El BCE abre la puerta a disparar la deuda en Europa
¿De verdad hace falta más deuda para competir con China y Estados Unidos? La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, defendió este miércoles ante la comisión de Economía y Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo la emisión de deuda común en la Unión Europea para financiar inversiones conjuntas «bien definidas». El objetivo, según sus palabras, es recortar la brecha que separa a los Veintisiete de las dos grandes potencias y aprovechar economías de escala. La cifra que sobrevuela el debate no es menor: el informe Draghi estima que hace falta una inversión masiva de 5 puntos del PIB al año hasta alcanzar los niveles de los años 60 y 70, es decir, unos 800.000 millones anuales. Más de dos veces el Plan Marshall.
Lagarde insiste en que Europa es más grande que sus componentes y que unas inversiones conjuntas bien definidas impulsarían el crecimiento potencial y contribuirían a la estabilidad macroeconómica. También enviarían, dice, una señal de unidad a los inversores privados. El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, ya había planteado iniciativas de gasto común para financiar proyectos innovadores, y el gobernador del Banco de Italia, Fabio Panetta, aseguraba este martes en el 20 Foro de Diálogo España-Italia que la UE necesita deuda común para seguir siendo competitiva. La institución, pues, no improvisa: lleva tiempo empujando en esa dirección.
Qué dice el informe Draghi sobre la inversión europea
El documento que el ex primer ministro italiano Mario Draghi elaboró a petición de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, es la base sobre la que se asienta el discurso. En él se propone financiar estas necesidades mediante la emisión de más deuda conjunta. El problema es que países tradicionalmente más frugales como Alemania o Países Bajos ya lo han rechazado de forma tajante. La brecha entre el discurso de Fráncfort y la realidad política de las capitales no es un detalle menor: sin el visto bueno de los contribuyentes netos, cualquier eurobono nace cojo.
Lagarde también alertó de que el alto grado de apertura comercial y de integración en las cadenas de suministro mundiales hace que la zona del euro sea vulnerable a las perturbaciones exteriores, y que las posibles barreras comerciales suponen una amenaza para la industria y la inversión. Las perspectivas económicas a medio plazo son inciertas, el contexto geopolítico presenta riesgos elevados y las amenazas para el comercio internacional son crecientes. Con ese panorama, la pregunta es si la respuesta correcta es más gasto público o menos.
El argumento de que la deuda ya no es un problema cuando la pide el norte
La discusión derivó rápidamente hacia un asunto incómodo: la asimetría con la que se juzga el endeudamiento según quién lo pida. Durante los años de la crisis, a los países del sur se les impuso austeridad, reconversión industrial y cierres de plantas ineficientes. Ahora que los afectados son Alemania y Francia, hay quien sostiene que se habla de barra libre de euros. La frase que resume ese malestar es que los países frugales también pueden ser rescatados cuando les conviene. Hay quien sostiene que las reglas del mercado y la disciplina fiscal eran un traje a medida para unos y una camisa de fuerza para otros.
El cálculo más optimista asume que la mutualización de deuda permitiría financiar proyectos que ningún Estado podría abordar en solitario. El escenario pesimista parte de otra base: que los intereses de esos eurobonos acabarán engordando los balances de fondos extranjeros mientras el contribuyente europeo paga la factura. La discusión sobre si esto es competir o simplemente emitir deuda para sostener el gasto corriente no está cerrada en ninguna de las dos trincheras.
Inflación, impresora y el mandato del BCE
El otro gran frente es monetario. La función del BCE es mantener el precio del dinero, es decir, controlar la inflación. Varios análisis señalan que una nueva ronda de emisión iría en dirección contraria a ese mandato, con el riesgo de que el ahorro en euros pierda poder de compra y de que la desigualdad entre los que pueden refugiarse en activos reales y los que no se amplíe. La receta que se repite es la contraria: reducir deuda, reducir gasto público, bajar impuestos y eliminar trabas administrativas para atraer inversión. La inversión, sostienen, vendría sola.
El precedente histórico que se cita es el de los bonos MEFO alemanes, un instrumento de deuda paralela que se emitió sin control y que acabó formando una divisa al margen del marco. La lección que se extrae es que a los políticos les gusta gastar y endeudarse sin límites, y que la impresora no distingue entre proyectos productivos y agujeros que tapar. La duda que queda flotando es si el BCE está dispuesto a cruzar esa línea o solo a insinuarla.
Qué puede pasar ahora con la deuda común europea
El estado del asunto es el siguiente: el BCE ha abierto la puerta, el informe Draghi pone las cifras y Alemania y Países Bajos han cerrado la puerta de momento. No hay acuerdo ni calendario. Lo que sí hay es una corriente de fondo que empuja hacia la mutualización cada vez que la coyuntura aprieta, y una resistencia política que se debilita cuando los problemas llegan al norte. La pregunta que nadie responde del todo es qué pasa si la deuda se emite igualmente y los que la rechazan acaban beneficiándose de ella. Ironía seca: siempre nos quedará el oro.