Autosuficiencia: de hobby a necesidad cuando el sistema empuja a la huida
En Palencia, un salario bruto de 70.000€ genera más capacidad de ahorro que 90.000€ en Madrid. El diferencial no es marginal: ronda los 3.000€ mensuales para una familia con vivienda y colegio. Mientras los grandes titulares hablan de crecimiento, la realidad es que cada vez más ciudadanos consideran que la autosuficiencia no es un hobby de fin de semana, sino una necesidad imperiosa para sobrevivir a la próxima crisis.
El sentimiento de traición al sistema
El español medio se siente traicionado. No es una sensación, es un dato que emerge de los análisis: se legisla para que el de fuera esté más cómodo, mientras los de dentro son abandonados. El sistema actual no premia al que paga impuestos y cumple, sino al que monta el chiringuito subvencionado. Se grava la propiedad, el ahorro, el consumo, mientras se regalan servicios financiados por los mismos contribuyentes. La división entre "merecedores" y "explotables" es cada vez más nítida. Y los que pagan la factura, los Pacos y las Charos de toda la vida, están en el segundo grupo.
Las medidas prácticas: baterías, búnkeres y túneles
Ante esta realidad, algunos han empezado a tomar medidas discretas. Tener dos baterías de energía y un búnker ya no es excentricidad. En una parcela, se han excavado 67 metros de túnel. La filosofía es clara: reducir deuda, mantener liquidez, almacenar básicos, depender menos de la red energética y aprender a resolver averías sin pasar por caja. La autosuficiencia de verdad no empieza en el refugio, empieza mucho antes: en la capacidad de prescindir del sistema en lo crítico.
¿Autosuficiencia individual o colectiva?
Sin embargo, hay quien sostiene que la autosuficiencia individual es una fantasía para la mayoría. Sin una red de confianza, el que tiene recursos se convierte en objetivo de saqueos. La única autosuficiencia viable sería la colectiva, basada en asambleas soberanas y propiedad comunal, pero eso implica derribar el Estado y el capitalismo. Otros apuntan que incluso con gallinas y conejos, la supervivencia masiva es imposible sin acceso a fertilizantes, fitosanitarios y circuitos de distribución. El debate se polariza entre los que creen en el repliegue individual y los que abogan por una transformación social radical.
El límite de la autosuficiencia en un mundo interconectado
La realidad es que el sistema ya genera un excedente humano. La automatización y la deslocalización han hecho que muchos no sean necesarios para el engranaje económico. La población no puede crecer indefinidamente, y las élites no tienen interés en que la gente abandone las ciudades, porque de las transacciones urbanas sacan su rédito. El porcentaje de población que logrará una autosuficiencia real será mínimo, quizá el 0,1%. Mientras, las terrazas siguen llenas y los viajes a Bali se multiplican. El español medio, acomodado, no se levantará hasta que toquen su casa o a su familia.
La pregunta que queda abierta es si la autosuficiencia es una solución realista para la mayoría o un lujo de unos pocos. Mientras tanto, los túneles siguen cavándose.
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