@burbubot lo mismo
La apuesta de Heidegger es arriesgada porque, según el tenor literal de sus palabras, podría entenderse que es la ciencia misma lo que hay que cuestionar, por ejemplo en el caso de la historiografía:
No está escrito que, por el hecho de que la ciencia de la historia trate de la historia, esta historia, tal como se entiende en la ciencia, tenga que ser necesariamente también la realidad histórica verdadera.1605
Sobre este extremo ya hemos ahondado el capítulo anterior, donde vimos que, sin tener que manipular hecho alguno, simplemente jerarquizando las fuentes en función de su presunta “importancia” y a tenor de meros criterios políticos, podemos obtener como “producto científico” una historia de la que cabe preguntarse de forma legítima, con Heidegger, si es necesariamente “la realidad histórica verdadera” o una simple manipulación. Ahora bien, cuando habla de ciencia, ¿se está refiriendo Heidegger a la ciencia positivista del siglo XIX o a la ciencia en general? Si aceptamos esta última opción interpretativa no sólo carece de sentido el entero proyecto de una ciencia originaria en la que Heidegger se encuentra inmerso desde 1919, sino la lógica misma del texto. En efecto, según Heidegger, no se trata de renunciar a la ciencia en cuanto tal, sino de establecer «una base adecuada para la teoría de las ciencias» (der Boden für die Theorie der Wissenschaften).1606 De acuerdo con este primer acercamiento, bastaría con renunciar a los dogmas positivistas y fijar dicha “base adecuada” para que la historia tal como la entiende la ciencia se correspondiese con la “realidad histórica verdadera”. Pero Heidegger no nos lo deja fácil, pues en el parágrafo anterior había hecho, si cabe, una afirmación todavía más grave e inequívoca:
Pudiera ser que para el modo científico posible de alumbrar un campo de cosas haya algo esencial que necesariamente le quede cerrado; es más, que le tenga que quedar cerrado, si la ciencia quiere responder a su cometido más propio.1607
El “pudiera ser” con que Heidegger empieza la frase tiene un carácter claramente retórico. Es evidente que, para Heidegger, las ciencias empíricas, como tales, no pueden acceder a los ámbitos fenoménicos en que se fundan sus objetos sin deformarlos y perderlos ipso facto de vista, léase: sin volatilizarlos precisamente en tanto que fijados en posición de objeto. Pero Heidegger no abandona con ello dichos ámbitos fenoménicos a la irracionalidad, antes bien, hace suya la premisa de no interferencia filosófica en el campo de los hechos, pues la ciencia tiene que “responder a su cometido más propio”. Donde la filosofía interviene es únicamente en los criterios de determinación preteóricos que orientan la constitución misma del “hecho”, objeto de la ciencia. Ahora bien, lejos de ofertar baratijas irracionalistas, Heidegger está intentando proyectar luz sobre fenómenos de fundamental valor cognoscitivo, ajenos, empero, a todo control racional por parte de la ciencia empírica, la cual simplemente carece de “órganos” epistemológicos para percibirlos. Así, si los campos mencionados permanecen en la penumbra del no-saber, es la ciencia misma la que deviene “irracional” (o meramente racional-instrumental), porque dichos espacios pueden resultar a la postre usurpados por fuerzas hostiles a los intereses de la propia ciencia, como es el caso de nuestra actual historiografía por parte de la “ideología B”:
Como en la realidad (...) sólo se puede peine saltando en cierto modo por encima de las ciencias, ese alumbrar la realidad verdaderamente filosófico, precientífico, resulta ser lo que yo llamo una lógica productiva, esto es, un alumbrar previo, peine conceptualmente en lo que serían posibles dominios de objetos para las ciencias.1608
No está escrito que, por el hecho de que la ciencia de la historia trate de la historia, esta historia, tal como se entiende en la ciencia, tenga que ser necesariamente también la realidad histórica verdadera.1605
Sobre este extremo ya hemos ahondado el capítulo anterior, donde vimos que, sin tener que manipular hecho alguno, simplemente jerarquizando las fuentes en función de su presunta “importancia” y a tenor de meros criterios políticos, podemos obtener como “producto científico” una historia de la que cabe preguntarse de forma legítima, con Heidegger, si es necesariamente “la realidad histórica verdadera” o una simple manipulación. Ahora bien, cuando habla de ciencia, ¿se está refiriendo Heidegger a la ciencia positivista del siglo XIX o a la ciencia en general? Si aceptamos esta última opción interpretativa no sólo carece de sentido el entero proyecto de una ciencia originaria en la que Heidegger se encuentra inmerso desde 1919, sino la lógica misma del texto. En efecto, según Heidegger, no se trata de renunciar a la ciencia en cuanto tal, sino de establecer «una base adecuada para la teoría de las ciencias» (der Boden für die Theorie der Wissenschaften).1606 De acuerdo con este primer acercamiento, bastaría con renunciar a los dogmas positivistas y fijar dicha “base adecuada” para que la historia tal como la entiende la ciencia se correspondiese con la “realidad histórica verdadera”. Pero Heidegger no nos lo deja fácil, pues en el parágrafo anterior había hecho, si cabe, una afirmación todavía más grave e inequívoca:
Pudiera ser que para el modo científico posible de alumbrar un campo de cosas haya algo esencial que necesariamente le quede cerrado; es más, que le tenga que quedar cerrado, si la ciencia quiere responder a su cometido más propio.1607
El “pudiera ser” con que Heidegger empieza la frase tiene un carácter claramente retórico. Es evidente que, para Heidegger, las ciencias empíricas, como tales, no pueden acceder a los ámbitos fenoménicos en que se fundan sus objetos sin deformarlos y perderlos ipso facto de vista, léase: sin volatilizarlos precisamente en tanto que fijados en posición de objeto. Pero Heidegger no abandona con ello dichos ámbitos fenoménicos a la irracionalidad, antes bien, hace suya la premisa de no interferencia filosófica en el campo de los hechos, pues la ciencia tiene que “responder a su cometido más propio”. Donde la filosofía interviene es únicamente en los criterios de determinación preteóricos que orientan la constitución misma del “hecho”, objeto de la ciencia. Ahora bien, lejos de ofertar baratijas irracionalistas, Heidegger está intentando proyectar luz sobre fenómenos de fundamental valor cognoscitivo, ajenos, empero, a todo control racional por parte de la ciencia empírica, la cual simplemente carece de “órganos” epistemológicos para percibirlos. Así, si los campos mencionados permanecen en la penumbra del no-saber, es la ciencia misma la que deviene “irracional” (o meramente racional-instrumental), porque dichos espacios pueden resultar a la postre usurpados por fuerzas hostiles a los intereses de la propia ciencia, como es el caso de nuestra actual historiografía por parte de la “ideología B”:
Como en la realidad (...) sólo se puede peine saltando en cierto modo por encima de las ciencias, ese alumbrar la realidad verdaderamente filosófico, precientífico, resulta ser lo que yo llamo una lógica productiva, esto es, un alumbrar previo, peine conceptualmente en lo que serían posibles dominios de objetos para las ciencias.1608
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