Xbox cambia de cúpula mientras el negocio de consolas se tambalea
¿Puede una marca que vendió decenas de millones de consolas desaparecer del negocio del hardware? Es la pregunta que sobrevuela desde que se confirmó la salida de
Phil Spencer y
Sarah Bond de la división de videojuegos de Microsoft, en pleno año del 25 aniversario de la plataforma. La noticia llegó después de meses de rumores sobre cancelaciones de proyectos y de un cambio de estrategia que empuja a la compañía hacia el
todo es una Xbox y los servicios en la nube. La nueva responsable es una directiva procedente del área de inteligencia artificial de la compañía, sin recorrido previo en el negocio del videojuego.
Qué ha pasado con Phil Spencer y Sarah Bond
El anuncio se produjo de forma abrupta.
Phil Spencer se retira y
Sarah Bond renuncia a su puesto, según el relato que circula entre quienes siguen el sector. El momento elegido, con el 25 aniversario de Xbox en el calendario, alimenta todo tipo de lecturas: hay quien sostiene que el retiro estaba pactado desde hace tiempo y quien apunta a un ajuste de cuentas interno tras años de resultados flojos.
La idea de que
todo es una Xbox —llevar los juegos a cualquier pantalla, incluida la de la competencia— se atribuye a la propia Bond, y no sentó bien dentro de la casa. La nueva CEO llega desde el área de inteligencia artificial de Microsoft, un nombramiento que muchos interpretan como una señal: la compañía prioriza la nube y la IA por encima del hardware tradicional.
El Game Pass y el coste real de la suscripción
Una de las críticas más repetidas apunta al modelo de suscripción. El cálculo que circula es contundente:
27 euros al mes y 330 euros al año por no tener ningún juego en propiedad. A eso se suma que la conversión de Xbox Live Gold a Game Pass Ultimate se ha ido restringiendo, las recompensas se han recortado y los precios han subido en varias tandas.
La comparación con Netflix no se sostiene, argumentan algunos: una película dura dos horas, un videojuego puede durar meses. Alquilar sale caro cuando el producto es largo. Comprar y revender, en cambio, siempre fue más barato.
La compra de Activision y el efecto contrario
Microsoft cerró la adquisición de
Activision Blizzard King el 13 de octubre de 2023 por 68.700 millones de dólares, una de las mayores operaciones de la historia del sector. Integró Call of Duty, Warcraft, Diablo y Candy Crush en su parrilla. El resultado, sin embargo, no ha sido el esperado: los juegos estrella han acabado saliendo también en PlayStation y Nintendo, de modo que la competencia se ha beneficiado del desembolso sin poner un euro.
El declive que empezó con Kinect
La cronología que manejan los más veteranos sitúa el punto de inflexión en Kinect. La Xbox original y la 360, con Peter Moore al frente, son recordadas como la mejor época. A partir de ahí, la cosa fue cuesta abajo: la Xbox One, el foco en la televisión, la pérdida de exclusivos y una deriva que muchos resumen en una frase:
se lo buscaron ellos solitos.
La sombra que se cierne sobre PlayStation
No todo el mundo cree que el problema sea exclusivo de Microsoft. Hay quien sostiene que
a Sony no le queda más de una generación antes de enfrentarse a los mismos dilemas: consolas más caras, suscripciones al alza y un catálogo cada vez más dependiente de refritos. El móvil, mientras tanto, se come al público joven.
El futuro: ¿habrá nueva consola de sobremesa?
Los rumores apuntan a que el desarrollo de la siguiente consola de sobremesa podría haberse cancelado, y que Xbox se quedaría exclusivamente con XCloud, con un modelo de pago y otro gratuito con anuncios. La compañía no ha confirmado nada de esto. Lo que sí es un hecho es que la nueva cúpula viene del mundo de la IA, no del videojuego.
La pregunta ya no es si Xbox desaparece, sino cuándo y en qué forma. Y si alguien echará de menos lo que fue.