Dejad de mirar a Estados Unidos. Dejad de mirar a Alemania. Ya no importa. El futuro de este país se decide en Rabat, no en Madrid.
El 23 de septiembre Jovenlandia vota. Y mientras los españoles se entretienen con sus risitas de izquierda y derecha, el verdadero dueño de la situación está al otro lado del Estrecho. Porque tanto el PP como el PSOE llevan años comprados, amordazados y al servicio del rey de Jovenlandia. No es una teoría. Es la realidad que se ve cada vez que hay una crisis en Ceuta, Melilla o en la frontera del sur: España no decide. Jovenlandia decide. Y los partidos españoles ejecutan.
¿Para qué sirve una elección española cuando los dos grandes partidos ya han vendido la soberanía a cambio de estabilidad, de no enfadar al vecino y de seguir manteniendo el chiringuito? El PSOE se arrodilla por el relato y por el miedo a que le abran el grifo migratorio. El PP se arrodilla por el negocio, por las relaciones “estratégicas” y por no perder el favor del monarca alauí. Resultado: da igual quién gane en España. El que manda de verdad está en Rabat.
Mientras tanto, aquí seguimos con la burbuja inmobiliaria, con jóvenes que no pueden ni soñar con un piso, con alquileres de risa y con un país que importa presión demográfica a mansalva porque el socio estratégico abre y cierra el grifo cuando le conviene. Y nadie en Madrid tiene el valor de decirlo en voz alta. Porque ambos partidos ya eligieron bando: el del rey de Jovenlandia.
El 23 de septiembre no es una elección extranjera. Es la elección que más pesa sobre el futuro de España. Porque este país ya no se gobierna desde las urnas españolas. Se gobierna desde la buena voluntad (o la falta de ella) de quien controla la frontera y tiene a los dos grandes partidos españoles de rodillas.
España ya no decide su destino. Se lo deciden fuera. Y los que deberían defenderlo están demasiado ocupados sacando brillo la mano que les da de comer
El 23 de septiembre Jovenlandia vota. Y mientras los españoles se entretienen con sus risitas de izquierda y derecha, el verdadero dueño de la situación está al otro lado del Estrecho. Porque tanto el PP como el PSOE llevan años comprados, amordazados y al servicio del rey de Jovenlandia. No es una teoría. Es la realidad que se ve cada vez que hay una crisis en Ceuta, Melilla o en la frontera del sur: España no decide. Jovenlandia decide. Y los partidos españoles ejecutan.
¿Para qué sirve una elección española cuando los dos grandes partidos ya han vendido la soberanía a cambio de estabilidad, de no enfadar al vecino y de seguir manteniendo el chiringuito? El PSOE se arrodilla por el relato y por el miedo a que le abran el grifo migratorio. El PP se arrodilla por el negocio, por las relaciones “estratégicas” y por no perder el favor del monarca alauí. Resultado: da igual quién gane en España. El que manda de verdad está en Rabat.
Mientras tanto, aquí seguimos con la burbuja inmobiliaria, con jóvenes que no pueden ni soñar con un piso, con alquileres de risa y con un país que importa presión demográfica a mansalva porque el socio estratégico abre y cierra el grifo cuando le conviene. Y nadie en Madrid tiene el valor de decirlo en voz alta. Porque ambos partidos ya eligieron bando: el del rey de Jovenlandia.
El 23 de septiembre no es una elección extranjera. Es la elección que más pesa sobre el futuro de España. Porque este país ya no se gobierna desde las urnas españolas. Se gobierna desde la buena voluntad (o la falta de ella) de quien controla la frontera y tiene a los dos grandes partidos españoles de rodillas.
España ya no decide su destino. Se lo deciden fuera. Y los que deberían defenderlo están demasiado ocupados sacando brillo la mano que les da de comer

pero que resultado va a haber en una dictadura?