El laberinto imposible: cuando el dinero ya no es más que una unidad de cuenta
El principio es simple: suplir deuda con más deuda. No hay punto de equilibrio. Y lo más inquietante, según se plantea en el debate, es que el monetarismo clásico, ese que asociaba la masa monetaria a la inflación, ha muerto. Lo que queda es un «absolutismo contable» donde, según un participante, cualquier cantidad de dinero es óptima, siempre que no varíe. Un laberinto del que, según se sostiene, solo los metales podrían salvarnos, aunque también sean vistos como una esclavitud.
La discusión arranca con una tesis incómoda: el sistema ha enterrado la sensibilidad escolástica sobre la pureza del dinero metálico. Se ha impuesto la lógica bancaria y la velocidad del dinero. No importa cuánto dinero haya, porque los precios se ajustan de forma proporcional. Pero esa aparente neutralidad esconde una trampa, según se argumenta: el dinero como unidad de cuenta no es neutral. En euros, la inflación acumulada entre 2017 y la actualidad alcanza el 95%, mientras que en Bitcoin la deflación es masiva, entre el -92% y el -96%. La herramienta monetaria es, por tanto, un instrumento político de control social.
El problema no tiene solución física con un dinero en monopolio
A lo largo de la discusión se impone una conclusión amarga: no existe una solución física al problema del dinero. Si usas metales, tienes buena relación con el efecto Cantillon, pero persisten dos problemas inevitables: la falta de crédito y experimentación, y las crisis cada 10-15 años por malas asignaciones de capital. Si usas dinero fiat, machacas a Cantillon, pero puedes dar crédito y experimentación a costa de anular la razón y el derecho de propiedad. También te comes crisis cada cierto tiempo. Y no hay otra opción física con un dinero en monopolio.
La paradoja se agudiza cuando se analiza la fórmula MV = PQ. Si se pretende compensar masa monetaria con producción, se está afirmando que la cantidad de dinero importa, pero se diluye la responsabilidad de quien lo emite. El monetarismo se pierde en la velocidad del dinero y la producción como factores clave. Lo que afecta a las sociedades no es la cantidad, sino que esta varíe. Y esa variación es la que permite la redistribución silenciosa de riqueza.
El jubileo bíblico y la deuda que nunca se condona
Se rescata el capítulo 25 del Levítico como ejemplo de un sistema que sí contemplaba la condonación de deudas. El jubileo implicaba la liberación de esclavos por deudas y la restauración de la tierra a sus familias originales. Un mecanismo que hoy resulta impensable. La objeción es inmediata: aquello solo aplicaba entre los integrantes de la religión, no a una humanidad enmarañada en una red fiat global. Y la ejecución de la norma siempre quedó a merced de la voluble naturaleza humana.
La discusión deriva hacia la geopolítica monetaria. El euro se presenta como una moneda diseñada para proteger los intereses de los exportadores alemanes, abaratando su producción en la Unión y en los mercados mundiales. Sin el euro, la economía alemana tendría que reestructurarse hacia servicios y consumo, lo que provocaría problemas en su economía política. La sobreproducción alemana es un problema histórico europeo.
China, el control social y la transición hacia la CBDC
El modelo chino se perfila como el laboratorio de lo que podría venir: deflación con hiper-control del sistema. La digitalización de la vida a través del móvil ya está en marcha a nivel europeo, según se relata. Se habla de un proceso de «digitalizar» tu vida a través del móvil, con expertos en legislación de documento electrónico trabajando en ello desde hace años. La elección de Trump podría haber detenido el proceso temporalmente, pero la maquinaria sigue engrasada.
La transición amable hacia una CBDC se presenta como una vía para conjugar control social con flujo de deuda. Pero surgen interrogantes: ¿cómo se aplica de manera amable en todos los países a la vez? ¿Qué pasa con el rol hegemónico de Estados Unidos? La vía mala, el reset mediante guerra, apunta a China/Taiwán como posible detonante. El aguante ruso también entra en la ecuación.
La condición humana y la mentira como sistema
Hay quien sostiene que no son contradicciones, sino mentiras. Cada vez que se descubre la mentira, se interpreta como contradicción para no reconocer que se ha sido engañado. El sesgo de autoridad permite que algunos mientan descaradamente y seamos incapaces de relacionarlo. Cuando descubren ese poder, ya no tienen otro límite que el físico.
El acceso prioritario a la deuda y el dinero es un privilegio que otorga poder. Poder para influir en los estados democráticos o autoritarios de tal forma que estos nunca van a permitir una quiebra real. Ya se vio en 2008. Esa gente, capaz de influir en los estados para dirigir sus acciones hacia sus intereses y recibir de forma prioritaria la liquidez, son las oligarquías. No élites, porque elite indicaría algún tipo de excelencia aparte del dinero.
La salida tecnológica y el fin del monopolio monetario
La tecnología, por primera vez, permite terminar con el monopolio monetario gubernamental. La transición es urgente para evitar más desastres. La inflación es un impuesto oculto, y con la mayoría de gobiernos despilfarrando, es sencillo deducir que es deliberado. Necesitan la inflación sí o sí. El mandato de estabilidad monetaria de los bancos centrales siempre acaba cediendo a la presión política; no son instituciones independientes, sino el brazo ejecutor.
La gráfica con el cafelito incluido es más cercana a la realidad: un café que costaba 1 euro ahora anda por los 2. La pérdida de valor adquisitivo real del euro es del 95% en 10 años. Cualquiera lo nota en su poder de adquisición: si bien sigue accediendo a la comida, ya ni sueña con adquirir coches o viviendas. La degradación es lenta pero constante.
El reset que nadie sabe cómo reventará
Se habla mucho de un reset o una
crisis de deuda, pero nadie sabe cómo podría reventar ni depurarse. Parecemos sumidos en cierto paradigma normalizado. Se puede uno volver loco pensando en las variables. La conclusión más repetida es que no va a pasar nada de momento, solo una lenta degradación hasta el estallido final del dinero/deuda. El reset se ejecutará cuando toque, probablemente por la calle de en medio.
Mientras tanto, la sociedad civil no va a cambiar nada porque, según se argumenta, el 90% son imbéciles y desorganizados a partes iguales. Solo un acontecimiento radical como una guerra mundial o una invasión extraterrestre cambiaría la sociedad y sus mecanismos de funcionamiento. El pesimismo es la nota dominante.
La predicción con reservas es que la transición hacia un sistema de control total será gradual, con la CBDC como herramienta y la inflación como impuesto silencioso. Pero nadie sabe cuándo se romperá el equilibrio. El laberinto sigue sin salida conocida.