Del +14% al 60% de drawdown: el sistema que se ahogó en el MDAX
Un sistema de trading que se presentó con un 40% de aciertos, bajo drawdown y la promesa de apalancarse con tranquilidad acabó devorado por su propia estadística. En pocos meses de operativa real sobre el índice alemán MDAX, la curva de capital pasó de 5.000 € a un
máximo del +14,60% y de ahí a un drawdown del 60% que su propio autor dio por irremediable. No hubo hackeo ni promesa fantasma: hubo una tabla de operaciones publicada día a día, con comisiones, spread y financiación incluidos. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en un caso incómodo para cualquiera que esté pensando en comprar un sistema automático.
Cómo funcionaba el sistema: entradas por stoploss y trailing
La mecánica era de una sencillez casi insultante: actuar sobre las velas diarias del MDAX, estar siempre en mercado —largo o corto— y girar la posición cuando saltaba el stoploss.
Trailing stop para acompañar la tendencia, órdenes publicadas la noche anterior y ejecución al día siguiente. El vehículo eran CFDs, aunque el autor recordaba que también se podía replicar con ETFs o futuros.
El detalle que conviene no perder de vista es el apalancamiento. Con un capital de partida de 5.000 €,
120 puntos de pérdida en el índice equivalían al 2,4% del capital. Es decir, movimientos que en el índice son calderilla se traducen en porcentajes de dos dígitos dentro de la cuenta. El spread declarado era de 15 puntos y la financiación, de un 3%.
La estadística del backtesting sonaba razonable: bajo drawdown, un profit factor aceptable, un recovery factor bueno y un porcentaje de aciertos en torno al 40%. Ni promesas de hacerse rico ni curvas imposibles. Sobre el papel, un sistema decente.
¿Por qué la curva pasó de 5.000 € a máximos y luego al agujero?
La tabla de capital cuenta la película entera. El 9 de febrero de 2015 la cuenta arranca en 5.000 €. Al día siguiente, 4.884 €. A mediados de mes, 5.141 €. El 3 de marzo, 5.475 €. El 5 de marzo, 5.519 €. En diez días de operativa el sistema había sumado
418 € sobre el capital inicial. El 16 de marzo se marcaban nuevos máximos de la curva, con un +14,60% acumulado, y el autor lo atribuía a la fuerza del índice alemán.
Después llegó la resaca. El 30 de marzo la cuenta bajaba a 4.770 €, un -4,60%. En abril rebotaba a 5.480 €. En mayo el sistema se declaraba en cuarentena con un drawdown del 40% y las órdenes se seguían publicando pero ya no se ejecutaban. El cuadro final, ya sin ambigüedad, fue un
drawdown del 60% y el reconocimiento de que el sistema había dejado de funcionar.
Hay quien sostiene que todo sistema tiene una vida útil y que reconocer su muerte es parte del oficio. En contra pesa un argumento más frío: si la estrategia empezó a perder justo al salir del periodo con el que se diseñó, quizá nunca funcionó por las razones que su autor creía.
¿Sobreoptimización o simple mala racha?
Aquí está el núcleo del asunto. La acusación más repetida fue la de
curve-fitting: haber ajustado el sistema a un tramo histórico concreto y lanzarlo después a ciegas. El propio autor admitía el peligro de la sobreoptimización, aunque defendía que su sistema no estaba optimizado y que la explicación más probable era que hubiera agotado su vida útil. Las dos lecturas son compatibles con los datos.
La discusión derivó hacia algo más práctico: si el sistema fallaba porque el mercado había cambiado o porque nunca tuvo ventaja real. Sin una muestra larga de operaciones en cuenta real, la pregunta se queda sin respuesta. Y esa incertidumbre es exactamente la que se come a quien confía su dinero a una tabla de backtesting.
Operar al revés: la teoría del rebaño que gana a los sistemas
La ocurrencia más repetida fue sencilla: si el sistema perdía, bastaría con hacer lo contrario, hasta el último detalle. La tesis de fondo es conocida —mayoría de cuentas perdedoras, brokers que podrían beneficiarse de la contraposición— y tiene un problema evidente: no siempre funciona, porque el enemigo no es la dirección sino el coste.
La explicación más lúcida que apareció en la conversación señala que hay sistemas que pierden en ambas direcciones, y que la causa suelen ser las comisiones o el propio producto. Se puso el ejemplo de las opciones, donde la misma estrategia pierde si hay poca volatilidad y gana si hay mucha, y el de la ruleta de casino, donde la ventaja matemática de la banca hace que cualquier sistema pierda da igual cómo se gire.
Con eso en mente, el experimento de operar invertido no es tan gratis como suena: el spread y la financiación se pagan igual, se acierte o no.
El saldo del episodio no es el de un fraude, sino el de un sistema honesto que se quedó sin ventaja. Quedan las cifras, la tabla completa de operaciones y una lección barata: un backtesting bueno dice muy poco sobre lo que hará el sistema en la siguiente racha. Si el autor vuelve a publicar una curva así, la pregunta útil no será cuánto gana en el simulador, sino cuánto tarda en dejar de funcionar cuando el mercado cambie de humor.