Trabajó 98 años y se jubiló a los 105: la lección de Shigeshio Izumi
Shigeshio Izumi trabajó 98 años seguidos. Nació en 1870, empezó a ayudar en el campo con 7 años y se jubiló a los 105. La historia, rescatada como ejemplo de resistencia rural, tiene algo de epopeya y mucho de pesadilla para cualquier asalariado moderno.
El marco es la era Meiji: Japón se abría al mundo entre trenes y aviones, mientras él seguía con su arado y su remolacha. La épica es evidente, pero no hay que olvidar que no fue una elección: fue su vida, probablemente sin alternativa.
Los comentarios sobre el caso van del respeto a la guasa. Unos subrayan que «sí que cotizó» a la seguridad social; otros, que no se le quedó buena cara de tanto trabajar. También hay lectura ecológica: cultivaba, comía y devolvía al suelo los nutrientes para la siguiente cosecha. Economía circular avant la lettre.
La longevidad alimenta mitos. Se dice que en el campo japonés se superan los 100 años mientras en la ciudad apenas se llega a los 40. Exageración aparte, el mensaje es que el trabajo agrícola se asocia a vidas más largas. O eso quieren creer los que esperan una pensión con 67.
¿Hay que tomar a Izumi como ideal? Depende de la lente. Quien reivindique su resistencia debería preguntarse cuánto fue voluntaria. Y quien le vea como visionario de la jubilación a los 105, que recuerde el chascarrillo: todavía hoy lo encontrarán en un bazar de Soria. Casi mejor jubilarse antes.