El misterio del gato que solo bebe agua sucia: ¿capricho o instinto?
Hay dueños que agotan todas las marcas de agua embotellada, cambian cuencos a diario y hasta ponen fuentes, y su gato sigue bebiendo del posavasos de las macetas o del charco de la acera. La escena se repite en miles de hogares: el felino ignora el agua fresca y prefiere la que tiene restos de tierra, hojas o incluso cloro de piscina. ¿Qué hay detrás de esta conducta?
La primera explicación es biológica. Los gatos tienen preferencias innatas por el agua en movimiento y alejada de la comida. Colocar el cuenco junto al plato de pienso puede inhibir la ingesta de agua, porque en la naturaleza asocian el agua estancada cerca de una presa muerta con contaminación. Además, el cloro del grifo les resulta desagradable. Dejar reposar el agua unas horas o usar recipientes anchos ayuda, pero no siempre funciona.
Otra posibilidad menos alegre es que el rechazo repentino al agua limpia y la búsqueda de fuentes insólitas – como el agua de la piscina o el inodoro – puede ser síntoma de enfermedad renal o dental. Varios veterinarios alertan: un gato que cambia drásticamente su patrón de hidratación merece una revisión, sobre todo si supera los siete años.
Pero también está el factor carácter. Hay gatos que simplemente se empeñan en beber del grifo, del bidé o de una maceta. Una dueña contaba que su gato, durante dos años, rehusó el agua del cuenco y se iba a beber al bebedero de los pájaros, lleno de suciedad. Solo cuando le compró una fuente de agua en movimiento empezó a beber de nuevo. El instinto puede más que la lógica humana.
El dato que descoloca: algunos gatos, aunque tengan agua limpia en casa, prefieren beber del agua de la piscina con lejía. La razón no está clara, pero sugiere que el sabor o el olor del cloro les atrae. Una conducta que desafía cualquier consejo racional de consumo responsable.