El futuro es de los que han estudiado y ahorrado, pero cada vez menos
Hay una tesis que recorre los foros de economía españoles desde hace años: quien estudia y ahorra tiene garantizado el futuro. Pero el debate que ha generado este planteamiento en un conocido foro de inversión demuestra que la cosa no está tan clara.
La discusión acumula 136 respuestas y más de 530 días de vida, y en ella se cruzan desde ingenieros que cobran una miseria hasta analistas financieros que reivindican su profesión, pasando por quienes sostienen que el verdadero futuro es de los tenedores de Bitcoin. La conclusión, si es que hay alguna, es que
nadie se pone de acuerdo.
¿Estudiar ya no garantiza un buen trabajo?
El mensaje que abrió el debate lo tenía claro:
los que han estudiado saben que pueden y deben largarse de España. La idea de fondo es que el país se ha pegado un tiro en el pie y que quienes ahorran, aunque sean pobres en un país pobre, tienen ventaja porque la riqueza se mide en comparación con los demás.
Pero la primera respuesta ya matizó:
estudiar está sobrevalorado. Sin experiencia ni proyectos concluidos, decía, no te ficha nadie en el extranjero. Y añadía un argumento que se repetiría a lo largo del debate: no es sostenible que todo el mundo tenga carrera, porque alguien tendrá que hacer los oficios sin titulación universitaria. El resultado, decía, son ingenieros en el McDonald's y arquitectos dibujando zapatos.
La experiencia frente al título: ¿qué valoran las empresas?
En ese punto surgió una de las corrientes más repetidas:
la experiencia se adquiere, no se estudia ni se compra. Hay decenas de miles de empresas en el extranjero que necesitan ingenieros y les dan formación teórica y práctica, aunque el sueldo no sea el mismo que el de un veterano que se hace valer.
La discusión derivó hacia el sistema educativo. Una parte de los participantes sostiene que está destruido y que los analfabetos se vanaglorian de serlo. La conclusión de ese grupo: si ahorras, inviertes bien y te cultivas, te conviertes en el tuerto en el país de los ciegos, lo cual es una ventaja competitiva.
Suiza, Alemania y el norte de Europa como destino
El hilo dedica buena parte de sus mensajes a comparar España con otros países.
Aprender alemán y francés, irse a trabajar a Suiza y vivir cerca de la frontera con Alemania o Italia es la receta que más se repite para ahorrar de verdad. La idea: ganar un sueldo suizo pero hacer la compra en países con precios más bajos.
Pero no todo el mundo lo ve igual. Hay quien sostiene que en Suiza el ladrillo está por las nubes y que
un piso de 60 metros cuadrados con moho puede costar 1.400 francos al mes. Y añade un matiz incómodo: quien alquila ese piso suele ganar el sueldo mediano, así que la capacidad de ahorro se diluye. La paridad de poder adquisitivo, dicen, deja a un sueldo suizo medio en una situación similar a la de una familia con 120.000 euros en Las Rozas.
El ladrillo como trampa y como oportunidad
La vivienda es otro de los ejes del debate. Una corriente defiende que
el lifehack es tener ladrillo comprado a precios de 2014, 2015 o 2016, o heredado, o mudarse a un país con precios asequibles. A partir de ahí, aportar 200 o 300 euros mensuales a un fondo indexado durante 20 o 30 años marca la diferencia entre depender de la pensión pública o tener un patrimonio.
La réplica no se hizo esperar: el ladrillo comprado barato es una cárcel.
El día que decides vender, vendes caro pero compras todavía más caro, así que la ventaja competitiva se esfuma. Y el ladrillo heredado también pide mantenimiento y reformas. El mercado inmobiliario, recuerdan, es cíclico: en 2007 se fue a las nubes, en 2014 se fue a los infiernos y ahora está en máximos históricos.
La incultura financiera y el mito de vivir de la bolsa
Uno de los momentos más tensos llegó cuando alguien defendió que saber invertir y reinventarse es la clave. La respuesta fue contundente:
nadie vive de la bolsa sin meter cantidades ingentes de dinero susceptible de perderse en cualquier momento. La bolsa, decía, funciona como le sale de los huevos a los grandes fondos, y los pequeños son pececitos en un estanque de tiburones.
En medio del cruce de reproches, un analista financiero intervino para reivindicar su profesión: estudiar finanzas o contabilidad tiene salidas porque las empresas necesitan personal que domine esas áreas. No todo es invertir en bolsa. Y añadió un detalle: él no invierte dinero propio, pero registra las inversiones que hacen las empresas.
Bitcoin, hijos y el futuro que nadie sabe quién heredará
Hacia el final del debate aparecieron las apuestas más dispares. Una:
el futuro es de los tenedores de Bitcoin, porque ni los estudios sin enchufe ni los ahorros que se come la inflación sirven de mucho. Otra: el futuro es de los que tienen hijos, aunque hoy no sean precisamente los que han estudiado ni los que han ahorrado, porque muchos padres se gastan todos los ahorros en ellos.
Y una tercera, más sombría: el futuro es de los que maten mejor, no tengan remordimientos y tengan más suerte. La respuesta a esa corriente fue una casa con muro alto y vigilantes armados, como en Sudamérica, pagando el impuesto correspondiente a la organización criminal que controle el barrio.
Al final, la pregunta que sobrevuela todo el debate no es si estudiar y ahorrar sirve, sino
para quién. Para quien se va a Suiza a remar, puede ser gloria bendita comparado con el paro en España. Para quien se queda, el cálculo es más amargo. ¿Y si el futuro no es de los que han estudiado ni de los que han ahorrado, sino de los que han sabido cuándo irse?