España envejece sin relevo generacional: el feminismo bajo sospecha
¿Por qué España no reemplaza a su población? La pregunta lleva años sobre la mesa y admite respuestas poco glamurosas —hipotecas, sueldos, guarderías— y otras que venden mucho más. Una tesis que circula con insistencia sostiene que la caída de la natalidad no es un efecto colateral del mercado laboral, sino un objetivo deliberado: el
feminismo funcionaría como correa de transmisión de un plan para esterilizar a las mujeres españolas. El cóctel mezcla comprobaciones evidentes con afirmaciones que no aguantan un examen serio, y precisamente por eso resulta tan pegajoso.
La tesis: el feminismo como herramienta de esterilización
El diagnóstico de partida afirma que lo que ha reemplazado a la civilización cristiana es un conjunto de ideas irracionales que llevan al exterminio, y sitúa el feminismo como una escisión del marxismo más radical. La comparación que se usa es explícita: los documentales sobre la Unión Soviética o la China de Mao de los años sesenta mostrarían, según esta lectura, los mismos postulados —destrucción de la familia, dependencia del Estado, desaparición de tradiciones y folklore—. El objetivo, se argumenta, es convertir a las personas en un rebaño que delega decisiones y deja de pensar.
No hay unanimidad ni dentro de esa corriente. Otra línea sostiene que el feminismo no es una escisión del marxismo sino del liberalismo, y que su origen está en el siglo XIX y en los países protestantes. La discrepancia no es menor: si el enemigo es el marxismo, la crítica se organiza contra el Estado; si es el liberalismo, el reproche apunta al mercado.
¿Cuántos hijos tenía la generación de nuestras abuelas?
El argumento demográfico se apoya en la memoria familiar. Se recuerda a una abuela con
diez hijos, en una casa donde los gatos dormían en el pajar, cazaban ratones y no tenían nombre. De ahí se extrae la conclusión de que aquellas mujeres fueron las últimas normales y de que buena parte de los treintañeros actuales no tendrá descendencia.
La misma línea sostiene que, superados los
23 años, el cerebro deja de crecer y la persona entra en piloto automático dominada por la neofobia, de modo que quien no ha consolidado pareja y maternidad antes de esa edad ya no lo hará. Se presenta como fisiología, pero no va acompañado de ninguna referencia. Es el tipo de dato que suena a ciencia y funciona como consigna.
Japonización: el único concepto con respaldo técnico
Aquí el relato pisa terreno firme. La japonización describe un escenario de crecimiento muy bajo, inflación inexistente o deflación, deuda pública elevada, población envejecida, fecundidad mínima y tipos de interés cero o negativos. El análisis que se cita para definirla está fechado el
28 de junio de 2019, antes de la pandemia, y ese detalle se subraya como prueba de que el problema venía de antes. Es el único tramo del argumento que no exige un acto de fe: los indicadores están ahí.
De las telefonistas a la inteligencia artificial
A partir de ahí se añade la capa tecnológica. Un solo invento eliminó a millones de telefonistas en todo el mundo, y nada impide que la robótica y la inteligencia artificial hagan lo mismo con cajeras de supermercado y con buena parte de los empleos conocidos. La conclusión que se extrae es que el modelo laboral vigente estaba condenado a cambiar de todas formas, con pandemia o sin ella.
El caso japonés se describe de forma aún más cruda: de
130 millones de habitantes, 120 millones serían esclavos y diez millones se dedicarían al paripé. La cifra no procede de ningún organismo estadístico, pero circula como si fuera un dato.
La maquinaria cultural que fabrica el espejo
El relato no se queda en la economía. Sostiene que el adiestramiento diario llega por la vía de lo que se llama cultura: películas, series, canciones y programas de humor que construyen una imagen de la sociedad que no responde a la realidad, pero que el público intenta imitar. Se compara ese mecanismo con las rutinas de los animales de circo —siempre la misma función a la misma hora, con refuerzo positivo— y con las normas laborales más rígidas, como el fichaje al minuto. Habrá quien sonría, aunque la sospecha sobre el entretenimiento como pedagogía no es nueva.
La sustitución demográfica y el plan sin pruebas
El tramo final conecta natalidad con inmigración. Se sostiene que, ante la falta de hijos, la solución elegida pasa por importar población reproductora mediante un efecto llamada al que se atribuye incluso un sueldo garantizado, y se menciona el
plan Kalergi como supuesto diseño de sustitución. Conviene ser claro: no existe documentación que respalde ese plan, y ninguna política migratoria española responde a un programa de esterilización.
En el terreno sanitario ocurre algo parecido. Se afirma que el virus apenas golpeó a países de mayoría musulmana y se cita a
Nigeria, con 200 millones de habitantes, como prueba. Es una lectura que no se apoya en exceso de mortalidad verificado, solo en el recuento del momento.
El cierre del razonamiento es impecable en su lógica interna: si la natalidad se hunde, las tradiciones desaparecen y el relevo llega de fuera, entonces alguien lo ha diseñado. La explicación alternativa —que una generación con hipotecas largas, salarios contenidos y guarderías caras tenga menos hijos— es mucho menos cinematográfica. Y por eso no hay documental.