Asturias destina 8,4 millones a vivienda pública para lesbianas mayores de 55 años
El Principado de Asturias, gobernado por el socialista Adrián Barbón, ha reservado 8,4 millones de euros en los presupuestos de 2026 para facilitar vivienda pública a un colectivo muy concreto: lesbianas de más de 55 años. La partida, gestionada por la Consejería de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Derechos Ciudadanos que dirige el líder de IU Ovidio Zapico, supone un incremento de más del 1.000% en gasto «ideológico» en solo dos años, según algunas críticas.
La medida, que pretende abordar un nicho de vulnerabilidad dentro del colectivo LGTBI+, ha despertado dudas incluso entre sus potenciales beneficiarias. La principal: ¿cómo se acredita la condición de lesbiana sin caer en un control administrativo absurdo o en el fraude de ley? Con la ley de autodeterminación de género, cualquier persona puede inscribirse como mujer en el registro civil, y si además declara su orientación sexual, ¿qué impide a un hombre declararse lesbiana para acceder a una vivienda tasada? Los defensores del programa sostienen que se trata de una discriminación positiva necesaria; los detractores, que es un gasto ideológico sin criterios claros que discrimina al resto de ciudadanos.
El problema de la definición y la ejecución
Más allá del debate político, el diseño de la política choca con la realidad burocrática. Para evitar el fraude, se necesitaría un sistema de verificación que podría vulnerar la intimidad o resultar inaplicable. ¿Se exigirá una declaración jurada, un empadronamiento conjunto, testigos? Sin una definición operativa de «lesbiana», la medida corre el riesgo de convertirse en uncheque en blanco o en una fuente de litigios. El Principado no ha detallado aún los mecanismos de control, lo que alimenta las sospechas de que el anuncio responde más a la lógica de la subvención identitaria que a un plan de vivienda serio.
Con estos mimbres, la pregunta que flota en el ambiente es si los 8,4 millones se traducirán en viviendas reales para personas mayores en riesgo de exclusión o si se evaporarán en un laberinto administrativo. La respuesta la dará la ejecución presupuestaria, pero el escepticismo está justificado.