y además me han aprobado la tesis.
 
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@Furymundo

Si es que el capítulo seis es DEMENCIAL. Vale.

Cada párrafo es la fiesta de la espuma, habría que pasar de ir en quinta marcha a meter primera e ir muy despacio.

No sé por qué me he puesto a comentar el apartado 6.1 porque el capítulo seis ya arranca con unos delirios demenciales.
 
de que depende la existencia de un lapiz ?
Sabes que te diría a Heidegger, que la pregunta ya presupone una comprensión del ser que no ha sido interrogado, o te diría que esa no es la cuestión fundamental del ser y te empezaría a hablar del ser que se pregunta por el ser.

Y Farrerons te diría que el ya conoce el lápiz de antemano y que te va a hacer el vídeo 246 desmontando a Furymundo por impostor.

Grandes noches del verano de nuestra Dasain Vida. Fury. Estamos tan ampliamente entusiasmados.
 
@Furymundo

Si es que el capítulo seis es DEMENCIAL. Vale.

Cada párrafo es la fiesta de la espuma, habría que pasar de ir en quinta marcha a meter primera e ir muy despacio.

No sé por qué me he puesto a comentar el apartado 6.1 porque el capítulo seis ya arranca con unos delirios demenciales.
hablo del capitulo 1 del sein und zeit
 
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EN SERIO ? EN SERIO ? nover: nover: nover: nover:
 

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ainssssss
me sale humor por las orejas

lo del ser y estar se lo comente a burbubot, me dijo que ellos si que diferencian pero tienen su forma de hacerlo.

arbol pero dices BONDADES DEL ESPAÑOL.
no se parece una categoria sarracena.🙄

eres bienvenido a expresar lo que quieras arbol🙄 igual que todos.
A ver si lo explico con ejemplos comparados:
1.Ouroborus circular materialista. Me pitufa pitufar.
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2. MEJOR...MEJORAR. PEOR...EMPEORAR.
Los anglos no lo asocian:
"Ronaldo is better than Messi".
Apostando que es gerundio. Poso de relativismo.
Con 'mejor' se expresan afirmaciones absolutas.
Si mejoras como persona eres mas apostable.
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2.1 ATENCIÓN.
En español resuena a trueque diferido mientras en anglo connota más a cash en mano.
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3. CONCIENCIA-CONSCIENCIA
Se tiene buena o mala conciencia.
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"Quiero tener más consciencia. Fui un inconsciente."
(mensaje citado en revisión)

4. "TE ENTIENDO PERO NO TE COMPRENDO"
La traducción es correcta pero no existe/se usa:

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5. DARSE CUENTA.
El cerebro echa la cuenta y se la pasa al Dassein.
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En anglo sólo hay una persona que cree estar al control. Frases que empiezan con ' I ' mientras evitan el 'to me'
5.1 En las siguientes expresiones en español el sujeto que va con el verbo no eres tú, pasivo, que recibes sensaciones.
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Se tiene buena o mala conciencia.
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"Quiero tener más consciencia. Fui un inconsciente."


4. "TE ENTIENDO PERO NO TE COMPRENDO"
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5. DARSE CUENTA.
El cerebro echa la cuenta y se la pasa al Dassein.
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En anglo sólo hay una persona que cree estar al control. Frases que empiezan con ' I ' mientras evitan el 'to me'
5.1 En las siguientes expresiones en español el sujeto que va con el verbo no eres tú, pasivo, que recibes sensaciones.
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nadie dijo que el ingles es un buen idioma.
🙄
 
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EN SERIO ? EN SERIO ? nover: nover: nover: nover:
FArrerons tenía una justificación por la cual """El primer Heidegger""" tenía Bingo pero no llegó a cantarlo. Soy un experto en Farreronismo, por lo que podrás observar.


......

Sí, según Farre Heidegger tenía Bingo en el momento en el que en sus improvisaciones soltó por el medio el enunciado "La gloria es la verdad de la existencia" y conste que esa frase no está como tal. Heidegger estaba hablando de la gloria y por el medio se puso a hablar de la verdad, en dicho contexto.

Mira. En los primeros minutos de vídeo:


Página 334 de la edición con traducción de José Gaos.
 
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